Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Lee ya las noticias de mañana
ENTREVISTA

Cómo evitar que la distopía del control tecnofeudalista acabe siendo un 'reality show': “Hay que actuar ya”

Presentación del libro 'La tiranía de las pantallas' de Juan Carlos Blanco

Juan Velasco

10 de febrero de 2026 20:04 h

0

Juan Carlos Blanco prefiere no hablar de tecnofeudalismo y redes sociales de desinformación desde la especulación futurista ni desde la nostalgia analógica, sino desde la observación del presente. Desde un prisma basado en todos los datos que hay sobre la mesa tras décadas de seguimiento del fenómeno. Y así lo hace cuando lanza una advertencia clara: “Si no tomamos conciencia, vamos a convertir una distopía en un programa de telerrealidad”.

La distopía a la que se refiere no es una fantasía literaria, sino una realidad en marcha: el control creciente que las grandes plataformas tecnológicas ejercen sobre la información, la atención, la economía y, cada vez con más claridad, sobre los procesos democráticos. De todo ello habla el periodista, profesor y consultor con este periódico antes de presentar este martes en la Fundación Cajasol de Córdoba La tiranía de las naciones pantalla (Akal, 2025).

Es un acto organizado por la Asociación de Comunicación, Relaciones Públicas y Protocolo de Córdoba que le da pie para hablar de un ensayo que empezó a escribir en 2023 y que, lejos de perder vigencia, considera hoy “más actual que nunca, por desgracia”. En sus páginas, Blanco pone nombre a un fenómeno que atraviesa la vida cotidiana sin apenas resistencia: la conversión de los ciudadanos en usuarios semicautivos dentro de un ecosistema gobernado por algoritmos opacos y empresas con más poder que muchos Estados.

Presentación del libro 'La tiranía de las pantallas' de Juan Carlos Blanco

Los cinco pecados capitales de internet

El libro surge del convencimiento de que “algo tiene que estar pasando con las plataformas”, de que “estamos viviendo situaciones que creo que no teníamos por qué soportar”, explica Blanco camino de la televisión pública andaluza, en la que colabora habitualmente. Aunque reconoce que no le gusta andar pegado al teléfono, accede a charlar sobre su libro, empezando por lo que denomina “los cinco pecados capitales que gobiernan Internet”, un conjunto de dinámicas que, según defiende, cualquier persona puede reconocer en su experiencia diaria.

El primero es la desinformación, convertida en un producto rentable. “La distribución masiva de bulos, patrañas e infamias” ya no es una anomalía, sino un elemento estructural del negocio digital. A ello se suma la pérdida progresiva de atención, la desconcentración permanente y el deterioro cognitivo, especialmente entre los más jóvenes, lo cual “tiene consecuencias muy profundas”, señala.

Otro eje central es la violación sistemática de la privacidad. “Te extraen los datos de cualquier manera”, denuncia, en un entorno en el que la cesión de información personal se ha naturalizado hasta el punto de resultar invisible. Y, como daño colateral, la erosión del comercio de proximidad y la defenestración de los medios tradicionales, desplazados por plataformas globales que concentran tráfico, publicidad y poder.

El concepto de naciones pantalla resume esa transformación. Para Blanco, las grandes tecnológicas ya no pueden entenderse como simples empresas. “Han ido más allá de los monopolios y los oligopolios clásicos”, afirma. “Hoy son más importantes que la mayoría de los estados que nos representan”. No se rigen por fronteras, pero influyen en millones de ciudadanos. “No son naciones-Estado, son naciones pantalla, y quieren dictar sus propias reglas del juego”.

Presentación del libro 'La tiranía de las pantallas' de Juan Carlos Blanco

El factor Trump: control del algoritmo = control de la democracia

Ese poder se ha hecho explícitamente político. Desde que terminó el libro, subraya, el escenario ha evolucionado aún más rápido de lo previsto. “Hay un pacto, un acuerdo, entre los señores feudales de Internet —los tecnoligarcas— y el dirigente de la nación más poderosa de la Tierra, Donald Trump”. El objetivo, sostiene, es claro: “Si controlas bien los algoritmos, puedes controlar los procesos electorales”.

Esta lógica conecta con una idea cada vez más presente en el debate intelectual: el tecnofeudalismo. Remarca así que economistas como el expolítico Yanis Varoufakis han popularizado un término que él ya usaba: “Se comportan como señores feudales. Con sus siervos, sus levas y ciudadanos reconvertidos en consumidores compulsivos, con cada vez menos capacidad de pensamiento crítico”.

Uno de los aspectos más inquietantes del sistema, explica, es que no funciona por imposición directa, sino por seducción. Una seducción bien financiada, eso sí. Así, en la línea de lo que expone Johann Hari en El valor de la atención, Blanco también reconoce que las mentes más brillantes del mundo -ingenieros, psicólogos y expertos en persuasión- diseñan entornos destinados a capturar la atención y prolongar el tiempo de uso. “Eso destroza la atención”, insiste, y con ella la capacidad de reflexión.

Presentación del libro 'La tiranía de las pantallas' de Juan Carlos Blanco

“Hay que ponerle coto a los ingenieros”

Eso sí, Blanco sí que reconoce que existe con ello la tentación cómoda de asumir que nada es culpa del usuario. “Se dice mucho: no te agobies, no es responsabilidad tuya, hay miles de ingenieros trabajando para engancharte”. Pero esa explicación, advierte, tiene un coste. “Si acepto eso sin más, acepto que soy un adicto”. Por eso reivindica también la responsabilidad individual, aunque sin caer en el moralismo.

Algunas recetas que él mismo aplica: eliminar notificaciones, silenciar el móvil, proteger los espacios de concentración (comidas, charlas, lecturas o sesiones de cine o series) de la presencia de los smartphones. “Yo no puedo vivir preso del teléfono”, dice. “No puedo pensar, no puedo escribir, no puedo decidir”. Sin embargo, insiste en que esta dimensión personal es insuficiente si no va acompañada de decisiones colectivas y políticas. “Hay que ponerle coto a los ingenieros, y eso es muy difícil”.

En ese punto, se alinea claramente con pensadores como Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa. Blanco comparte su diagnóstico: no se puede esperar décadas a tener certezas científicas absolutas de lo que provocan las redes sociales mientras los efectos del abuso digital se manifiestan ya en forma de ansiedad, depresión y problemas de salud mental.

La advertencia central es clara: si no se actúa, la distopía se normaliza. “Nos va a parecer normal que Facebook ponga y quite gobiernos. O que plataformas privadas como Youtube condicionen el rumbo de democracias enteras”, reflexiona. Para ilustrarlo, mira al pasado reciente, el que considera que fue un punto y aparte. El Brexit, de cuyo referéndum cumple ahora diez años, fue el primer gran aviso. Campañas masivas de anuncios personalizados, desinformación reiterada y ausencia de mecanismos de control.

Eso fue solo el inicio. Desde entonces, recuerda, 2016 marca un punto de inflexión: Brexit, la primera victoria electoral de Donald Trump, el fracaso del acuerdo de paz en Colombia. “Hoy hemos pasado de la tecnopolítica a la tecnodesinformación”, sostiene, en un salto de escala que afecta a todo el sistema democrático.

Presentación del libro 'La tiranía de las pantallas' de Juan Carlos Blanco

El lado correcto de la historia

En este contexto, valora positivamente los intentos de regulación impulsados desde la Unión Europea y también las medidas anunciadas la semana pasada por el Gobierno español, aunque reconozca su dimensión estratégica. “Pedro Sánchez utiliza la confrontación con los tecnoligarcas como parte de su relato político, al situarse a sí mismo frente a un grupo de villanos”, apunta. Lo que pasa es que, a su juicio y sin ningún género de dudas, el presidente del Gobierno “está en el lado correcto de la historia”.

Para Blanco, la UE es hoy “el principal dique de contención real” frente a las plataformas, y por eso mismo objeto de su hostilidad. Cita también el caso de Australia, que ha comenzado a limitar el acceso a redes sociales a menores de 16 años, y el de países como Suecia, donde se han prohibido las pantallas en los colegios. “No sabemos si funcionará. Pero lo que seguro no funciona es la inacción”, asume este experto, que también se aviene a abordar el nuevo campo de batalla: la inteligencia artificial.

En este ámbito, de nuevo, rehúye el alarmismo cinematográfico. “No hablo de robots dominando el mundo. Para eso me pongo Terminator en Netflix”, arranca. El riesgo, dice, es más prosaico y más peligroso: la delegación del pensamiento crítico en una máquina. Para ello tiene hasta su propia denominación: “Yo a eso lo llamo el síndrome de la vagancia artificial”.

Como profesor universitario, observa cómo el uso de herramientas como ChatGPT se ha normalizado entre los estudiantes. “Lo raro sería que alguno no lo hiciera”, admite. El problema no es la herramienta, sino el hábito que genera. Y lo rápido que avanza un conjunto de bots que se popularizaron masivamente hace nada, en noviembre de 2022. “Han pasado poco más de tres años”, recuerda. “¿Qué va a pasar cuando hayan pasado diez?”. La pregunta no es retórica. “¿Dónde queremos estar?”, se cuestiona Blanco, que, antes de colgar, aclara que él no propone apagar pantallas ni volver atrás.

“Yo ahora voy a ir a Córdoba y voy a poner el GPS para salir de la ciudad y escucharé un podcast de otra plataforma de streaming. Iré hablando por teléfono y me localizarán gracias a Google. Y luego podré informarme de la última hora viendo X o me entretendré viendo alguna foto. Es muy entretenido, nos permite una oferta de entretenimiento infinito. Pero claro, esto tiene un reverso tenebroso. Esa sociedad del conocimiento ha pasado a ser una sociedad del entretenimiento informativo, donde la desinformación es un producto más”, sentencia.

Etiquetas
stats