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Sobre una hermosa carta desde el más allá

El periodista y escritor Carlos Hernández

Alfonso Jiménez

10 de febrero de 2026 20:04 h

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Me siento muy dolido tras leer la noticia: hace unos días, el 3 de este febrero borrascoso, murió de cáncer a los 56 años de edad, Carlos Hernández, periodista de eldiario.es. Y confieso que yo, aunque estoy suscrito a este digital desde su fundación, no me explico por qué se me escaparon sus buenos artículos durante años. Puede ser debido a que sus trabajos no ocupaban las páginas preferentes que suelen llenar Ignacio Escolar, Neus Tomás, Andrés Gil, Juan Luis Sánchez, Esther Palomera, Sáenz de Ugarte, Laura Olías, Pedro Águeda, José Precedo y varios más que siguen haciendo buen periodismo “a pesar de todo”.

 También me siento avergonzado. A Carlos Hernández solo le he podido conocer por su “Carta desde el más allá”, que la dejó escrita para que fuese publicada en eldiario.es tras su muerte. Pero me ha bastado leer su contenido para darme cuenta de que era un periodista fuera de serie. Y ahora voy a reseñar algunos de sus méritos que yo desconocía al igual que muchos lectores.

1.-Su CV abreviado.- Nació en Madrid. Fue periodista y escritor. Cronista parlamentario y corresponsal de guerra en Kosovo, Palestina, Afganistán e Irak. Premio Víctor de la Serna al mejor periodista de 2003 y Premo Ortega y Gaset de periodismo otorgado a los enviados especiales a Irak. Autor de los libros: “Los últimos españoles de Mauthausen” y “ Los campos de concentración de Franco”. Su última obra es la novela “¡Créeme! No es una novela, Es vuestro futuro”.

2.-Su fortuna.- Nos dice que se ha sentido afortunado por haber nacido en un país europeo y, tras el franquismo, vivir en una democracia y por haber crecido en una familia humilde donde le enseñaron valores de honradez y esfuerzo. Pero se nubla su suerte viendo lo ocurrido en Africa, Ucrania, Gaza e Irán; aunque tampoco puede comprender que la comunidad internacional haya estado impasible mientras Israel comete un genocidio sobre Gaza transmitido en directo.

3.- El buen periodismo.- Decidió ser periodista porque creía que informando con rigor y honestidad se podía mejorar el mundo. “Nunca he mentido, ni manipulado ni ocultado información”. Vaya lección. Ser periodista, escribe, no es contar la versión de ambas partes (agresor y agredido, víctima y verdugo), sin plantearse la veracidad de las mismas, o lo que es peor y más frecuente, sabiendo que una de ellas es incierta. Hay que ser buena persona y actuar con ética profesional.

4.- El mal periodismo.- A los periodistas e informadores que no actúan con la verdad los llama “mercenarios de la información” y les reprocha: ¿os compensa el dinero y/o la fama que ganáis a cambio del daño que provocáis? ¿Podéis dormir tranquilos después de hacer lo que hacéis?

5.- Todo es política.- La ha conocido de cerca y de lejos y afirma que todos los políticos NO son iguales. Hay hombres y mujeres empeñados en mejorar la calidad de todos; y otros, demasiados, solo se dedican a sus propios intereses y a falsear. Y contra estos últimos hay que luchar, pero desde la propia política para evitar que la democracia se convierta en dictadura. Por eso hay mucho que mejorar, pero el camino NO es el que nos muestra la extrema derecha mundial.

6.- Su adiós final.- Es inolvidable: se va agradeciendo la inteligencia y bondad de su eterna compañera de vida por toda la ayuda que siempre le prestó. Y el culmen de todo es su elogio por lo público, que me resulta conmovedor y lo añado tal cual él lo escribe:

 “Me voy dando las gracias a la que ha sido mi oncóloga hasta el final, una persona admirable y una profesional inmensa, la doctora Verónica Calderero. Gracias a todos y todas por el trato y la atención exquisita que me habéis dado. Me concedísteis una prórroga que he aprovechado al máximo. Gracias también a los científicos que trabajan para mejorar y alargar nuestra existencia. Gracias, en general, a lo que llamamos ”lo público“. La sanidad, la educación y el resto de servicios públicos marcan la diferencia entre una sociedad justa e igualitaria y una masa de individuos gobernados por la ley de la selva”.

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