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Rafael Berges: “Los políticos se deben poner en el pellejo de la gente”

FOTO: ALVARO CARMONA

FOTO: ALVARO CARMONA / VÍDEO: VICTOR MOLINO

La vida futbolística de Rafael Berges se gestó por culpa de un hombre de negro. En el año 1981, un día de mucho frío en Córdoba, un hombre ataviado con una capa y visera oscura se acercó al padre de un muchacho de diez años acostumbrado a jugar en el barrio Figueroa con sus amigos. Después de verle tocar el balón, el supuesto desconocido le dijo: “¿Le gustaría que su hijo juegue en el Córdoba?”. Desde ese preciso instante, la trayectoria de aquel imberbe comenzó a escribirse en las páginas de un bello libro deportivo al que aún le falta por rellenar el mejor de sus capítulos.

Rafael Berges (Córdoba, 21 de enero de 1971) es el protagonista de un película basada en hechos reales emergida en la Ciudad de Los Califas. Hijo de una familia humilde, constituida por tres descendientes, vivió su infancia en la barriada de Las Margaritas. De aquella época aún recuerda con nostalgia las más de doce horas de trabajo que echaba su padre para poder sacar a sus hijos adelante. De la misma manera, aún escucha aquella máquina de coser que su madre utilizaba mientras los pequeños dormían. Rafa, como le suelen llamar en el entorno más cercano, creció en el Córdoba Club de Fútbol, curiosamente, el mismo club que le vio desaparecer como futbolista y el mismo que le ha sacado del anonimato mediático que ha disfrutado durante algunos años.

Berges, militante también en los primeros equipos del Tenerife y del Celta de Vigo, ciudad de la que guarda un especial recuerdo, ha sido campeón olímpico de un equipo donde alternó en la línea defensiva con el Chapi Ferrer, Solozábal y Abelardo y en el que también militaban Guardiola, Luis Enrique o Manjarín. Entre sus méritos futbolísticos, marcar dos goles con la Olímpica, ser titular habitual en el mejor Celta de los últimos tiempos, jugar la UEFA, ser subcampeón de Copa o participar activamente en la no consecución de dos ligas del Real Madrid. Aficionado a la mountain bike, amante de la familia, apasionado de la ensaladilla rusa, bebedor de cerveza y, ante todo, persona responsable y trabajadora, el míster blanquiverde esconde detrás de una mirada campechana el espíritu de un ser bonachón cuyo máximo pretexto se fundamenta en “hacer feliz a los demás”.

PREGUNTA: Se crio en un barrio sencillo y en una época donde no había las mismas comodidades de ahora ¿qué recuerdos guarda de su infancia?

RESPUESTA: He sido un niño muy feliz. A pesar de haber nacido en una familia de clase trabajadora y de que mis padres no han disfrutado de un camino de rosas para sacarnos adelante, lo he tenido todo. Considero que he disfrutado de lo básico. El esfuerzo de mis padres ha sido muy grande. Han criado a tres hermanos, uno ha estudiado fuera… Ese trabajo lo han conseguido con creces.

P. ¿Piensa mucho en ello?

R. Muchas veces te centras en el presente y no ves lo anterior. Hay que mirarse en ese espejo y, por lo menos, ser una persona honrada y trabajadora, que es lo que ellos me han enseñado a ser. Hoy en día, mucha gente puede disfrutar de tener a varios hijos licenciados. Las circunstancias han cambiado muchísimo.

P. ¿Para bien o para mal?

R. A ver, siempre procuro decir lo mismo, no me considero para nada un antiguo, pero muchos valores y situaciones que se daban antiguamente, hoy en día se han perdido. Y eran buenas.

Hay que mirarse en ese espejo y, por lo menos, ser una persona honrada y trabajadora

P. ¿A qué se refiere?

R. Sobre todo, en la gente joven. Hablo del valor que tenía para nosotros el respeto. Antes era todo más sano. En el fútbol, por ejemplo, había menos gente alrededor de los jugadores. Es cierto que en esa época había otro tipo de deficiencias. Me refiero a las económicas. Antes, las familias no tenían tanta capacidad, tanta tecnología. La comodidad con la que se vive ahora no se daba antes. Ese tipo de cosas no son malas, son buenas, pero es que todo ha variado hacia lo cómodo. Volviendo al fútbol, se disponen de otros medios, hay más ruido alrededor de los jugadores. En el juego, algunas cosas han mejorado pero no tanto.

P. Hablando de ese ruido, ¿su familia, en cualquier caso, no permanecerá ajena a su profesión?

R. En realidad, no quiero que mis padres se metan en esto. Están un poco apartados de esta vorágine. Se enteran más por lo que les dice la gente por la calle. Yo tampoco quiero que ellos vivan esta situación porque ahora ha cambiado. Cuando ganas, eres un fenómeno, cuando pierdes, se te tira la gente encima, entre comillas. Quiero que estén un poco alejados de esto porque no quiero que pasen malos momentos. Ellos son ya mayores.

P. De sus hijos –tiene dos, niño y niña- no creo que pueda decir lo mismo…

R. A mis hijos les gusta. No se enteran de mucho, pero opinan. Más o menos, ven la situación y tienen a sus ídolos. Lo ven desde un punto de vista de niños, no desde un punto de vista de juego. Para nosotros, los mayores, es diferente. Ellos lo contemplan como que hay partido el domingo y que se lo van a pasar muy bien.

El Córdoba es un club exigente, complicado, difícil

P. El varón juega en categoría benjamín del Don Bosco. ¿Le gustaría que siguiera sus pasos?

R. Lo que me gusta es que haga deporte y que estudie. En definitiva, que sea un niño feliz. El hecho de ser futbolista o no es muy difícil. Hay niños muy buenos que no tienen esa posibilidad de jugar y luego pueden llegar otros que no son mejores. Lo único que quiero es que cada partido y cada entrenamiento sea para él una fiesta y un motivo de poder hacer nuevos amigos, nuevos compañeros, nuevas relaciones. Que sea capaz de convivir en un grupo futbolístico. Para mi hija, lo mismo. El fútbol no, porque no le gusta, pero que se dedique a hacer deporte. Intento que sean niños sanos, responsables y buenos estudiantes.

P. Dice que sus hijos están, en mayor o menor medida pendientes del equipo. Se entiende que a través de los medios. Usted, en cambio, no. ¿Se siente incómodo con la prensa?

R. Muchas veces estoy al margen de las cosas que salen y de las noticias de actualidad del club. Realmente, estoy muy centrado en lo mío. El poco tiempo del que dispongo fuera de aquí, me dedico a hacer el poco deporte que puedo y a evadirme mentalmente de la presión del día a día. El Córdoba es un club exigente, complicado, difícil. No es fácil sacar todo el trabajo diario.

He sido un niño muy feliz

P. ¿Tan exigente resulta?

R. Es lógico, porque estamos en un club que lleva muchísimos años sin pisar la élite del fútbol. Y el reto que tenía era complicado. El año pasado, se consumó una grandísima temporada. Las cosas se hicieron fenomenalmente. Seguir ese cauce resulta complicado.

P. Máxime cuando la plantilla no es la misma.

R. Este club no es uno de los poderosos de la Segunda División. Es una entidad que ha tenido que vender a jugadores más importantes para poder subsistir. Muchas veces, me da la sensación de que ese mensaje, o no se ha explicado bien o no ha transmitido correctamente. Hay situaciones que se dan como normales y no lo son. Estamos haciendo cosas que tienen mucho mérito.

Estamos haciendo cosas que tienen mucho mérito

P. Por lo que dice, se entiende que prefiere la etapa de jugador a la de entrenador.

R. La de jugador ha sido la mejor etapa de mi vida. Gracias a Dios, en la época de futbolista, que ha durado muchos años, he experimentado de todo. He vivido lo bueno y lo malo, pero he disfrutado mucho. Ahora te das cuenta de lo que cambian las cosas. De la responsabilidad que tienes. Antes, básicamente, sólo era trabajar y trabajar y tener un buen comportamiento e intentar hacer caso al míster. Ahora, sin embargo, todo lo veo mucho más complicado para mí.

P. ¿Qué es lo que realmente le preocupa?

R. Mire, al margen del fútbol, el hecho de escuchar y saber que Córdoba encabece cifras de desempleo tan elevadas, me sorprende mucho. Es una auténtica barbaridad. No hay cosa peor en la vida de un padre que pasen los días y no tenga oportunidad de poder darle medios de vida a sus hijos. Es una noticia muy triste.

La de jugador ha sido la mejor etapa de mi vida

P. ¿Sufre en el seno familiar el desempleo?

R. De manera directa, no. Gracias a Dios no hay nadie especialmente afectado. En la familia de mi mujer, sí. Hay quien con más de cuarenta años tiene que vivir en casa con sus padres. Dios quiera que se abra el abanico de riqueza para todo el mundo… ¡Que no haya tan pocos ricos y tantos pobres! Ojalá que todo fuera más igual.

P. ¿El fútbol puede ayudar en algo?

R. Dios quiera que esto pase lo antes posible y que todo el mundo tenga la posibilidad de poder trabajar, desarrollarse, ser feliz. En definitiva, venimos a la vida para intentar hacer feliz a nuestra gente. Vivir con felicidad. Ante este tipo de coyuntura, nosotros podemos poner nuestro pequeño granito de arena. Podemos dar satisfacciones. Lo tenemos que intentar.

P. Siempre se ha manifestado en público de una manera políticamente correcta, ¿qué le diría a un político ante la coyuntura social que se vive?

R. Los políticos se deben poner en el pellejo de la gente de la calle. Viéndolo desde esa perspectiva, sería todo más humano. No pertenezco a ninguna ideología política y no entiendo de eso, pero lo único que deseo es que todo el mundo sea igual y viva más feliz.

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