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Pepe Cabello: “El tonto a largo plazo ya no existe”

Pepe Cabello | MADERO CUBERO

Ya sea delante de uno, de diez, de cien o de mil, a José Cabello Canales (Córdoba, 1970) le encanta hablar. Lo hace con vehemencia, salpicando su discurso de anécdotas vividas en carne propia, de citas de pensadores clásicos y de chascarrillos típicos de la gente del sur. Dice que es coach. Y lo que hace lo reafirma. “Estamos en una época espectacular”, te suelta con la mirada fija induciéndote a pensar si está bromeando o si es que no ve la televisión. Ni una cosa ni la otra. Cabello, en el fondo, es un rebelde. Sería capaz de transmitir optimismo si le dejan abandonado y con los ojos vendados en medio de un campo de minas. Orador con incontinencia verbal y aires de quijote, maestro con más preguntas que respuestas, alterna ráfagas de ironía con momentos de una ingenuidad conmovedora y casi infantil. Sigue manteniendo el orgullo del niño de barrio que se levanta después de una caída y corre con más fuerza, tragándose las lágrimas con las rodillas peladas. Un tipo peculiar Pepe Cabello, propietario y director de Díamond Building, una de las empresas pioneras de Andalucía dedicadas al coaching. Empezó cuando nadie sabía qué era ese anglicismo. Aún hoy, el común de los mortales no tiene demasiado claro a qué se dedican estas brigadas de salvación emocional. “Ayudamos a las personas a que sean lo que quieren ser”, dice. Un sencillo enunciado para una misión de extrema complejidad.

Hay quien le ve como un rescatador de náufragos sociales, un restaurador de personalidades golpeadas, un agitador de voluntades o un despertador de conciencias. Cabello es todo eso y alguna cosa más. No se pone límites porque vive su profesión como un juego. A veces tira con bala y a veces lanza flores. Cuenta que el día en que se arruinó fue “uno de los mejores” de su vida y lo hace con una sonrisa sincera. “De corazón te lo digo: estoy agradecido a quienes provocaron mi quiebra económica”, relata un hombre para el que empezar de cero hubiera sido un privilegio. Lo hizo desde más atrás. Pero todo aquello es pasado y ahí quedó. Ahora tiene planes y un puñado de certezas. No demasiadas, pero sí las suficientes para saber cuál es su lugar en el mundo. El coach Cabello se dedica a abrir los ojos -y la mente- a quien se le cruza en el camino: desde altos ejecutivos hasta curritos de oficina, pasando por agentes comerciales, profesores, médicos, futbolistas y hasta sacerdotes. Admite que no sabe si el coaching es una religión para tiempos de crisis, pero sí tiene claro que es “una respuesta necesaria y de sentido común” ante unas circunstancias que “exigen cambios profundos”. No habla de política -“no creo en ella: vivimos en una dictadura de partidos disfrazada de democracia”, dice- sino de “revolución interior” individual para alcanzar una “evolución social”.  Y todo ello, sin lamentos. Y a ser posible, con una sonrisa. ¿Podemos? Cabello, de momento, se ha empeñado en reunir a un millón de españoles en la campaña “Por un país sin quejas”. Ahí enfoca el coach cordobés toda su energía y atención, hasta tal punto que se desconecta del entorno. De la abdicación del Rey Juan Carlos I se enteró dos días más tarde, cuando vio “una avalancha de tuits que no era normal” en su móvil. “Pensé: ya se ha muerto, no me jodas”. A veces parece que está en otro mundo, pero no. Está en el mismo que todos los demás.

PREGUNTA. ¿Cómo llegó al coaching?

RESPUESTA. Ha sido un cúmulo de muchas circunstancias. Hay personas que se dedican a una profesión por un momento de inspiración en su vida, pero en mi caso no fue así. Ha habido muchos pequeños momentos de inspiración que me han permitido ir modelando mi misión y mi visión. Hoy es cierto que me dedico a esto por elección propia, por misión de vida. Básicamente ha habido dos momentos que han sido claves en esto. Hubo un estado emocional muy malo, que pasé hace muchos años, que me llevó a investigar mucho sobre esta materia, la inteligencia emocional y el coaching, y otro fue una quiebra económica muy potente que experimenté cuando llegamos a la crisis.

P. Hay quien etiqueta al coaching como una secta.

R. Sí, sin ningún problema. A mí no me ofende que me llamen así porque entiendo el significado de una secta. Es un grupo de personas con una cultura común, que piensan igual y que tienen un mismo fin. Telefónica es una secta. Es más, lo defiendo. A todos mis clientes trato de hacerles ver que su empresa tiene que ser una secta. Y el que no lo entienda así no ha llegado al siglo veintiuno.

A todos mis clientes trato de hacerles ver que su empresa tiene que ser una secta. Y el que no lo entienda así no ha llegado al siglo veintiuno"

P. ¿Moda,negocio, filosofía...?

R. Es un poco de todo. Yo creo que más que una moda es una tendencia de mercado. Las modas llegan para impactar y luego desaparecen. Los pantalones de campana, las patillas largas... La tendencia viene para quedarse. Internet, los teléfonos móviles... El coaching viene como tendencia de mercado porque es una respuesta normal a la situación actual. El ser humano necesita entender que para resolver sus conflictos y ser feliz no se trata tanto de revolver asuntos del pasado, sino de construir un futuro distinto. Ahí es donde actúa el coaching.

P. Pero sigue habiendo mucha gente a la que el término coach le trae a la cabeza a Bisbal o a Melendi en un concurso de talentos.

R. Yo creo que van comprendiendo esto cada vez más. Quizás hace diez o doce años nos preguntaban qué es eso del coaching y yo tenía que inventar respuestas raras. Entrenar la manera de ser de la gente, buscar que las cosas pasen... Inventábamos respuestas casi poéticas. Hoy se sabe que el coaching tiene un papel importante. Hay gente que lo ubica en espacios cerrados, dicen que un coach es un entrenador, un motivador... Yo creo que al final es un acompañador, alguien que se atreve a desafiar a la persona con la que trabaja, por el permiso que le han dado, y a diseñar, definir y recorrer un camino de cambio elegido. El coach se capacita para ser un buen acompañador, alguien que está al lado y aporta herramientas a otra persona para que llegue a ser quien dice que quiere ser.

P. Y todo eso, hablando.

R. Sí, el coaching es una conversación. Pero, además, entendiéndolo bien. Las cosas suceden porque hablamos de ellas. Una empresa es una red de conversaciones, que diría Rafael Echeverría. La situación de un país, la situación de una pareja... todo es fruto de una conversación. Me sorprende comprobar que hay gente que dice que quiere cambiar pero el ochenta o noventa por ciento de sus conversaciones giran en torno a la crítica, al juicio y la queja. O rompemos ese patrón de conversación y se crea otra distinta o... Se trata de pasar de la descripción a la declaración o, lo que viene a ser lo mismo, de la queja al liderazgo. Hay que desafiar desde la conversación y construir realidades desde ahí. El coaching viene a ser eso: una conversación.

P. Resulta paradójico que reivindiquen el poder de la palabra compartida y el contacto directo entre personas en una época llena de “amigos virtuales” y contactos por redes sociales.

R. A mí me pasa muchas veces con mi pareja. Estamos sentados tomando un café y nos sorprendemos mandando un whatsapp. Es así, eso sucede. Hemos evolucionado en muchas cosas, pero nos hemos quedado atrás en otras. A pesar de que se ha evolucionado en la era de la comunicación, y eso es un tópico ya muy visto, creo que no se ha hecho a nivel de comunicación personal real. Aristóteles decía que la vida es un camino de retorno a uno mismo. Creo que ahora, más que nunca, tenemos que empezar a entender lo que quería decir Aristóteles. Se trata de volver con nosotros mismos, entendiendo que eso también conlleva entenderte a ti, aceptarte a ti, comprenderte a ti... en ese camino de retorno a mí.

Hay gente que dice que quiere cambiar pero el ochenta o noventa por ciento de sus conversaciones giran en torno a la crítica, al juicio y la queja"

P. Pura introspección.

R. Ahí está el tema. Durante mucho tiempo hemos buscado fuera lo que teníamos dentro. Hemos buscado fuera la felicidad, el éxito, las grandes recompensas... Hemos sido capaces de crear barbaridades. Hemos ido a la Luna. Pero se nos ha olvidado construir lo importante, lo que decía Osho: “La única creación importante es la creación del yo”.

P. Es el coaching una religión para tiempos de crisis? No hay dios que te salve y ahí estás tú, básicamente solo, para hacer lo que puedas por tu vida.

R. Bueno, no sé si es una religión en tiempos de crisis. Tampoco sé si es una religión porque no religa, no separa. Lo que hace es integrar. No sé si es la religión de la nueva era. No tengo ni la más remota idea. Pero si ayuda, es bueno.

P. No le quitan entonces el trabajo a los curas...

R. No, de hecho tenemos clientes que son curas. Una cosa muy curiosa. Existe coaching religioso, coaching espiritual... Pero esto no es magia. Esto es puro sentido común. El otro día, en Alicante, se me acercó una señora mayor, de más de ochenta años, después de haber hecho un curso de veinte horas de coaching. La señora me dijo: “Hijo, esto es puro sentido común pero puesto en orden”. Básicamente, describió lo que es el coaching. Es sentido común. No es magia. Sólo trabajo, trabajo y trabajo. Coaching sin acción es una gran mentira. Ahí es donde se crea todo ese rollo filosófico de vida feliz y tal... No, no, no. Esto va de trabajo. Y mucho.

P. Leo en Twitter: “Un coach es un tío muy serio que te escucha hablar y que al final te dice cosas que no te gusta oír”.

R. El coach, al final, se convierte en un artista de hacer preguntas. Pensar es eso: hacernos preguntas y responderlas. Y esto es muy curioso. Hay muchos coachs de los que estamos formando que cuando llegan a un estado avanzado del proceso me dicen: ¡Sólo hago preguntas! Y yo les contesto: Ojo, que eso es algo muy importante. Porque a través de tus preguntas estás condicionando, dirigiendo y de alguna forma enseñando a pensar a la otra persona. El otro día, investigando sobre la palabra pregunta, vimos que viene del latín perconto, que significa lanza. Eran las lanzas que utilizaban las legiones romanas para sondear el fondo de los ríos. Cuando uno pregunta está enseñando a pensar al otro. Fíjate cómo cambia la historia. Los grandes maestros enseñaban con preguntas, pero en la actualidad enseñamos con respuestas. El coaching viene a desafiar todo eso.

P. Es usted un coach famoso. Aparece en los medios, se codea con el empresariado, se involucra en iniciativas de cambio social... ¿Qué vende Pepe Cabello?

R. Resultados. No seríamos sostenibles diecisiete años después si no tuviéramos resultados. Tenemos muy claro qué es lo que vendemos: resultados puros y duros. Sea en el ámbito empresarial, deportivo... Si no se producen resultados, el coaching no sirve para nada. Y entonces es cuando se vuelve a confundir con una filosofía barata.

No sé si es una religión en tiempos de crisis. No tengo ni la más remota idea. Pero si ayuda, es bueno"

P. Forma parte de un proyecto, Andalucía en Positivo, que aspira nada más y nada menos que a reforzar el orgullo de pertenencia a una comunidad devastada económicamente y con muchos complejos enquistados.

R. Me involucré cuando desde la cadena Cope me propusieron ser el coach oficial de la campaña y me fue fácil decir que sí, porque consistía en seguir hablando de lo que yo hablo. De corazón, lo que dije lo pienso. El mensaje en toda la red empresarial de Andalucía es que nos rescatemos como andaluces. A veces estamos acomplejados. No se trata de ser lo que no somos. No se trata de actuar. A menudo creemos que la gente piensa algo de nosotros que no es realmente así. Tenemos que romper esa imagen falsa. El tópico es una gran mentira. Los andaluces han emigrado y han levantado comunidades enteras y hasta países. Nos estamos engañando. Se trata de atreverse a tratarnos a nosotros mismos como lo que somos. ¿Que nos gusta la fiesta? Sí, pero también trabajar. Perezosos también en Barcelona. La campaña de Andalucía en Positivo era un rescate del sentir andaluz. Si al final todo es una red de conversaciones, no podemos estar siempre dándole vueltas a lo mismo. Se han cerrado muchos negocios, claro que sí, pero también se han abierto muchos. Hay gente que se está estrujando el cerebro para salir adelante, con ideas muy novedosas. Tenemos que demostrar que somos gente currante, positiva, que se ríe de su sombra y que con amor, humor y trabajo somos capaces de levantar una región. Se le pueden dar la vuelta a los datos. Tenemos un potencial enorme, espectacular. No tenemos que fingir sino actuar como lo que somos.

P. Y ahora está metido en otra aventura: “Por un país sin quejas”. ¿De qué va?

R. “Por un país sin quejas” es la bajada al suelo de un balón que llevaba muchos años en el aire. Llevamos doce o catorce años con la historia de salir de la queja, aquella historia que empezó en algunos lugares del mundo como “21 días sin quejas”... Un día nos sentamos para ver una fórmula y dar salida a toda esta corriente. Así surgió la web www. porunpaissinquejas. com con una declaración de misión y propósito muy grande. Hemos declarado que vamos a crear una comunidad de un millón de españoles que decidan abandonar la queja como estilo de vida, además de una red de empresas que se suman a este proyecto. No me cabe la menor duda de que todos viviremos mejor si dejamos la cultura de la queja, entendiendo ésta como la simple descripción de una situación que no es deseable pero ante la cual no hago nada ni propongo nada. Siempre suelo bromear con clásico “ojú, qué calor” de Córdoba. Por más que uno lo repita, el termómetro no va a bajar de grados. El asunto es qué propones y qué haces para quitarte ese calor. Ahí empieza esta campaña y en breve estaremos un millón de personas con una pulsera naranja que nos identifique. Hemos puesto mucha ilusión en esto.

P. Pero el “quejica profesional” tiene prestigio social en la actualidad. Hay quienes viven en un estado de indignación permanente.

R. Es un poco el deporte nacional. Esto chirría mucho. Hay gente que critica esta historia y le molesta, pero es una realidad que está ahí. De hecho, si de repente en España se hiciera una encuesta para proponer un cambio de nombre del país, muchos propondrían “Quejalandia” porque se sentirían en su casa. Bromas aparte, la cuestión es, sin ánimo de ofender, que todos tenemos que reflexionar una cosa: ¿Cuándo una queja cambió algo? Lo que lo cambia es la declaración. Mientras que yo describo algo, todo sigue igual. Cuando declaro qué es lo que quiero que suceda, entonces empieza el cambio. Y eso ya no es una queja. Lo que pasa es que la línea es muy fina. Una queja es describir sin proponer nada. Acepto protestas, pero con propuestas. Ahí entramos en otro mundo.

Coaching sin acción es una gran mentira. Ahí es donde se crea todo ese rollo filosófico de vida feliz y tal... No, no, no. Esto va de trabajo. Y mucho"

P. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. ¿Qué le sugiere esta frase?

R. Se ha usado muchísimo, especialmente con el tema económico. Hace poco me preguntaban en un medio qué era la clase media. Yo contesté que la clase media está compuesta por tiesos que viven como ricos a base de deudas. Eso es así. Y existimos, y me meto yo en ella, porque existe la deuda. Durante un tiempo es verdad que pasó, pero ahora también seguimos manteniendo casas y coches que nos cuesta la misma vida mantener. Seguimos igual, básicamente. No hay que llevarse las manos a la cabeza por esto. A veces nos falta tomar conciencia para quitarnos cosas de alrededor y bajar el nivel de exigencia económica que nos ponemos a nosotros mismos. Se nos ha educado mucho para el tener. Yo tengo 44 años y recuerdo mensajes de niño en los que te decían que lo importante era “estudiar para ser un hombre de provecho”. Más adelante, escuchabas que había que “estudiar para tener más salidas”. Hemos cambiado el mensaje y creo que en ese área no hemos evolucionado, sino que hemos involucionado.

P. La mayor parte de la gente vive con miedo a perder. ¿A quién le interesa esto?

R. El miedo es la mejor manera de gobernar un país. Es la forma que hemos inventado y que llamamos democracia. Esto no es más que una dictadura de partidos que gobiernan desde el miedo. Y cuando más miedo, más fácil controlar. Hay mucha gente acojonada y muerta de miedo, pero no es algo nuevo de ahora. Siempre fue así. También lo hacían los incas, los mayas, los egipcios... y ahora lo hacemos nosotros. De otra forma, a través de deudas, hipotecas, impuestos... ¿A quién le interesa? Pues a quien gobierna. Pero cada día nos damos más cuenta. Ya no existen tontos. Quizá algunos a tiempo parcial, pero se están cayendo muchas caretas. El tonto a largo plazo ha desaparecido.

P. ¿Quién ha pagado los platos rotos de la crisis?

R. ¿Sabes qué pasa? No sé decirte. Paga los platos el que los quiera pagar. Aquí ha habido platos que hemos roto entre todos y que cada palo aguante su vela. Yo palmé mucho dinero en el 2008. La fiesta de que los bancos decidieran cortar el grifo de los pagarés me dejó enganchado algún que otro millón de euros. Y todo fue porque de repente alguien decidió que no se atendían los pagarés. Y eso teniendo varios proyectos inmobiliarios empezados y con préstamos firmados y aprobados. Pero alguien de arriba, que todavía no lo conozco a ese alguien de arriba, decidió que los pagarés ya no se atendían. Sin embargo, te digo que eso fue de las cosas más potentes y más bonitas que han ocurrido en mi vida. Tengo amigos que por menos de ese dinero se han suicidado. Y otros que por mucho menos están seis años después todavía metidos en una cama con depresión. Yo te digo, de corazón, que uno de los cuatro o cinco acontecimientos más importantes de mi vida fue esa restregada de cara por el suelo. Y lo es porque es uno de los grandes motivos por los que me ubiqué y decidí dedicarme a algo que me apasionaba. Yo podría estar contando que pagué los platos rotos de la crisis. Lo perdí todo, absolutamente todo. Tuve que volver a la casa de mi madre. Podría seguir quejándome y diciendo qué vaya asco de vida, echándole la culpa a los bancos y a los políticos, pero me tocó ponerme los pantalones otra vez y empezar desde menos equis.

Los grandes maestros enseñaban con preguntas, pero en la actualidad enseñamos con respuestas. El coaching viene a desafiar todo eso"

P. ¿Al final sólo actuamos en situaciones límite?

R. Para mí fue muy decisivo. Una de las grandes claves. Yo estoy profundamente agradecido a que me putearan tanto económicamente. Si tuviera que elegir algún momento de los mejores de mi vida, uno fue el quedar endeudado. De verdad lo digo, de corazón.

P. ¿Cree en la revolución de las masas o en la evolución individual?

R. Creo en la evolución de las masas. No sé cuál es la solución. No tengo respuestas para eso. Sé que la única forma de cambiar algo es cambiar uno mismo. De eso sí que estoy seguro. Nos queda entender aquella lección de Gandhi que nos decía que nosotros teníamos que ser el cambio que queríamos ver en el mundo. Veo que hay mucha gente diciendo lo que hay que hacer, pero ellos no lo son. Mira. El otro día estaba con mi mujer viendo un partido de fútbol y había un tipo a nuestro lado dando voces a los jugadores, exigiéndoles dar el cien por cien. Les decía de todo. ¡Desgraciados, corred! Así estuvo todo el partido. Cuando terminó, comenté con mi mujer: ¿Tú crees que ese tío da el cien por cien en su trabajo o sólo se dedica a exigírselo al que está en frente? Y ahí se me ocurrió una pregunta. ¿Te imaginas que la gente cobrara su nómina en función al nivel de pasión que pone en su trabajo? Seguro que hay personas que le deberían dinero a su empresa, aunque también estoy seguro de que habría gente que tendría que cobrar diez veces más. Creo que ese tipo, que da igual quién sea, porque la vida está llena de gente de así, le pide a otros que hagan lo que él no hace. Hace falta una evolución social y eso pasa por una revolución personal. Si cada uno diera la mejor versión de sí mismo, todo iría muchísimo mejor.

P. El Rey de España abdicó y dentro de unos días habrá otro nuevo. ¿A quién le cambia la vida?

R. Son cosas que pasan, pero de verdad que la vida de la gente va por otro lado. Yo, de hecho, no me enteré hasta unos días después, una putada. Estoy desconectadísimo. No es algo que me interese.

P. ¿Quién se lo dijo?

R. Lo vi en Twitter. Había muchos mensajes seguidos del mismo tema y no parecían de broma. Pensé: Se ha muerto, no me jodas. Pero bueno. Seguro que el Rey Juan Carlos ha hecho cosas buenas y Felipe entrará con las mejores intenciones.

El miedo es la mejor manera de gobernar un país. Esto no es más que una dictadura de partidos que gobiernan desde el miedo"

P. ¿Le vendría bien un coach ahora al Rey saliente?

R. Pues no lo conozco. Quizá sí. A quien sí le vendría muy bien un coach es a algún que otro político, para que pudiera escuchar lo que algunos no se atreven a decirle.

P. Usted ha trabajado con políticos.

R. Sí, con personas que se dedican a esto. Pero la política a mí no me interesa, de verdad. No creo en ella. La democracia está diseñada para  países que piensan. Aquí al final nos dejamos llevar por la cantidad de cosas que prometen, por la imagen que dan en televisión... Es una dictadura de partidos. Yo lo veo así. Y como es lo que hemos elegido, pues fantástico. Es lo que te decía antes. Podemos quejarnos de lo que nosotros mismos hemos creado o decidirnos a cambiarlo.

P. Tiene hijos, ha plantado un árbol y ha escrito libros. ¿Qué le queda por hacer?

R. Pues me quedan muchas cosas más. Quizá tener algún hijo más, que mi mujer a veces me dice que le gustaría otro. Algún libro... Bueno, y me queda morirme. Trataré de avisar cuando toque.

P. Dime de qué hablas y te diré quién eres.

R. Absolutamente. La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca.

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