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ENTREVISTA

Víctor Manuel: “No hay ninguna razón para tirar la toalla; el mundo avanza y es mejor”

Víctor Manuel.

Juan Velasco

10 de febrero de 2026 20:04 h

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Víctor Manuel sigue siendo un corazón tendido al sol. El cantante, que vuelve a la carretera a los 78 años, y que lo hace con nuevas canciones, asegura que, en el ocaso de su tiempo, mantiene la misma curiosidad por la música, la vida y la política, así como una mirada lúcida —y nada complaciente— sobre el periodo que le ha tocado vivir. Con un concierto previsto en Córdoba para el sábado 25 de abril, el cantautor asturiano mantiene una relajada charla con este periódico en la que reivindica el escenario como espacio de conversación con el presente, incluso cuando sabe que el público prefiere refugiarse en la memoria y en las canciones ya aprendidas de memoria.

El autor de Un hombre solo, Solo pienso en ti o La puerta de Alcalá, además, reflexiona sobre la soledad, el desamor como motor creativo y la necesidad de seguir escribiendo para entender lo que ocurre a su alrededor: la política, el desgaste democrático, el ruido constante de una época dominada por algoritmos y consignas rápidas. Eso sí, frente al desencanto, Víctor Manuel defiende un optimismoheredero de su militancia comunista, y de la convicción de que la historia avanza, aunque lo haga a trompicones.

Crítico con la nostalgia de un pasado idealizado que muchos no vivieron, incómodo con el paternalismo hacia los jóvenes y molesto con un circuito musical cada vez más concentrado en las grandes capitales, el artista se reafirma en una idea sencilla y casi subversiva: seguir cantando, guitarra en mano, pueblo a pueblo, es todavía una forma de resistencia.

Me molesta el paternalismo: no creo que los jóvenes sean todos en derechas

PREGUNTA (P.) ¿Qué te mueve a salir de gira con setenta y ocho años otra vez?

RESPUESTA (R.) Pues mira, la verdad es que siempre digo que yo canto porque escribo canciones, y si escribo canciones, lo que quiero es que las conozca la gente, mínimamente. Eso es lo que me motiva a ponerme en carretera. Aparte de mi repertorio habitual, del que no puedo prescindir, siempre quiero contar lo que está pasando, lo que me está pasando a mí y lo que pasa alrededor mío también. Saco un disco nuevo y, por tanto, quiero cantarles alguna canción a la gente, aunque es lo que menos les gusta, que les estrenes canciones. La mayor ovación que me daban en una gira que se llamaba La vida en canciones era cuando explicaba al principio de cada concierto que que no iba a estrenar ninguna canción. Y me daban un aplauso de cojones.

P. La gente quiere escuchar lo que ya tiene en su disco duro. A ti, sin embargo, me da la impresión de que todavía te gusta descubrir cosas nuevas.

R. Hombre, es que si no, joder, ya no escribiría más canciones. Y sigo escribiendo muchas canciones todavía, y tengo ganas de contarlo. Cuando toco Déjame, por Dios, que coja aire, estoy hablando de ellos, de los que están sentados en el patio de butacas, estoy hablando de mí, del país, del cansancio que nos produce a veces cierta clase política. Todo eso quiero contarlo.

P. ¿Te imaginabas envejeciendo sobre un escenario cuando empezaste?

R. Qué va, para nada. En mi tiempo no se podía pensar en esto. Bueno, sí, veías cantar a Machín, que ya era muy viejo cuando yo iba a verlo, pero era como una excepción. El recorrido que uno tenía en la cabeza era: tenías un poco de éxito, ganabas algunas pesetas y ponías una cafetería o un concesionario de coches y lo dejabas. Eso era lo que veíamos en la gente alrededor. Después se fue consolidando una clase artística que venía para quedarse, con intención de que esto no fuese algo provisional, sino una carrera de fondo. A ese carro me he sumado yo y por eso estoy, a esta edad provecta, cantando.

P. La soledad vuelve a ser parte de este cancionero, en el disco y en la gira. ¿Sigues siendo un hombre solo, como en aquella canción?

R. Sí. Estas Navidades, como sobra mucho tiempo, estuve revisando cosas. Yo nunca me escucho: me escucho unos días cuando acabo de grabar el disco y ya nunca más, porque empiezas a encontrar defectos a todo. Volví a escuchar Un hombre solo y pensé: joder, cómo andaba yo en el año setenta y uno. Encontrar esa canción, entre otras, me llevó a un apartado en los conciertos que se llama Canciones desgraciadas, que son canciones a las que no les importa nadie, pero a mí sí me gustan. Me hice una lista en Spotify y ya voy por noventa y tantas, de toda la discografía. Canciones que me parecen buenas, pero que en su momento no interesaron mucho a la gente. Y una de ellas es Un hombre solo.

P. Se dice que el amor es el motor de muchas canciones pop, pero la gasolina desde luego es el desamor.

R. Sí, hombre, cualquiera que se dedique a esto te dirá que el desamor es más fructífero que el amor optimista y de colorines. Para eso ya está Íñigo Quintero. Generalmente, lo que produce muy buenas canciones es el desamor.

Me jode muchísimo que la gente tenga que ir obligatoriamente a una gran capital para ver a Bruce Springsteen

P. ¿Sigues dejando la sangre en el papel? ¿Cómo te afecta el bloqueo creativo?

R. Sí, me afecta muchísimo. Soy muy sensible al ruido ambiente, y en este círculo que se llama M-30 de Madrid es todo muy infeccioso. Sales respirando por la herida todo el tiempo y lo que te sale, forzosamente, son canciones de actualidad, del día a día prácticamente.

P. En esa canción de la que hablamos, escribiste uno de los versos más bonitos de la música en español: “Soy un corazón tendido al sol”. ¿Sigues sintiéndote así?

R. Sí. Esa frase viene de que yo soy un optimista histórico. Un tío que ha militado en el PCE tiene que serlo por fuerza. O te vas a la mierda y desapareces, o tiras para adelante con los elementos que puedas. Yo siempre he tirado para adelante. Me pongo nervioso con la gente que se alarma por Trump y todo este desastre: todo esto pasará. Recordad la cantidad de hijos de puta que están en el cementerio, muertos y olvidados. Estas cosas, cuando las padecemos, son muy jodidas y dejan poso, pero pasan. Soy un corazón tendido al sol es una canción optimista: desde la derrota, aun siendo un pobre diablo, puedo caminar, escribir una canción, enamorarme. Eso no lo he perdido nunca.

P. La historia es un presente continuo y avanza a trancas y barrancas.

R. Claro. Y además, es que vivimos en un mundo infinitamente mejor que el que hemos conocido los que tenemos una cierta edad. No hay ninguna razón para tirar la toalla. Dentro de las desigualdades brutales que hay, las bolsas de pobreza se van reduciendo y la educación va creciendo un poquito en cada sitio. El mundo avanza y es mejor. Como digo en una canción, hemos avanzado más en 100 años que en los 2.000 anteriores.

Víctor Manuel.

Cualquiera que se dedique a esto te dirá que el desamor es más fructífero que el amor optimista y de colorines

P. En “Déjame por Dios que coja aire”, usted hace casi suya la máxima de Leonard Cohen sobre saber dónde estar viendo quién está enfrente.

R. Mira, la primera canción desencantada que escribí con la democracia, que no era desencantada, es del año 78. Estábamos votando la Constitución nueva y yo decía en La esperanza: “Que no cese la esperanza acorralada, con un voto no cambiamos casi nada”. Efectivamente, con un voto no cambiamos casi nada, pero sin votar no se cambia nada. La otra alternativa es infinitamente peor que votar y ver cómo mejoran las cosas a tu alrededor con pequeños avances. Si no hubiésemos votado, este país sería el país de Franco. Nuestros padres decidieron ir a votar y darnos ese pequeño margen de esperanza, y vamos mejorando.

P. Y eso a pesar de que los “atrasistas” tienen ahora muy buena prensa.

R. Sí, pero son ciclos y todo pasará. Cuando alguien tiene nostalgia de lo que no vivió y de lo que no conoció, a mí me resulta “admirable”. Pensar que hace 50 años se vivía mejor que ahora... Habría que cogerles uno por uno y decirles: “Mira, te podía pasar esto, esto y esto”. Les pones la retahíla y se borran ellos solos.

P. Lo difícil es convencer hoy, quizá.

R. Es muy difícil porque enfrente hay unos medios poderosísimos. Las redes son la parte más infecciosa de la sociedad y también lo que nos permite estar informados plenamente si lo necesitas. Pero es un freno terrible. También creo que esta gente que todo lo pone en duda ya existían. Lo que pasa es que no hay memoria. No hace tanto que hubo un alcalde que dejó una deuda de 12.000 millones de pesetas en Marbella que se llamaba Jesús Gil y alguien lo votó. Parece que ya no se acuerdan de él. Deberíamos tener una mínima memoria para cuando vemos esos estragos que hacen las redes. Las redes son la barra del bar, pero con barra libre y millones de personas detrás.

P. ¿Usted qué aprende de los jóvenes cuando está con ellos?

R. Cuando se hacen estas encuestas, normalmente me parecen muy parciales. Creo que hay jóvenes de derechas vocacionalmente, pero hay muchísima gente que no está en eso. Yo no creo que toda la gente joven sea de derechas para nada. Hay muchísima gente regalando su tiempo y energía en ONGs y trabajos sociales. Y, por otro lado, me molesta la cosa paternalista de la gente de mi edad. Eso de “¿qué mundo les vamos a dejar?”. Pero, ¿qué mierda nos dejaron a nosotros nuestros padres? La que pudieron dejarnos, que ni siquiera podían intervenir. Bueno, ahora podemos darles educación y orientación. O sea, hay una serie de cosas que están al alcance de nuestra mano.

P. ¿Sigue siendo la música poderosa en estos tiempos de algoritmos?

R. Es muy poderosa, lo que pasa es que el algoritmo te empuja hacia cada cosa... Siempre pongo el ejemplo de Pandora, que es una plataforma que había en Estados Unidos hace muchos años. Y recuerdo que me enganché escuchando a Neil Young o James Taylor. Pues el algoritmo me mandó de regreso a Julio Iglesias. Ahí algo funciona mal. Te invitan todo el tiempo a que escuches lo ya súper escuchado. Nadie te recomienda a alguien marginal o interesante. No hay cabeza, solo números, y los números te llevan a un sitio nada más.

P. El otro día un joven cantautor me decía que quizá la gente está ya tan harta de los móviles que ver a un tío con una guitarra en un escenario ya es algo subversivo.

R. Sí, eso es muy exótico ahora. Un tío que tenga los santos cojones de plantarse en un escenario a cantar música alternativa con la guitarra es revolucionario. Eso acabará impregnándose en la sociedad y llegaremos a verlo.

P. Este año se cumplen 30 años de El gusto es nuestro, que fue un hito de la industria musical en España. Ya celebraron el 20 aniversario, pero ¿se plantean hacer un concierto conjunto, aunque sea uno?

R. La verdad es que no está en los planes de nadie. Aunque estoy seguro de que si invito a Miguel, a Ana y a Joan Manuel, uno por lo menos haríamos

(Sobre Trump) Todo esto pasará; recordad la cantidad de hijos de puta que están en el cementerio, muertos y olvidados

P. Iba a haber tortas por ir. 

R. Hombre, son cuatro repertorios potentísimos y músicas que están en la cabeza de la gente; seguro que tendría audiencia.

P. ¿Hace diez años pensaban que iban a estar los cuatro en activo?

R. Sí. Joan ya se ha retirado, aunque con la boquita pequeña dice que no le importaría cantar de vez en cuando. Ojalá, porque yo creo que Joan tenía cuerda para más rato, pero quién sabe lo que pasa en la cabeza de los demás. Ahí está Miguel con disco nuevo, Ana acaba de terminar su gira y yo a punto de empezar una, manejando el repertorio y recuperando canciones que hace años que no canto.

P. El mundo de las giras sí que ha cambiado. Yo era un niño cuando usted y Ana Belén dieron un concierto para 10.000 personas en La Rambla, un pueblo de La Campiña. No sé si había en ustedes un empeño casi lorquiano en llevar la música por todos los pueblos de España, porque ahora las giras están muy capitalizadas en las grandes ciudades.

R. Sí, le dimos la vuelta a todo. Era otra época y no había las facilidades de ahora para viajar. España está hoy mucho mejor comunicada y mira, me jode muchísimo que la gente tenga que ir obligatoriamente a una gran capital para ver a Bruce Springsteen o a quien sea. Eso empobrece el circuito. Se hace caja para el artista y los managers, pero los músicos y técnicos al día siguiente se tienen que dedicar a otra cosa. Lo entiendo en artistas internacionales, pero en los nacionales me gusta ir a cada sitio y hacer la convocatoria a mano: hoy en Córdoba y mañana en Zaragoza.

Me asombra que haya quien sienta nostalgia de algo que no vivió

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