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Fuentes Guerra: “Somos optimistas pero hay días de bajón”

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La emblemática tienda de la calle Caño, en la que son muy escasos los cordobeses que no han entrado a comprar un disco, alquilar una peli o sacarse la entrada para un concierto, ha anunciado que cierra una etapa y está en plena liquidación -vayan y compren con descuentos espectaculares-. ¿Chapa definitiva? No se sabe. ¿Redimensión y nuevo enfoque? Tal vez. De los tres hermanos Fuentes Guerra que llevan el negocio estrictamente familiar, el mayor, Álvaro, no puede acompañarnos; pero CORDÓPOLIS mantiene en la mañana de un laborable de agosto una conversación con Catina (Córdoba, 1965), la cinéfila y con David (Córdoba, 1970), el melómano.

Fuentes Guerra es un establecimiento comercial, claro; pero este periodista se percata de que Catina y David utilizan mucho el término “tienda”. Es una palabra hermosa, cercana, tradicional, entrañable... Una palabra viva en nuestro vocabulario que designa a algo que debe seguir vivo. Por nuestro bien ¿por qué si no?

PREGUNTA. ¿Cuál fue el origen, el principio?

CATINA. Empezó con el abuelo Enrique Fuentes Cañete, con unas tiendas dedicadas al menaje. La primera en Ronda de los Tejares. Los utensilios de cocina eran, al parecer, muy rústicos en general en las casas. El abuelo introdujo ollas y sartenes más modernas, menos habituales.

P. ¿Cuándo fue eso?

C. En 1927. Luego, sus hijos, Pepe -nuestro padre-, Enrique y Arturo continuaron llevando el negocio del abuelo; después, se separaron, mi padre se quedó con el comercio minorista y empezó a meter la música porque era muy forofo (sic) de la música y del cine. Seguramente sería de los primeros en vender música en Córdoba.

P. ¿Es ya esa tienda de la foto? Señalamos una preciosa fotografía en blanco y negro que preside la pared del mostrador (está también publicada en su web).

C. No, no. Esa foto es de la inauguración en 1957 de la tienda de cristalería, cuberterías, vajillas... Debía haber cierta bonanza económica y la gente quería vestir su casa, se hacían listas de boda, regalos...

P. Pero yo recuerdo haber entrado en esa tienda a comprar discos.

C. Es que, con el paso del tiempo, se diversifica y se convierte en un popurrí de todo. La tienda era muy grande: vajillas, regalos diversos, discos y, en un rinconcito, el vídeo club, que fue un auténtico boom.

P. Fuentes Guerra Discos... y vídeos.

C. Vendíamos discos de vinilo, cassettes, las cassettes vírgenes regrabables... Mira: ésta es la mesa con la que empezamos, con las conexiones para los auriculares.

[Catina, separa unos cedés de encima de un gran mostrador metálico de color rojo y, efectivamente, aparecen los agujeros donde, con los auriculares, los clientes escuchábamos los discos antes de decidirnos a comprarlos. En ese momento, entra su hermano David y se incorpora a la conversación.]

P. Al ver esto, da la sensación de que ha habido un cambio en las costumbres que vosotros habréis comprobado de primera mano ¿no es así?

DAVID. Claro que lo hemos visto. Hoy parece que la música, las películas, todo está a golpe de clic. La gente no se para a escuchar discos, en la calle vas escuchando la música en tu móvil, en el ipod.

C. Sí, hay un cambio en los hábitos total, y nos contagiamos de esos comportamientos. La gente tiene los compacts en los muebles sin ponerlos. Eso de sentarse a escuchar un disco como antes, como una ceremonia, ya no lo hacemos...

La gente tiene los compacts en los muebles sin ponerlos. Eso de sentarse a escuchar un disco como antes, como una ceremonia, ya no lo hacemos...

P. Pues era un ritual.

D. Eso de sacar el disco de la caja y ponerlo ya casi no se hace. La gente solo compra para hacer regalos, y es el último de Bisbal; siempre lo más comercial. La costumbre de comprar la música que te gusta es ahora un poco residual...

C. ...y una tienda no puede salir adelante por unas pocas personas que quieran hacer un regalo de cumpleaños o por Navidad. Nosotros nos hemos ido apoyando de un producto a otro.

[Una chica se acerca para comprar dos entradas para el concierto de Malú en la Plaza de Toros]

P. Volvamos a las pelis ¿Habréis pasado por todos los formatos?

C. Sí, por todo: el beta, aquel 2000... también el láser disc. Todo ese proceso lo hemos vivido.

P. ¿Y cómo era la distribución en esos primeros tiempos?

C. Recuerdo que al principio hubo problemas con los depósitos legales. Nos requisaron algunas películas; nosotros teníamos las facturas en regla, pero era culpa de algunos distribuidores que no pagaban derechos o algo así.

P. ¿Cómo era el proceso hasta recibir las películas?

C. Venían comerciales, sobre todo de las grandes compañías americanas: Sony, Columbia, la Metro... Te daban de todo: regalos. Displays para ponerlos en la puerta o en el escaparate, pósters... Era un mercado vivo. Pero empezaron a despedirlos, desaparecían las visitas de comerciales. Ya todo se hace por e-mail, el pedido, reclamaciones...

P. Un declive progresivo en toda la cadena...

D. Sí, un declive paulatino y en los últimos tiempos más. La gente lo va dejando, no alquilan. Nos gusta tener peliculillas que no son comerciales; pero si no hay movimiento no las puedes traer. Un año tras otro cada vez peor. Es desesperante.

Nos gusta tener peliculillas que no son comerciales; pero si no hay movimiento no las puedes traer

P. Además, luchando contra las grandes superficies comerciales, supongo.

C. Las grandes superficies juegan en otra liga. Ves sus precios y no puedes competir. No jugamos en las mismas condiciones y, encima explotan a los trabajadores. Parece una batalla perdida.

P. Vosotros fuisteis pioneros en el asociacionismo comercial ¿no?

D. Mi padre estuvo en la fundación de Apepmeco [la histórica Agrupación Provincial de Empresarios de Pequeña y Mediana Empresa de Córdoba]. Ahora mi hermano Álvaro asiste a las reuniones de Centro Córdoba, no es que haya excesiva solidaridad, pero organizan cosas como la Shopping Night, se intenta apoyar el comercio de vecindad, el que hace ciudad.

Las grandes superficies juegan en otra liga

P. Aquí hay que volver a hablar de los cambios en las costumbres.

D. Yo llevo 25 años aquí y lo he visto. Ha habido cambios en el comercio del centro; pero lo entiendo: mira, con el calor que hace, es natural que la gente coja el coche, lo meta en el párking del centro comercial y allí tiene de todo. Los hábitos de compra han cambiado, está claro.

[Un treintañero se acerca al mostrador principal para reservar dos entradas para el concierto de Rapahel en la Axerquía. Quiere invitar a su madre, dice]

P. ¿Echáis en falta apoyo desde las instituciones?

C. Ahora la Consejería de Comercio de la Junta de Andalucía está en manos de IU, espero que tengan mayor conciencia de esto, más interés, que les paren los pies a las grandes superficies, trabas para abrir los domingos, no putear (sic) a los trabajadores.

[Catina tiene que abandonarnos para hacer unas gestiones, pero antes de irse nos deja otra reflexión.]

La tienda ha sido -y debería seguir siendo- un lugar de encuentro. Yo he visto a niños dentro de las barrigas de sus mamás que han pasado por aquí y luego han llegado ellos con barriga. Te da mucha alegría. Amigos que se han encontrado aquí una tarde mirando discos. Es el comercio cercano. Se debería luchar por no perder eso.

Yo he visto a niños dentro de las barrigas de sus mamás que han pasado por aquí y luego han llegado ellos con barriga

[Se queda David al cargo de la tienda y seguimos charlando con él]

P. Habéis sido siempre una empresa familiar ¿Eso se lleva bien?

D. Tiene de bueno que hemos sido nuestros propios jefes. Tal vez nos ha faltado algo de dirección de empresa. Ganamos en cercanía, pero tal vez nos falte algo de competitividad.

P. ¿Pero la familia se lleva bien o como todas?

D. [Se ríe] Sí, hombre: bien y como todas. Somos diferentes a nuestros primos, los hijos de los hermanos de mi padre, y con ellos no tenemos trato comercial, pero nos llevamos bien. Nosotros tres nos llevamos muy bien.

[Un abuelo acompañado de sus dos nietas, de unos siete y diez años, se acerca hasta nosotros y dice que la mayor busca cedés vírgenes y que si hay. Pues claro que hay]

P. Hablemos del futuro.

D. Desde hace un tiempo, viendo cómo estaban las cosas, nos hemos ido reinventando un poco: organizando conciertillos, presentaciones... a lo mejor no hemos sabido llegar del todo. Creemos que esto debe ser el complemento de algo. Ahora el solo producto no da para vivir.

P. Anunciasteis a toda la ciudad la liquidación y el cambio de etapa ¿Qué tal la respuesta?

D. Muy cariñosa. La gente se pasa por aquí, se lleva algo, charlamos algo, se aportan algunas ideas...

Nos vamos casi seguro. Buscaremos un local más pequeño que se pueda explotar mejor, saber qué potenciar, ahorrar en gastos, que esté todo más controlado, no dispersarse...

P. ¿Y cuál es el calendario más cercano?

D. Aguantaremos el mes de septiembre en el que alguna gente vuelve de vacaciones y haremos una última liquidación. A partir de ahí recabar todas las ideas y a ver si somos capaces de dar un nuevo enfoque.

P. ¿Aquí?

D. No. Nos vamos casi seguro. Buscaremos un local más pequeño que se pueda explotar mejor, saber qué potenciar, ahorrar en gastos, que esté todo más controlado, no dispersarse... y no perder el nombre que es lo más importante. Depende también de cómo vaya la liquidación.

P. ¿Por dónde puede ir la cosa?

D. Ya te decía que vender un disco es difícil. La segunda mano, el vinilo parece que mejora, también el libro de segunda mano. Por ahí se podría enfocar algo. Seguir con la venta de entradas a conciertos y espectáculos, que no dejan mucho pero sigue trayendo gente. Fíjate con el alquiler de vídeos: las novedades las tenemos a 1,5 euros, y si tienes bono ¡a 1 euro!; en un buen día alquilamos 15 o 20. A veces me siento como un quiosquero: no vendemos una mierda (sic), pero estás siempre con jaleo. No paras, pero no haces caja.

P. ¿Sois optimistas?

D. Sí lo somos. Como nuestros padres. Lo que pasa es que parece que se acaba una etapa y estamos un poco de bajón. Es por momentos, por días, pero sí, en general, somos optimistas.

No vendemos una mierda, pero estás siempre con jaleo. No paras, pero no haces caja

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