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Ian Gibson: “Los poetas son peligrosos para los políticos”

Ian Gibson | ÁLVARO CARMONA

Ian Gibson (Dublín, 1939) tiene una hermosa forma de definir su oficio. “Soy un detective literario”. En 2015 ha cumplido medio siglo de vida en España, país al que llegó para estudiar a un poeta que marcó su juventud y el resto de su carrera: Federico García Lorca.

El escritor granadino y su generación, mutilada por la guerra civil, han servido al irlandés como buril para sacar a la luz algunos de los años más espléndidos, pero también infames de la reciente historia española. Y lo empezó a hacer con Franco todavía vivo, en una época en la que el silencio y el miedo a hablar eran la ley.

“No se pueden reabrir heridas que nunca se han cerrado”, dice el escritor y biógrafo dublinés. Gibson ha logrado eso que algunos no entienden: sentir como propias las afrentas de un país que no es el suyo de origen. “Pero tengo derecho a decir lo que digo, porque también tengo la nacionalidad española”, zanja. Y como tal, su indignación no decrece cuando habla de las cunetas llenas de fusilados cuatro décadas después de que muriese el dictador.

PREGUNTA. Alguna vez ha dicho que nació en 1965, cuando llegó a Granada.

RESPUESTA. ¿He dicho esto? ¿En 1965? (Risas) Lo diría en en plan cachondo. (Risas) Algunas veces uno dice esas tonterías. Imagino que es porque yo descubrí mi vocación de escritor en Granada. Hasta allí fui para hacer mi tesis doctoral, que se convirtió en mi libro sobre el asesinato [El asesinato de García Lorca, 1985]. Ningún libro mío ha tenido el éxito que tuvo aquel. Lo empecé a escribir en un momento oportuno, con Franco todavía en el poder y todavía le quedaban cinco años de vida o muerte en vida, más bien. En fin, supongo que lo diría en ese sentido, claro. Porque es cierto que había nacido antes (risas) pero renací en Granada. Allí descubrí mi vocación de detective literario.

P. ¿Cómo aparece en su vida Federico García Lorca?

R. Fue en Dublín, cuando tenía 18 años y empezaba a aprender el idioma [el español] poco a poco. En realidad, yo lo que sabía era francés. Pero en el fondo soy un filólogo de románicas. Entonces estaba empezando. y un día alguien me habló del Romancero gitano. Empecé a leer el Romance de la Luna, Luna. Aquello fue algo apabullante.

En Granada descubrí mi vocación de detective literario

P. ¿Esa primera vez lo leyó usted en inglés?

R. No, no en absoluto. Lo leí en español pero con el diccionario al lado. Ahora sé lo que es más o menos un polizón, pero cuando en el poema pone un polizón de nardos, para un irlandés que no ha visto nunca un nardo -porque es una flor y que se desconoce en aquellas islas- no era fácil de entender. Ahora sí sé cómo es un nardo, conozco su aroma, su lisura, su color. Pero antes no, así que iba con el diccionario descifrando todo aquello. Muchas palabras eran facilísimas, como la luna, pero de otras no tenía ni idea y se me escapaban. Y ahí tenía el diccionario para descifrarlo. El caso es que Lorca entró en mí de una manera fulminante. Tenía 18 años, era joven y confiaba en mi vocación literaria; y acababa de encontrar a un poeta que me hablaba de una manera muy personal. Hay muchos casos en la historia, pero esa vez me ocurrió a mí. Fue, no obstante, un proceso lento: ir adentrándome en el idioma y en su obra o la de otros, como la de Rubén Darío. Pero poco a poco, vas entrando y terminas enganchado a una tela de araña de la que no puedes salir.

P. Más de 50 años después, ¿sigue descubriendo cosas nuevas cuando lee a Lorca?

R. Sí, cada día. Porque yo tengo mucho de Lorca dentro de mí pero siempre hay un matiz nuevo, una imagen distinta. De repente, puedes tener una especie de deslumbramiento al ver que una palabra en concreto que nadie ha visto y que te permite captar lo que quiere decir una imagen. Y eso es así, porque llevo años leyendo y relacionando. De este modo, para mí, es una aventura que sigue. No es que haya dejado de leer a otros autores, pero a Lorca es al que mejor conozco, incluso más que a los que escriben en inglés. Es el poeta que más y mejor conozco.

P. Cuando vino a España, todavía quedaban 10 años de dictadura en España. En aquellos años, Lorca no era un autor proscrito, pero casi.

R. Sí, casi. Solo existía la edición Aguilar que era de lujo y con tapas de piel. No era un libro diseñado para gente de poco dinero; era para gente con posibles. Un alumno con un poder adquisitivo normal en la época, por ejemplo, no podía comprar las obras completas de Lorca editadas por Aguilar. Franco dio su permiso personal para que los libros aparecieran en el año 1954 ya que Lorca cada año era más famoso y más conocido en el mundo. Y en todos los países la gente se preguntaba qué había pasado con el poeta. Por eso se terminó convirtiendo en un problema para el régimen. Así que decidieron permitir la publicación de sus obras. Pero cuando llegué, todavía era muy difícil hablar en Granada de lo que había pasado; la gente seguía teniendo mucho miedo.

Lorca entró en mí de una manera fulminante

P. Cuando usted llegó y preguntaba qué le había pasado al poeta, ¿qué le respondía la gente entonces?

R. Dependía del contexto del momento. Pero si disparabas una pregunta así en un lugar donde no te conocían, la reacción podía ser siempre la misma excusa: “No podemos hablar”. Y veías sus ojos moverse a los lados. Porque las paredes oyen y oían mucho entonces. No sabían con quién hablaban. La gente tenía todavía bastante miedo, aunque las cosas habían mejorado un poco porque en los años sesenta las fronteras se estaban abriendo, pero segía habiendo miedo en Granada. Y es que allí la represión, como en Sevilla, fue brutal.

P. Como en Córdoba.

R. Por supuesto. En el caso de Granada, además, es una ciudad muy encerrada en el que todo el mundo se conoce y yo noté ese miedo, ese ocultamiento, que era una cosa terrible. Estamos hablando de que hubo cerca de 9.000 fusilados. Estamos hablando de una ciudad que hasta hace poco más de un año tenía un monumento a José Antonio Primo de Rivera en pleno centro.

P. ¿Qué queda de ese miedo? Hablo de Granada y del resto de España. Porque da la impresión de que nos sigue costando y doliendo mucho hablar de esa parte de nuestro pasado.

R. Yo en esto soy bastante tajante. Creo que este país no se está comportando bien con sus muertos. Ningún país civilizado deja 100.000 muertos en cunetas. Y eso mismo está haciendo España. Que no nos vengan diciendo que no hay que reabrir heridas cuando no las heridas no se han cerrado nunca. Se ha querido esperar a que todo pase, creyendo que todo va a ser olvidado. Pero no, no puede haber un olvido . Y si el país no afronta este problema, nunca va a ser un gran país. Y España lo es en potencia; España es un país fabuloso en potencia que lo tiene todo por delante, pero tiene que resolver el problema de las cunetas. Y no lo está afrontando; los políticos no lo quieren mencionarlo y eso me parece ruin y abyecto. Me preocupa mucho porque yo también tengo la nacionalidad española y tengo derecho a decir lo que digo. Me parece terrible. Y más aún cuando creo que esto podía solucionarse de la noche a la mañana si el PP quisiera. Por ejemplo, en Málaga lo han resulto porque tienen un gran alcalde que es Francisco de la Torre que no se opuso a las exhumaciones en el cementerio de San Rafael. Y así, han sacado a más de 2.000 rojos fusilados por ellos. Eso demuestra que, a estas alturas, no sería difícil resolver el problema. Solo hace falta un poco de magnanimidad y de generosidad hacia los perdedores.

Este país no se está comportando bien con sus muertos

¡Joder! Y si el catolicismo y el cristianismo se definen por el hecho de que hay que ayudar al otro, al que sufre, me parece terrible lo que está pasando. No sabemos qué gobierno vamos a tener a partir del 20 de diciembre -tan malo como el que tenemos no puede ser- pero espero que haya un adelanto en este sentido. Porque si no, yo no sé cuándo va a ser España el gran país que yo quisiera que fuese.

P. Pero ni siquiera los partidos que se definen oficialmente de izquierdas, como el PSOE, han sabido resolver el problema cuando están en el poder. Mire Andalucía.

R. Bueno, en Andalucía se está haciendo mejor que en otros sitios porque se ha estado trabajando en el catálogo de las fosas y creo que aquí sí que se va a terminar de hacer justicia. Puede que estén tardando un poco, pero yo creo que van a recuperar ese ímpetu. Espero que lo hagan y que den ejemplo. Y por lo que toca a Lorca, pues es muy simple: aquí yace el desaparecido más famoso del mundo. El más famoso y el más llorado; es el desaparecido. ¿Quién otro hay a su altura? Nadie. Y Lorca es también el mayor embajador español de todos los tiempos. No hay día en que no se mencione el nombre de Lorca en algún punto del globo. Por eso creo que sería esencial localizar sus restos; porque es un símbolo de la represión franquista.

P. ¿En qué beneficiará a la salud de este país que se le encontrase físicamente?

R. En general, encontrar a los desaparecidos, beneficiará mucho. En el caso de Lorca, saber dónde está aclarará las mil versiones que existen del hecho: que si está en Nerja, que si está en la Huerta de San Vicente.

Si España no afronta que tiene 100.000 asesinados en las cunetas, nunca va a ser un gran país

P. Hay un interés puramente científico e histórico en saber dónde está y qué fue de él. Más allá de la pura emotividad.

R. Claro. Hay que saber dónde está. Hay que saber cómo fue. Si no descubrimos sus restos, nunca sabremos exactamente cómo fue su muerte. Y no es el único: queremos saber cómo murió Pablo Neruda; cómo murió Víctor Jara. Porque son héroes de la cultura y es importante que un país descubra y honre a sus muertos. Y repito, Lorca simboliza todo el horror de la guerra civil y de la represión. Por eso hay que honrar sus huesos. Y los de todos. Por eso abogo por la exhumación de todos los fusilados de la guerra.

P. Estamos hablando de Lorca y usted recuerda los casos de Víctor Jara y de Pablo Neruda. Ya se conocía el terrible asesinato del primero a manos del Ejército chileno y ahora se investiga si la muerte de Neruda también fue un asesinato del gobierno golpista de Pinochet. ¿Qué tienen los poetas para ser asesinados?

R. Que son peligrosos para los políticos. Los poetas son un peligro porque suelen ser progresistas y hacen pensar y sentir a los demás. Son peligrosos y sutiles. Se arman de palabras, como los políticos, pero los poetas son verdaderos magos. Y son un peligro porque son matizados.

P. ¿A Lorca le mataron por ser sutil y matizado o por ser rojo y homosexual?

R. Por una mezcla de motivos. En aquel momento, lo tenía todo, absolutamente todo en contra. Para empezar, había criticado a la burguesía granadina diciendo que era la peor de España. Y lo dijo unos meses antes de que lo matasen. Y fue públicamente en El Sol, uno de los periódicos más leídos en aquel momento. Y, por supuesto, a eso hay que sumar la envidia, el hecho de ser gay, el tema de su familia y los amigos de Granada. Su propio padre, que era un terrateniente rico de la Vega, era de ideas políticas liberales; había sido teniente alcalde del Ayuntamiento. Y eso, en un momento en el que la mayoría de los terratenientes de la zona eran de la CEDA, el partido de Gil Robles, era muy destacado. Así que de alguna forma, al padre le castigaron con el fusilamiento del hijo. Y luego está el momento en que ocurrió... tal vez, si le hubiesen cogido cuatro meses después, no lo hubiesen matado.

Los poetas son un peligro porque suelen ser progresistas y hacen pensar y sentir a los demás

P. Porque matar a Lorca no era matar a cualquiera. Ya era una figura nacional.

R. Bueno, no era tan conocido como ahora, obviamente, pero en Granada todos sabían perfectamente quién era. Claro que lo sabían... En Granada ya había guerra civil antes de que la guerra civil empezase. Allí estaba Ramón Ruiz Alonso, diputado de la CEDA, que fue quien le denunció y que representaba la derecha cerril granadina y odiaba a muerte a Lorca antes de que le matasen. En el periódico Ideal, por ejemplo, ni se mencionó el estreno de Yerma.

P. ¿Su asesinato se conoció en Granada inmediatamente?

R. Por supuesto, la misma mañana en que ocurrió, se supo en Granada que le habían matado. No se podía silenciar. A principios de septiembre ya se conoce el asesinato en toda España y se convierte en una noticia mundial, algo que hizo mucho daño al régimen de Franco.

En este momento siento rabia y amor por España, que es lo mismo que sentía por Irlanda

P. Y sus dos amigos, Buñuel y Dalí, ¿cómo encajaron la noticia en ese momento?

R. No me consta la reacción de Buñuel en ese momento pero...

P. Ya se habían distanciado, ¿no?

R. Eran tres genios fenomenales, cada uno con sus ideas y con sus cambios de postura. Un lunes por la mañana se podían amar y por la noche se divorciaban y se volvían a casar al día siguiente. Así eran sus relaciones y sus rencillas, porque los tres eran geniales. Además, tampoco estaban juntos todo el tiempo. Buñuel se marchó a París en 1925, Dalí regresó a Cataluña; Lorca se fue a Nueva York... Se veían de vez en cuando pero tampoco había entonces comunicaciones como las que hoy tenemos. En fin, se amaban pero había pulsos a veces entre ellos. Buñuel no era el cineasta que iba a ser; Federico ya era famoso; Dalí también despuntaba cuando se fue a París... Existían envidias que tampoco se confesaron después. Porque cuando lees las memorias de Buñuel y dice que adoraba a Lorca y tal... Bueno, hay que leerlas con cuidado porque son unas memorias en las que Buñuel ni menciona a su hermano menor que era gay, como Lorca. Y es que Buñuel tenía un serio problema con los homosexuales. Por eso las memorias no son fiables; nadie es fiable cuando habla después.

Los biógrafos son necesarios porque corrigen las autobiografías

En Mi último suspiro [las memorias de Buñuel] sí habla de la homosexualidad de Lorca, por ejemplo, en una escena de la Residencia de Estudiantes, cuando le dice a Lorca, “oye, me cuentan que tú eres maricón”. Y Federico se levantó y se fue. Cuenta Buñuel que le dijo que no quería verle más en su vida pero que esa misma noche, volvieron a ser amigos. Pero con este tipo de anécdotas nunca sabes si tienen o no fiabilidad. Pero desde luego es un libro muy incompleto porque se dictó en francés a a Jean-Claude Carriere y luego se tradujo al español -en una traducción muy mala- lo que lo convertía en doblemente dudoso. No lo escribe Buñuel, lo dicta, y el escritor luego lo matizó para. Son textos fascinantes, pero hay que leerlos con cuidado. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que ninguno de ellos puso jamás los pies en una biblioteca. Te imaginas, por ejemplo, a Salvador Dalí yendo a la hemeroteca de Barcelona para comprobar un dato. ¡Le daba igual un simple dato! Era mucho mejor inventarlo todo. A Buñuel le pasaba igual. Y al pobre Lorca no le dio tiempo para escribir sus memorias.

P. Para un biógrafo tiene que ser doloroso no fiarse de la autobiografía de alguien.

R. Claro. Pero es que si tú escribes tu propia autobiografía, tampoco será muy fiable. La mía, si lo hago, desde luego que no lo será. Por eso hacen falta los biógrafos; para corregir las autobiografías.

P. Porque el recuerdo de un hecho va cambiando con el tiempo.

R. La memoria tergiversa sin que nos demos cuenta. A veces, se miente deliberadamente, pero otras veces uno está convencido de que dice la verdad y no es así, errando en la fecha, en el año o en cualquier cosa.

P. Usted fue el primero en hablar abiertamente de la homosexualidad de Lorca.

R. Sí, cuando publiqué la biografía en 1985, la familia del poeta, los antiguos miembros de La Barraca, me gritaban: [impostando la voz de manera muy aguda] “Gibson, eres un asqueroso, nosotros nunca vimos nada; Federico era todo un hombre”. Los críticos, igual. Porque ellos jamás contaron nada ya que si decían algo de la homosexualidad, perderían con toda probabilidad el acceso a los archivos de la familia; unos fondos que eran necesarios para continuar con sus carreras. Pero después de todos aquellos ataques que sufrí, hoy ningún crítico escribiría sobre Lorca sin tener en cuenta su homosexualidad. Aunque su propio hermano Francisco publicó un libro titulado Federico y su mundo, donde no figura una sola alusión ni se menciona la homosexualidad de Federico. Es increíble que un catedrático de literatura se lo callase y lo ocultase. Esto nos da la medida del enorme problema que suponía para la familia y los amigos todo el tema gay. Yo lo sé porque he vivido en Irlanda y tenía un hermano gay. Allí viví una situación similar y supe por lo que pasa una familia de esa sociedad cuando se descubre esa cosa espantosa de la homosexualidad.

A pesar de ser extrovertido, Lorca sentía el dolor de no poder vivir abiertamente su vida y su homosexualidad

P. Y la manera de vivir su condición en aquella época podía ser muy dolorosa.

R. En el caso de Federico García Lorca, a diferenciada Luis Cernuda, tenía ciertas ventajas de cara a la sociedad. Era un genio que tocaba el piano, que viajaba a Nueva York y que era capaz de ser el único blanco en tocar con una banda de músicos negros “Hice mis chuminás, mamá y todos los negros se pusieron a bailar”, le dijo a su madre. Sus chuminás no eran tales porque era un verdadero genio. Lo que quiero decir, es que él sí podía encubrir o disimular su sufrimiento. Pero a pesar de ser extrovertido, sentía el dolor de no poder vivir abiertamente su vida y su sexualidad. Y su familia siempre estuvo ahí para, en fin... Incluso cuando se instaló en Madrid su madre fue para allá. No le dejaban.

P. Su familia sigue siendo muy celosa del legado del poeta, ¿no?

R. Ha cambiado mucho porque todos sus hermanos han muerto y solo quedan las sobrinas. ¡Pero ellas no tienen ningún problema con este tema de la homosexualidad!

P. No con el de su homosexualidad pero sí con el de la localización de los restos.

R. Sí, eso es totalmente anormal. ¿Cómo es posible que toda la familia se una como una piña para decir que no quieren saber? ¿Por qué? No es normal que en una familia entera no exista una sola voz discrepante. Ahí hay algo que no sabemos todavía y que no sé si lo sabremos algún día. Hay indicios que dicen que tal vez se movió el cuerpo, pero no se ha investigado ni por los gobiernos del PSOE ni por los del PP. Porque parece ser que se descubrieron restos cerca de un olivo en el parque de Alfacar que luego se metieron en otro sitio. Y eso fue en 1986, cuando la Diputación Provincial estaba gobernada por el PSOE. Pero eso no se ha investigado.

La derecha de este país cree en la sagrada unidad de España, aunque ya no digan sagrada porque la palabra no figura en la Constitución

P. ¿Por qué?

R. No sabría decirte por qué. Pero hay que hacerlo. El mundo está mirando.

P. ¿Por qué entonces tantos impedimentos, miedo o pudor en averiguar no ya lo que le ocurrió a Lorca sino lo que le pasó a su cadáver? Eso es historia.

R. Si realmente se encontraron restos al lado del famoso olivo -donde a mí me dijo el enterrador que los habían dejado- y no se dio aviso ante el juez, se habría cometido algo totalmente ilegal. Había que habérselo dicho al juez. Y ahí estaría el error inicial. Es espantoso. Pero yo creo que la situación, después del 20D va a cambiar. Y creo que la Junta de Andalucía va a estar por la labor. Estoy esperanzado y voy a seguir insistiendo. No es que yo pueda influir mucho en la Junta, pero soy el último de los investigadores históricos que se han encargado de este tema. Los demás, como Gerald Brenan, han muerto. Soy el único que queda, soy una especie de momia viviente.

P. ¿Siente que tiene herederos que sigan su trabajo y el de los investigadores de su generación?

R. Miguel Caballero está buscando muy cerca de donde se buscó la primera vez. Hay otros enclaves. Yo quiero que sigan investigando, aunque no creo que el cuerpo esté allí. Pero tienen que comprobarlo y espero que la Junta dé su permiso porque ya tienen fondos obtenidos por un crowdfunding, sin necesidad de usar fondos públicos. En fin... Y allí hicieron un campo de fútbol, ¡encima de fosas, un alcalde socialista de Alfacar aprobó construir un campo de fútbol! ¡Es desesperante la incultura de cierta gente! ¡Qué insensibilidad! Ahora hay que quitar toneladas de campo de fútbol para llegar al nivel original de la zona.

P. Hablaba antes de los hispanistas que vinieron a España de Reino Unido, de Francia, a estudiar la historia del país, sobre todo después de la guerra civil.

R. Es un país muy complejo, muy difícil. Históricamente, las comunicaciones eran muy complicadas, no como ahora con el AVE, que es increíble. Pero mira la geografía: un país atravesado por cordilleras que separan zonas enteras impidiéndoles las comunicaciones. Y su historia, si nos remontamos a la Granada de 1492 y la famosa mezcla de culturas. Durante siglos se negó y hubo una obsesión por la sangre pura sin rastro de moros o hebreos. Esa cosa española de rechazarlo todo y que solo cuente lo católico y lo cristiano viejo aunque nada de eso tenga que ver con la verdad histórica. Y con la II República todo eso empezó a cambiar porque aquella fue una época de florecimiento cultural. Si la guerra civil no hubiese cortado eso de raíz y no hubiese cambiado la historia mundial; si aquella república hubiese seguido, España sería hoy un un lugar culto y maravilloso. Y tal vez, un granadino estaría escribiendo la biografía de mi paisano James Joyce o de T. S. Eliot.

P. Cuatro décadas después de la muerte de Franco, ¿seguimos sufriendo los posos del franquismo en el día a día social, en la política, en la educación...?

R. Creo que los tics están ahí. Hay gente en este país que viene de esa época y lo lleva en la sangre; son aquellos que se creen los dueños de todo. Y los demás somos para ellos de otra ralea; una ralea a la que se le deja acceder al poder pero solo un tiempo, hasta que ellos vuelvan. Esto está en un nivel muy profundo del inconsciente de la derecha española: la idea de que ellos son los dueños desde siempre; los herederos desde siempre; quienes controlan desde siempre. Lo vemos también en Córdoba con el tema de la Mezquita, la Iglesia y sus poderes fácticos.

Si la II República hubiese seguido, España sería hoy un un lugar culto y maravilloso

Esto tendría que cambiar radicalmente. La supresión por parte del PP de la asignatura de Educación para la Ciudadanía me parece absolutamente simbólica de esta época. Hace falta ciudadanía. Yo vivo en Lavapiés y me encanta mi barrio, es maravilloso; pero todo el mundo tira las colillas y los papeles a la calle. El civismo es una palabra que me gusta mucho. Hay que amar las calles donde vives, no solo tu miserable pisito. No entiendo eso de mantener tu propiedad privada limpia y luego sales a la calle y tiras un paquete vacío de cigarrillos al suelo. Eso lo veo en mi propia calle. Eso es falta de civismo y hay que enseñarlo también en las escuelas. Por eso, que se elimine una asignatura como esa me parece todo un asalto a los valores en los cuales yo creo.

P. Al principio de la entrevista nos decía que usted era una persona de lenguas románicas. Usted es un humanista y las Humanidades en este país están siendo machacadas en los planes de estudio.

R. Lo sé, lo sé. Mis propios nietos no saben una palabra de latín; no saben que el español viene del latín y que también tiene un rico vocabulario árabe.

P. Antes me decía que los poetas son muy incómodos para el poder. Imagino que los historiadores o los filósofos que estimulan el pensamiento crítico, también. Que la gente sepa historia, filosofía, que se cuestione las cosas, no es cómodo para el poder. Y por eso se corta.

R. Estoy de acuerdo contigo. A ningún político le gusta la crítica. Los políticos son peligrosísimos, por eso, como dijo Churchill, el sistema democrático es el menos malo que conocemos.

P. ¿Le ha llegado a cansar este país? Porque yo por ejemplo, no elegí ser español, ¡pero usted sí!

R. Irlanda y España tienen muchas cosas en común. Será por la raíz celta, no lo sé.

P. O por la raíz católica...

R. Sí pero la raíz celta es más antigua todavía. Y en eso me gusta; en el sentido del humor y la agresividad de la gente. Como irlandés peleón que soy, todo eso me gusta. Pero de vez en cuando, es cierto que me cansan aspectos de este país, como me cansaban aspectos de Irlanda. La Iglesia, en mis tiempos, también tenía un poder aplastante, horrible en aquella isla. Pero en general España no me cansa, no me puede cansar porque el país, físicamente, me parece increíble. Es un minicontinente con el Atlántico, el Mediterráneo, África al sur... Y como soy aficionado a la ornitología, me encanta salir y ver. Doñana, por ejemplo, es pura magia. He estado en las dunas, he visto a los ánsares al amanecer. Eso es España también; no solo el paisanaje. Tiene el tamaño que me gusta, paisajes distintos, microclimas, playas, montañas, colonias de buitres...

P. ¿Lo de las colonias de buitres va con segundas?

R. (Risas) No, aunque podía haber dicho bandadas de gaviotas (Risas). No, España, a pesar de todo, es un país maravilloso por el que me gusta viajar y hablar con la gente. Me gusta su paisaje y su paisanaje.

En un nivel muy profundo del inconsciente de la derecha española existe la idea de que ellos son los dueños desde siempre

P. ¿Se imagina una España sin parte de su paisaje y su paisanaje actual, como Cataluña?

R. Eso me duele en el alma. No sé qué decir. Me parece una locura. Yo, personalmente, quiero otra estructura en España. Yo quiero una república federal, aunque mi sueño sería la República Federal Ibérica que incluyese a Portugal. Ese país que nos resulta desconocido y que parece un borrón en los mapas del tiempo. Si los portugueses quisieran, podríamos unirnos a esa aventura maravillosa y fantástica. ¡Piensa en la cultura que derivaría esa unión...! Soy de románicas, está claro (risas). Así que en este momento siento rabia y amor por este país que es lo mismo que sentía por mi propia isla. La gente dice amor odio, pero eso es incompatible, lo que es compatible es amor y rabia, eso sí.

P. La unidad de España, otra vez...

R. La derecha de este país cree en la sagrada unidad de España, aunque ya no digan sagrada porque la palabra no figura en la Constitución. Pero la obsesión por la unidad de España, como si fuese algo dado y deseado por Dios, es una locura.

P. Este debate lo hemos tenido en 1931, en 1936, en 1976... Es muy cansado. Y no acaba.

R. Pero vuelvo a la República. Si no hubiese desaparecido por la sublevación, todo esto habría cambiado. Pero llegó la guerra, los 40 años de dictadura, y seguimos viviendo las secuelas. Por eso tenemos lo que tenemos. Pero un día espero que este país sea ese maravilloso país que todavía puede ser.

P. Un país al que usted llegó para investigar sobre Lorca. ¿Hasta cuándo va a escribir sobre él?

R. La presentación de este libro es un poco mi particular precampaña de lo que va a ocurrir el año que viene. Porque 2016 es un año fundamental ya que se cumple el 80 aniversario de su asesinato y del inicio de la Guerra Civil. Además, coincide con que la obra de Lorca ya será de Dominio Público y nadie tendrá que pagar derechos de autor. Así que en 2016, sacaré una nueva edición de la biografía, que he revisado durante un año. También saco revisiones de Lorca-Dalí. El amor que no pudo ser y El hombre que detuvo a García Lorca. 4

P. ¿Y después?

R. No es que me vaya a lavar las manos con Lorca, pero voy a volver a la novela, al ensayo y no creo que vuelva a escribir más sobre él. No hay tiempo. Seguiré siendo lorquista. Haré un libro sobre mi amor y rabia por España pero no revisaré ningún otro libro sobre Lorca, Dalí, Buñuel o Machado. Voy a renovarme. Renovarme o morir. Y yo no quiero morirme todavía.

Yo quiero una república federal, aunque mi sueño sería la República Federal Ibérica que incluyese a Portugal

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