Ataraxia

A Coro las tetas le cuelgan lo suficiente para haber dejado de sufrir buscando la vida perfecta plena de éxito.

Para empezar, ha optado por prescindir de placeres absolutamente innecesarios como irse sin pagar de la cafetería donde desayuna cada mañana o despertar la envidia de sus vecinas presumiendo de su último novio. Puro epicúreo.

Por otra parte, Coro, que solía defender sus ideas con pasión, ha elegido callar en las habituales tertulias políticas, convencida de lo absurdo del argumentarlo de los unos y los otros. Puro escepticismo.

Pero en esta nueva vida suya tan de escuela filosófica griega, lo más importante es que ha decidido convertirse al estoicismo. No ha sido fácil, pero el martes obtuvo la prueba definitiva de que lo ha conseguido. Fue bien tempranito y delante del nuevo supervisor. Aguantó la enésima bronca sin rechistar y, lo mejor, sin que ninguna de las palabras que el individuo disparaba le afectasen al ánimo lo más mínimo. Para asegurarse de su éxito, llamó a su padre y observó atenta cómo su enésimo reproche y falta de cariño la dejaban exactamente igual.

Los griegos creían que sólo alcanzando la imperturbabilidad del espíritu se conseguía la felicidad. Llamaban a aquello ataraxia. Coro, que además de tener las tetas caídas es algo menos leída, resume su nueva vida como la era en la que todo sencillamente le resbala.

Y dejando de buscar su vida perfecta se ha tropezado con la felicidad.

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21 de febrero de 2015 - 09:12 h
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