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Los Compadres: “Le tenemos más respeto a la Iglesia que a la muerte en este país”

Los Compadres | ALEX GALLEGOS

Aunque se desconoce su autoría real, Woody Allen decidió apropiarse de la mejor definición jamás escrita para la comedia en Delitos y faltas: “La comedia es tragedia más tiempo”, decía el personaje principal de la película. Para Alfonso Sánchez y Alberto López, conocidos como Los Compadres en toda España, la comedia española es más bien miseria más tiempo.

También lo era para Berlanga y, sobre todo, para Rafael Azcona, el guionista que mejor ha sabido describir las miserias de este país y fijarlas en una sonrisa congelada. Tanto para Azcona como para Los Compadres, la comedia es algo muy serio. Tanto como la muerte. Su última película, estrenada este viernes, se centra en un drama cotidiano que apenas había tenido eco en el cine español: el del opositor, ese joven que sueña con una estabilidad laboral para toda la vida en un país en el que tertulianos y economistas le terminan las frases a los obreros y a los parados a través del televisor.

Sánchez y López, también se terminan las frases el uno al otro. La entrevista se produce en un hotel, antes de que preestrene en Córdoba Para toda la muerte, la primera película de Los Compadres fuera del universo de los personajes que popularizaron. Aquí no salen ni Rafi ni Fali, ni el Culebras ni el Cabeza. Y es curioso, porque su vigencia en un momento de polarización social como el actual es máxima.

PREGUNTA. La Película que estrenáis en unos días es la tercera que hacéis como pareja. Aunque sí que es la primera que abandona el universo de Los Compadres. Aquí hay personajes nuevos, una trama nueva, que rompe con lo anterior. Contadme un poco como ha sido este cambio. Podéis hablar los dos e interrumpiros de compadreo.

ALFONSO. Es otra cosa completamente distinta. Son unos personajes completamente distintos. No compartimos protagonismo en la película. En las dos anteriores compartíamos protagonismo los dos y en este caso el protagonista absoluto es Alberto, con un papel importante. Casi a la misma altura que el de Estefanía de los Santos. Yo me reservo un papel secundario muy divertido, en el que me lo he pasado muy bien. Pero tengo un poquito más de tiempo sobre todo para dedicarme a dirigir la película. Y en el sentido de la comedia, ésta es más negra. En realidad las tres son tres tipos de comedia completamente distinta. La primera es una comedia coral al uso, cuyo referente sería Tarde de Perros o Atraco a las tres. La segunda es un Buddy movie más a la Americana, aunque con muchos tintes de Ozores y también del desarrollismo italiano, de Dino Risi y de la gran comedia italiana. Y en esta tercera nos hemos ido a la comedia negra española pura: Marco Ferreri, Azcona, Berlanga. Y también tiene muchos tintes americanos, porque es un cine del que bebo mucho y que también porque hay un cierto cine que está muy influido por la comedia de Berlanga, Azcona, Jardiel Poncela y Miguel Mihura, como es el cine de Blake Edwards, por ejemplo. Aunque no reniego en absoluto del cine americano del que yo he bebido, como es el cine de Tarantino, que me fascina. Hay mucho de Los odiosos ocho en esta película.

ALBERTO. Sí que es cierto también que es un denominador común dentro del sello y el estilo de Mundoficción que tiene que ver con la parte actoral, y que es el ritmo inculcado a los actores, a la interpretación, a la musicalidad de los textos. Eso sí que es verdad que, independientemente del estilo, de comedia o de estilo de peli, es un denominador común que une a las tres películas y que es muy chulo identificarlo. Porque quieras que no te marca un sello propio de comedia de autor.

P. Es curioso, os vais a la comedia española de Berlanga y Azcona, casi como el propio país, que últimamente se ha vuelto un tanto berlanguiano.

ALF. Yo es que no creo que esté volviendo. No ha salido nunca de lo negro. Lo hemos maquillado de europeísmo, pero no deja de ser un poco de postureo. Yo creo que somos lo que somos y no tenemos que avergonzarnos de lo que somos. Somos un país maravilloso. Ahora mismo estamos haciendo una gira por toda España en la que nos estamos dando cuenta de lo maravillo que es este país y de la diversidad de ciudades, estilos de vida, caracteres… de todo lo que tenemos. Y creo que la comedia negra es una de nuestras joyas y que hemos exportado a todo el mundo. Hablan de la comedia negra anglosajona, pero los reyes de la comedia negra somos los españoles. Con diferencia.

Y claro, España es un país con unas contradicciones brutales. Somos muy de poner etiquetas, de ser de bandos. “¿De qué equipo eres, del Betis o del Sevilla?” Siempre somos de tomar decisiones o elecciones. Es un país de porteras. O sea, hay muchas cosas muy divertidas en nuestro país, muy oscuras, por otra parte, pero también que nos definen. Somos un país muy entretenido y ese entretenimiento genera comedia, por supuestísimo, pero las tres películas que hemos hecho juntos parten de grandes dramas y, en este caso, mezclando un puntito de tragedia con el asesinato de por medio. Aunque El mundo es nuestro ya tenía unos tintes de tragedia curiosos, pese a que no llegó la sangre al río. Pero ahí estaban. Yo creo que es lo más interesante en la comedia. Mientras más grande sea el drama que viven sus protagonistas, más rica es la comedia.

Los reyes de la comedia negra somos los españoles

P. Decías que los británicos y los españoles pueden empatar en comedia negra, pero sí que es verdad que lo que tiene la comedia negra española es un tipo de gag más agridulce, menos cáustico…

ALF. Sí, pero es que creo que somos más finos. Yo creo que la comedia negra española es más fina que la británica. Ellos son más gore. Es cierto que ellos van de finos luego. Se toman el té con el meñique estirado y nosotros somos más de botellín por la mañana. Pero luego es cierto que, a la hora de hacer arte, la comedia negra española tiene un punto de finura extraordinario.

ALB. Y anclada en el legado del siglo de oro. De la picaresca, de la sátira…

ALF. Y de la propia pintura.

ALB. Claro. El arte ahí te da un desarrollo luego más amplio, quizá.

ALF. Te pongo un referente pictórico como Goya. O sea, ¿habrá algo más agresivo, más oscuro, más brutal que la pintura negra de Goya? Pues luego tiene una delicadeza en el trazo, una magia la pintura que es brutal… Y no te estoy hablando de comedia, si no de estética pura. Pero eso lo hemos trasladado muy bien al cine y a las composiciones sobre todo de los personajes. Y no solo en comedia. Porque la oscuridad del cine de Buñuel.

P. Que era alguien que no escatimaba siempre un toque de humor.

ALF. De humor y de elegancia. No hay un director más elegante que Luis Buñuel aunque contara las miserias más extraordinarias. De hecho, Los olvidados, Viridiana, ¿no? Cuentan las miserias del ser humano y la fealdad del ser humano, pero lo cuentan con una belleza estética espectacular y creo que eso es muy español.

P. ¿Cómo os habéis encontrado en este caso? Alberto, has sido el que ha llevado las riendas a nivel actoral. ¿Qué tal sin tu compadre en las réplicas?

ALB. Pues igual de ilusionante que las demás, pero creo que Alfonso ha disfrutado un poco más en la dirección. Ha sido más meticulosa en todos los sentidos. Aunque nosotros realmente nos implicamos siempre al 100% en lo que hacemos, sí que es verdad que al tener tiempo para desarrollarse en la dirección y que tenía ganas de no estar en el 90% de las secuencias de una peli, como en las anteriores… Supongo que él ha dicho: “Voy a disfrutar más la dirección. Me voy a parar más en la interpretación, en corregir, en detalles…”. Y eso para un actor que se entiende con el director, que somos compadres, pero nos exigimos y nos respetamos y si tenemos que discutir algo lo discutimos… Pues eso para un actor es muy difícil que se te de con otro director. Sobre todo cuando ves que es su momento y sientes que de alguna manera él siente que por primera vez tiene tiempo para explayarse con todos los departamentos. Aunque la peli se haya rodado en poquito tiempo, porque, tu sabes, en el cine independiente siempre tienes que apretarte un poco más en los tiempos.

Somos un país muy entretenido y ese entretenimiento genera comedia

P. ¿Hay otro cine en España que no sea independiente?

(se ríen)

ALB. Hombre, pregúntale a mis amigos de Mediaset o Atresmedia o a los actores que van al Hormiguero.

P. Correcto.

ALB. Jaja. Sí. En este caso, hemos compartido la ilusión y hemos ido hombro por hombro todo el camino. Y yo he disfrutado un montón la verdad. También es verdad que me ha exigido más que otras veces, pero lo agradezco.

P. La película hace humor sobre la muerte, que evidentemente es humor negro porque no hay otra forma de acercarse a la muerte. Y eso que en Andalucía los funerales son una cosa muy seria. Casi un teatro propio.

ALF. Bueno, no solo los andaluces. Yo creo que el Mediterráneo es la cuna de la dramaturgia y del teatro. Grecia, Roma y España somos los grandes. Luego los ingleses evidentemente lo desarrollaron mucho a través de Shakespeare. Pero fíjate, con muchas referencias del Mediterráneo y muchas de sus obras ambientadas en el Mediterráneo. Es cierto que es el sitio en el que la vida se hace más palpable. Y por la vida me refiero al conflicto Eros/Tanathos, que es lo que mueve al fin y al cabo las pulsiones. Lo inevitable. El sexo y la muerte es lo que mueve la acción teatral desde el principio de los tiempos. Sí que es verdad que en España el rito sobre la muerte se mantiene. Pero mira, anécdotas que ocurren: Nosotros llegamos a Cádiz a inaugurar la gira que hemos hecho por toda España y casualmente paramos en la primera emisora de radio donde teníamos la primera entrevista, no recuerdo ahora el nombre…

ALB. Era un polígono industrial en Cai.

ALF. Pues paramos la furgoneta en el primer sitio y el sitio donde paramos fue en la puerta del tanatorio de Cádiz. Con una furgoneta que está serigrafiada con el título de la película: Para toda la muerte. Claro, y la gente pasaba y nos decía: “¿Qué sois de una funeraria?”.

(risas)

ALF. Ahí está la comedia. La comedia es esa. Ahí surge la comedia, de la situación.

ALB. De situaciones así y también viviendo funerales como hemos vivido en ambos casos. Pero fíjate, yo creo que le tenemos más respeto a la iglesia que a la muerte en este país. Es algo muy latino. Porque luego, cuando has hecho el sepelio y la misa y tal, camino del hoyo, en la familia siempre hay un chiste o una broma. Eso es algo muy español. Y yo creo que la Iglesia ha marcado un respeto y un miedo y un no puedo entrar ahí… Y a lo mejor, pueblos más liberados de una Iglesia tan intensa y tan machacante viven la muerte de otra manera.

ALF. De una manera más natural.

P. Es curioso porque esta semana se ha muerto Terry Jones, como seguro que habréis llorado…

LOS DOS. Sí, sí.

Mientras más grande sea el drama que viven sus protagonistas, más rica es la comedia

P. Creo que ha sido Rafalcor el que colgó el vídeo del funeral de Chapman, en el que las intervenciones de John Cleese y Eric Idle eran desternillantes.

ALF. ¿El irlandés? No.

ALB. Sí, cuando murió el primer Monty Pythom. Fue cuando murió el primero.

P. Justo. Yo es que no me imagino aquí un funeral así. Pero claro, de entrada es que es un funeral laico y en España a duras penas hay sitio para hacer un funeral laico.

ALB. Cuando murió el primer Monty Pythom ellos ya estaban separados y después empezaron una gira. Y en vez de cambiar el cartel, lo que hicieron fue tachar la cara del que había muerto. A modo de homenaje y de coña.

ALF. No sé, es que forma un poco parte de eso. Y si te puedes reír de la muerte ya te puedes reír de cualquier cosa porque no hay más.

P. Luego están los que están muertos en vida, que son los opositores que se tiran su tiempo opositando. ¿Eso cuenta como una especie de muerte en vida?

ALF. Mis respetos y admiración absoluta. Para mí son los grandes héroes que además mantienen todo el sistema de funcionariado de este país. Me parece una heroicidad el hecho de pegarte ocho años sin vida social, enclaustrado, enfrentándote a un temario de cientos de páginas… Y además sin la seguridad real de que vayas a sacarlo. Porque es que hay gente que aprueba y no puede sacarlo. Con sobresaliente y no tienes plaza. O sea, me parece… Que nada te asegure la plaza me parece… Yo no me veo capacitado para hacer una gesta así.

En esta película he tenido ejemplos de gente cercana a mí, concretamente una persona de la familia, que estuvo sacándose una oposición y que al final obtuvo la plaza y, claro, a mí me parecía fascinante. Hay gente que incluso se pone horarios para ir al baño. Para que no le vengan ganas y tenga que interrumpir un proceso en el que está estudiando una cosa concreta… O sea, me parece… Yo no soy ni tan organizado, ni tengo tanta fuerza de voluntad.

P. Y seguro que vuestros familiares y amigos alguna vez os han planteado eso de “dejad las peliculitas y sacaros una oposición”.

ALB. A mí continuamente. Y hay veces que te ven a lo mejor más titubeando. Te notan. Lo que pasa es que tú entiendes los procesos. O sea, yo sé cuando esto para, cuando se reanuda, y esto es así para todo el mundo. Menos para los actores que están y tal… Pero todavía, ya menos, pero mi madre de vez en cuando viene con: “oye, y buscarte algo que tú te sientas, que tú digas…”. Y yo es que no podría. No por . Es que no sería capaz de llevar esa rutina.

ALF. En mi familia había una frase muy curiosa. Estaba el que te decía directamente “sácate una oposición”. Pero había la frase típica que era: “La hija de Antoñita la del cuarto se ha hecho una”… Te ponen como ejemplos.

P. En mi caso era “ha salido una plaza de periodista en la Diputación”.

ALB. Sí, y tú luego vas y solo para echar el papel ya te das cuenta de que para estar tienes que servir. Tienes que tener la cabeza muy ordenada, porque yo no me veo yendo de aquí a aquí, de ocho a tres y de cinco a ocho, de lunes a viernes.

Yo creo que estamos más en el estado del malestar

P. Lo que está claro es que todos tenemos a alguien que sí que lo ha hecho.

ALF. Sí. Esta historia parte de eso.

ALB. Yo tengo un primo que es profesor en una universidad.

P. Esto del opositor es un personaje del que desconozco si hay referentes previos. Yo no conozco ninguno.

ALF. Pues no. No sé yo en el cine así… No recuerdo ninguna película que trate este tema. Hay una italiana que se llama Un italiano en Noruega, que fue un taquillazo allí. Es la historia de un funcionario. No es un opositor. Es un funcionario al que van a echar y como es funcionario y no lo pueden echar, pues lo mandan a Noruega para putearlo. Y ha sido un taquillazo. Es como el ocho apellidos de allí. Y yo la vi en su día y es muy divertida y está guay porque cuenta el mundo del funcionariado, pero es verdad que aquí en España no se ha tocado.

P. A la hora de construir el personaje del opositor, en realidad tienes mucho en lo que inspirarte porque la nuestra ha sido una generación a la que se le prometió que estudiar abría puertas y que luego se las encontró cerradas.

ALF. Bueno, en realidad, más que inspirado en eso está inspirado en la desesperación que tiene en el año 2020 cualquier persona en España para llevar un sueldo decente a su casa a final de mes. O sea… ¿Dónde quedó el mileurismo? ¿Cuánta gente cobra menos de mil euros? ¿Cuánta gente tiene que tener dos o tres trabajos? Esas eran cosas de ciencia ficción. Pasaban en Hungría y en otros sitios y no, está pasando aquí en España. ¿Cuánta gente está aterrada porque no puede reclamar sus derechos en su trabajo porque le van a despedir y no le van a dar indemnización y encima el patrón le dice que hay 20 esperando para coger el puesto? Claro, esa situación genera una ansiedad cotidiana en una ciudadanía de un país que es un caldo de cultivo ideal para contar esta historia de desesperación. Porque al fin y al cabo tienes que tener un personaje como José Vicente para llevarlo al límite real de intentar querer matar a una personaje: Son ocho años de opositar, con una familia que no es la tuya, en un país sin oportunidades… O sea, hay muchos condicionantes que hacen que la historia sea creíble, dentro de la locura que es. Porque es una historia que es una peli, no es un documental. Es una ficción.

ALB. Sí que es cierto que, independientemente y sumando todo lo que habla Alfonso, con la composición y los referentes, hay algo que es brutal que son los foros. O sea, tú te metes en un foro y flipas.

ALF. Es brutal.

ALB. Esto es muy positivo para los actores. Porque independientemente de lo que ves en las noticias, en la calle, en los periódicos, y de toda la carga emocional del imaginario que tú ya tienes con el día a día laboral de un país, pues le sumas los foros. Los foros son brutales para un actor porque la gente se explaya desde la intimidad. Y eso son cosas que tú preparándote un personaje como antiguamente… Antes hacías de médico y pedías permiso e ibas y veías a los médicos y charlabas con ellos. Pero en la intimidad de tu casa tú te expresas de otra manera. Hay cosas que serán ciertas y cosas que serán menos ciertas, pero el foro de lo opositores es un mundo en sí. Hay gente que recomendaba bolis. Bolígrafos, porque visualmente tenían un color. Bolis de esta marca y de este color. “En la papelería tal los venden”. Bolígrafos que relajan. Libretas que…

ALF. Es la fórmula 1 del opositor. Es como un segundo que puede marcar la diferencia. Realmente ése es el nivel. Es que una milésima de puntuación en una examen es la línea que te separa de la seguridad para el resto de tu vida a la nada. Entonces, hostia, invertir a ese nivel, me parece ¡uff!

Si te puedes reír de la muerte ya te puedes reír de cualquier cosa

P. Nosotros cada vez que sacamos una noticia de que se convoca una oposición o tal, automáticamente se lee de la hostia.

ALB. ¿Es la más compartida no?

P. También. Los comentarios son todos de los de “prima, mira esto”.

ALF. ¿Habéis visto la noticia esta de las oposiciones a Correos? 166.000 opositores para 4.000 plazas de correos.

ALB. Que se quedan 162.000 fuera.

P. Como si se presenta la mitad de Córdoba y suspende.

ALB. Es que hay gente que piensa que va a encontrar un trabajo y no lo encuentra. Y de pronto son 162.000 personas que estaban estudiando, pero con vocación y esperanza de ir a trabajar.

P. Y nos dicen continuamente que si quieres, puedes. Y que si estudias conseguirás un trabajo.

ALF. Eso nos habían dicho y nos hablaban del estado del bienestar. Yo creo que estamos más en el estado del malestar.

ALB. Ya no se escuchaba eso.

P. Como dirían Los Compadres, España está llena de tiesos. Ahora, ese arquetipo del tieso que vosotros tan hábilmente dibujastéis hace ya diez años con el humor tiene un reflejo en el concepto de aporofobia.

ALF. Hombre, Los Compadres empezaron hablando también del cambio climático. Eso te da una medida de lo que hacemos. Nosotros lo que intentamos es analizar qué va a ocurrir.

P. Pues lo habéis clavado bastante en muchos aspectos.

ALF. Bueno, durante un tiempo me planteé echar la lotería para ver si así me va mejor.

(risas)

ALF. Pero no, es una manera de analizar un poco el país, de analizar lo que somos…

ALB. Y lo que hemos sido, también.

ALF. Si tú miras las conversaciones de Los Compadres de hace diez años parece que están hechas anoche.

Los foros son brutales para un actor porque la gente se explaya desde la intimidad

P. Es que clavasteis un arquetipo que entonces estaba oculto…

ALF. Nadie hablaba de eso.

P. Y que ahora está completamente a cara descubierta y casi desatado.

ALB. Desaforado.

ALF. Esta última película está escrita en el año 2014. Estamos en el año 2020 y parece que fue ayer. Entonces, tiene la misma vigencia o más de la que tenía en 2014.

ALB. Es un poco analizar el país en el que estamos y también leer un poco analistas económicos, ver el histórico que tenemos como país.

ALF. Y sentir el impulso de la calle. A mí me gusta mucho hablar con la gente, ir a un bar y tomarme algo, tener una conversación con un panadero, con un funcionario, con un profesor de universidad. O sea, intentar estar en el día a día, que es donde creo que están las mejores historias. Muchas veces nos pasa a los artistas que estamos demasiado en la historia que queremos contar en vez de estar en la historia que tenemos que contar.

P. Y que vivir.

ALF. Creo que hay un poco de: “Lo que me interese a mí es lo importante”. Yo creo que lo importante es lo que le pueda interesar al público. Si unes lo que te interesa a ti con lo que le interesa al público, es mejor, ¿no? Bueno, son herramientas porque sí que es verdad que, al final, sí que tenemos una responsabilidad como artistas total. O sea, tenemos una responsabilidad brutal como artistas que es fomentar el espíritu crítico. Porque desgraciadamente, a través de la educación cada vez se fomenta menos. Cada vez somos más máquinas en ese sentido.

P. El humor te permite llegar a esa risa que se congela un segundo.

ALF. A la reflexión, a la catarsis. A que no salgas del cine igual que has entrado es el fin último del arte.

P. Sí, porque en lo económico con el cine seguiréis siendo unos tiesos.

(risas)

ALF. Hombre, según con quién me compares. Si me comparas con una persona que se está jugando la vida para venir y que se muere en el Mediterráneo soy un absoluto privilegiado.

P. Y aunque no se muera. ¿Pero si te comparo por arriba?

ALF. Si me comparas con un Borbón, evidentemente soy un tieso.

P. ¿A quién se le ocurrió la idea de Youtube?

ALB. Al Festival de Cine de Gines. Un festival fue. Nosotros no pilotábamos de Youtube ni de nada. Nosotros veníamos de la desidia absoluta. O sea, veníamos de una época muy buena en la que había dinero a espuertas y en la que todo el mundo… ¡Coño! vino una colega música a vender un chelo, que ella trabajaba para una sinfónica en Holanda o en Bélgica. Total, que se retiró y le compraron su chelo aquí y vino a Sevilla y la atendimos. Y me dijo: ¿Oye, que pasa aquí en España, que regalan los BMW o qué?

(risas)

Las conversaciones de Los Compadres de hace diez años parece que están hechas anoche

P. A principios del 2000 recuerdo que había decenas de productoras audiovisuales en Sevilla.

ALB. Pero en Sevilla, Cádiz… O sea, había pasta a espuertas en toda España. Y hacíamos giras europeas. Nosotros conectamos con una fórmula de puta madre que era fusionar el circo con el flamenco… Total, Portugal entero, Casablanca, Rabat, todos los festivales de flamenco de Francia. O sea, giras gordas. Montar empresa, comprar furgoneta, comprar microfonía, furgoneta para pasajeros. De decir: “Hostia, tenemos una compañía de la hostia”. Y de repente: ¡Paf! Desaparece todo el dinero que se nos debe en España. 14 o 15 ayuntamientos a 8.000 pavos cada uno. De pronto te desaparecen 100.000 pavos. Y tú con 2.000 pavos en letras. Todo eso se desmorona entre seis y doce meses.

Y eso se alarga un poco, aparece la desidia, y ya es como: “Hostia, no hay curro, no hay dinero, no me llaman. Un año, otro, tres o cuatro”. Y en esos años, un ayuntamiento te paga y puedes sobrevivir. Te sale un bolo. Te sale una cosita. Pero éramos víctimas de la desesperación. Y ahí Alfonso tenía una idea. No nos conocíamos. Nos conocimos antes de grabar el primer cortometraje.

P. ¿Ah sí?

ALB. Bueno, de vista, de hola y adiós. Era muy amigo de una de mis socias y nos veíamos pero de hola y adiós, nunca nos parábamos a hablar. No nos conocíamos, vaya. Somos dos tipos bastante secos en la distancia y luego cuando nos conoces somos más normales. Yo no sé, soy muy mío. Era como “Hola, que tal”.

ALF. Adiós, adiós.

P. Y los personajes los trabajasteis juntos.

ALF. Sí claro, hubo un proceso de creación desde el minuto 1. Él tenía sus referentes, yo los míos. Trabajamos el texto. Hicimos un trabajo muy exhaustivo.

ALB. La situación y el texto ayudaba a lidiar con los personajes.

P. Encerraban la rabia de lo que habíais vivido en vuestra propia piel.

ALF. Claro. También por el origen que tenemos.

ALB. La idea del Culebras y el Cabeza funciona mucho, aparte de por el talento de Alfonso como guionista y como director, por toda la rabia contenida que teníamos por todo lo que había pasado. Es decir, usamos al Cabeza y al Culebra como catarsis para escupir toda la mierda que había pasado en España y que había arruinado a miles de familias. Tú veías como la gente de pasta seguía teniendo pasta y la gente… Iyo, como el corralito pero sin el espolio. Pero muy parecido.

ALF. De ahí viene El mundo es nuestro.

ALB. Y de la peña con pasta saliéndose de la construcción y metiéndose en la hostelería. “No, voy a montar un hotel”. Claro, el bisnes pa vosotros no ha desaparecido.

P. ¿Qué sería ahora del Culebras y el Cabeza?

ALF. Estarían ahora mismo inspirando a Rosalía.

P. Hostia, pensaba que en esta entrevista no iba a salir.

ALB. Estarían de palmeros. De guardaespaldas de Rosalía.

Que no salgas del cine igual que has entrado es el fin último del arte

P. ¿Qué opinarían ellos del fenómeno de Rosalía?

ALF. Hombre, estarían encantados. ¿No has escuchado el último tema? El “Te lo juro”, ¿no? “Mientras estés encerrado te lo juro que te espero”. Es una canción perfecta para El culebras y el cabeza.

ALB. Recorrer el mundo con tías buenas, cobrando y en chándal. Rosalía es el sueño del culebras y el cabeza.

(risas)

P. Hablando de catalanes, me acuerdo ahora de cuando fuisteis a Buenafuente.

ALF. No. Nosotros no estuvimos.

ALB. Estuvieron Rafi y Fali.

(risas)

ALF. Es así. Si hubiera sido de otra manera, igual…

ALB. .., No estaríamos hablando de ello.

P. Pues Rafi y Fali dijeron una cosa que me resultó muy interesante, que era que en internet no había censura.

ALF. ¿Eso dijeron?

P. Eso dijeron.

ALB. Imagínate qué época.

P. 2012. No sé si estáis ahora de acuerdo con ellos.

ALF. Pues es cierto. No la había. Y de hecho, nosotros vivimos un momento en el que no había ni un boom tan grande como el que hay hoy de redes sociales ni una inmediatez tan grande como había. Fue el arranque de todo y es cierto que igual no sé cómo funcionarían ahora unos personajes así… Bueno, sí lo sé. Rafi y Fali hace un año y pico hicieron 250.000 espectadores en el cine y es una de las pelis más vistas de las plataformas digitales, con lo cual siguen teniendo vigencia y siguen teniendo público y siguen funcionando.

¿Lo de la censura en internet? Yo creo que la censura es la calidad. La censura es la artesanía. El arte no debe tener censura, como tampoco se debe censurar la opinión de la gente. Otra cosa es judicializar las cosas. Eso es otro tema. Pero evidentemente, las redes sociales están para eso. Y si alguien se quiere molestar tu chiste, sea verde, blanco o negro, pues tiene toda la libertad porque de eso va el juego. Igual que tú tienes toda la libertad de hacer el chiste que tú quieras. Antiguamente nos tiraban tomates y hoy te ponen un tuit. Lo que no se puede hacer es actos violentos, amenazas, judicializar.

ALB. O un piquete en una puerta de un teatro.

Recorrer el mundo con tías buenas, cobrando y en chándal. Rosalía es el sueño del Culebras y el Cabeza

P. La cosa es que estamos viendo todo eso.

ALF. Sí, pero bueno, ¿para qué vale? O sea, ¿para qué vale un boicot a la peli de Amenabar? Para que haga un millón o dos millones de espectadores.

P. Auténtico efecto Streisand.

ALF. Pues nada, ojalá nos boicoteen la película.

ALB. Un boicot de opositores y funcionarios, ¿no? En plan: “Hijos de puta, se están riendo de nosotros”.

(risas)

ALF. Coño, quien sea. Como todos los funcionarios de España nos boicoteen puede ser un hit.

P. Hablando de censura y redes, os pregunto por Pérez Reverte, ya que vosotros llevasteis Patente de Corso a los teatros y no sé si os planteáis hacer una segunda parte.

ALF. Muy buena pregunta. Podría haberla perfectamente. Aquello fue espectacular. Una media de 800 o 900 espectadores por bolo. Una locura.

P. ¿Aquí no habéis venido nunca no?

ALB. No. Hemos venido a Pozoblanco. Lo más cerca. Con Los Compadres.

ALF. Eso hay que preguntárselo a los del Gran Teatro. ¿Por qué no nos han querido en el Gran Teatro? Preguntádselo vosotros, que sois de Cordópolis.

P. Seguro que nos leen el domingo que salga la entrevista, hombre.

ALF. Vosotros se lo preguntáis de nuestra parte. Porque es cierto que no nos han querido en el Gran Teatro de Córdoba. No pasa nada. Bueno, sí pasa, porque hay mucha gente en Córdoba que nos dice: “Tío, no venís a Córdoba nunca”.

ALB. Cuando presentamos la gira y vemos las ciudades siempre hay mensajes de “otra vez que no venís a Córdoba”. Pero es que no está en nuestras manos. Con lo que decías antes de los artículos, mola que como periodista pienses en eso, porque nosotros es verdad que nos quedamos con la sensación de que había tanto repertorio y tan interesante en la obra periodística de Arturo que se merecía una continuidad.

Si te censura la industria como le ha pasado a Willy Toledo ahí se acaba todo

P. Hay muchas columnas que han envejecido de puta madre y que él además suele tirárselas en la cara a los que le increpan en redes acusándolo de oportunista.

ALF. Y tantos espectáculos. O sea, elegimos uno, que fue el Tratado del Hijputismo ibérico. Se podría haber hecho, incluso lo pensé, hablando con Alberto, un patente de corso con dos chicas. Hacerlo con el punto de vista femenino.

P. Eso hoy sería absolutamente transgresor.

ALF. Y sería fantástico porque Arturo muchas veces es tachado de machista y es una cosa completamente absurda y que implica que no has leído a Arturo. Pero bueno, son cosas que al final están ahí. Los americanos tienen para eso la frase de shit happens.

P. O What a time to be alive.

ALF. Sí. Totalmente. Son la hostia los americanos. Tienen otro dicho que es Don´t you think about park here. O sea, ya no es que aparques mal. Es que ni se te ocurra aparcar.

ALB. No tienen refranes, tienen dichos.

ALF. Son la leche. Te imaginas al del Parking con una pistola esperándote… No, pero hay mucho. Arturo tiene mucho por hacer. O sea, fíjate, cada vez que saca un libro se lo digo: ¿Hacemos una peli de éste? Y dice: No.

P. Y además creo que acaba de salir el dato de que es el autor más leído en 2019. De alguna manera, antes de Twitter, todo era Patente de Corso.

ALF. Totalmente. Y luego, aparte, es un tío que, aunque la gente piense que es extraordinariamente soberbio, para nada. Es un tío que escribe como dios y nunca va de eso. O sea, un libro como Sidi es una obra maestra y él te habla como si fuera un libro más.

P. ¿Vosotros alguna vez os habéis autocensurado?

ALF. Cada día en la mente. Te autocensuras cada día.

ALB. En la teoría. Luego en la práctica diaria no.

ALF. ¿De pensamiento, no? Lo de omisión no lo entiendo. A mis 41 años, lo de omisión no lo he entendido. Pero sí, claro, te censuras de pensamiento pero inmediatamente luchas contra eso porque tienes una responsabilidad como artista que es ser libre. Decía un maestro mío, José Carlos Plazas, que para ser artista, para ser actor y para dedicarse al teatro, hacía falta valentía y sensibilidad. O sea, esa sensibilidad que te empuja a la autocensura y esa valentía para romper la autocensura y contar las cosas en el límite y poder hacer reflexionar. Si te quedas en la zona de confort. Es ni chicha ni limoná. El arte es riesgo. Y sin riesgo no hay ganancia y no me refiero a la económica.

(Sobre la censura) Antiguamente nos tiraban tomates y hoy te ponen un tuit

P. ¿Quizá la censura hoy en día está más marcada por el veto económico que por el artístico no? El miedo a lo que dejas de ganar tiene más peso en las decisiones.

ALF. Sí. Claro. Evidentemente.

ALB. Hombre. Si te censura la industria como la ha pasado a Willy Toledo ahí sí que se acaba todo. No sé el hombre de qué vivirá. Una cosa es que te censure el público y tú más o menos te bandees y te reinventes y pase la moda y tú te reubiques de nuevo en la profesión al año o a los dos años… Pero cuando te censura la industria dices: Vamos a lo económico, a lo que lo revienta. Ni juicios, ni movidas, ni tal. Es como “no tengo curro en este país”.

P. Vosotros, en cualquier caso, no os cortáis. Acabo de ver el recadito del año pasado a la academia por no poner vuestro nombre en los créditos del vídeo. ¿Este año vais a Los Goya?

ALB. Bueno, ahora mismo no tenemos nada en Los Goya por lo que ir. Ellos celebran la gala en Málaga y nosotros estamos hoy en Córdoba y mañana en Huelva. Es que no nos da. Estamos vendiendo nuestra peli. A lo mejor si estuviéramos nominados sí que íbamos. Pero tampoco tenemos ninguna película este año. Igual el año que viene Para toda la muerte le gusta mucho a los miembros de la academia. Pues mira, estupendo. Si nos pilla bien pues iremos. Si tenemos trabajo y no podemos ir, pues mandamos un vídeo. Ya veremos. Esto es cada día. Se entiende. Es que Los Goya son mucha gente. Se habla de Los Goya como una cosa…

P. Este año, también muchos andaluces. El 25% de los nominados son andaluces.

ALF. Pues mira que maravilla. Mira que bien. Ole que ole.

P. ¿Vosotros alguna vez habéis sentido que se os menosprecie por ser andaluces?

ALF. ¿Menospreciados por ser andaluces? Hostia. Puf. Bueno, pues yo que sé. Nos han pasado muchas cosas.

ALB. Nos han pasado cosas, pero a veces es más el no estar en los núcleos de producción y de relaciones personales que ser de un sitio. Porque hay gente andaluza que vive en Madrid y triunfa en Madrid. No es que te ninguneen, pero te cuesta más…

P. A eso me refiero, que para triunfar haya que irse a Madrid. Que le pasa igual a los flamencos.

ALF. Sí, pero si vives en Pozoblanco, probablemente es más difícil que triunfes que si vives en Córdoba. Son cosas lógicas. Porque el centro de producción está en Madrid. Y muchas cosas no se mueven solo por el talento, sino por cercanía. ¿De quién te acuerdas? Del que has visto en una fiesta. Igualmente, a mí sí me han pasado cosas curiosas. A mí me han dicho: “No puedes entrar en este casting porque no hay ningún personaje andaluz”. Y dices, hostia, que curioso, pero si yo soy actor y puedo hacer de cualquier otro sitio. De hecho en Alatriste hacía de un tío de Huesca. Y había gente oscense que me decía: “Tío, es la hostia como haces de Huesca”. Coño, es nuestro trabajo al fin y al cabo. Muchas veces no sabes si son excusas. Pero igual creo que no tiene que ver tanto con el carácter como con una cuestión económica.

P. Pero me sorprende que en un mundo interconectado en el que lo local parece cobrar tanto peso, para triunfar haya que coger la maleta e irse a Madrid.

ALB. Globalizada está la economía. El individuo no.

ALF. Pero no solo actores. Y médicos, ingenieros, arquitectos… Todos. Pero es que no hay industria al final. Por ejemplo, en el cine, es que no ha habido una industria andaluza capaz de mantener a la gente aquí. Y cada uno trabaja en su rollo. Eso sí, lo que está claro es que tenemos ahora mismo los mejores técnicos de España. Y se está demostrando por las nominaciones y por todo. Se nos rifan en todas partes. Tenemos lo mejor aquí. Gente muy formada. Y lo que sí ocurre es que se sorprenden mucho y dicen: “¿Cómo sois tan buenos si no tenéis ni una industria ni unas escuelas?” Bueno, pues porque somos extraordinariamente trabajadores y hay muchísimo talento. Si además, eso se acompañara con un proteccionismo por parte del gobierno andaluz, con una ley del cine que se pusiera en marcha y contara con incentivos fiscales o con unas condiciones que hiciera que creciera la industria y se mantuviera, pues eso haría que hubiera que salir menos y, no es una cuestión de que se nos tomara en serio, sino de que haríamos más productos cien por cien andaluces. Porque hablamos de nominados andaluces, pero no son productos cien por cien andaluces, como ya sabemos. Son proyectos participados por empresas andaluzas.

Si hubiera una conciencia de andalucismo nos iría muchísimo mejor

P. ¿Y no percibís en estos momentos una especie de impulso a la conciencia cultural en Andalucía?

ALF. Pues debería.

P. Sobre todo desde el humor. Hay muchas páginas que se ríen de los mesetarians.

ALF. Se empieza por el humor. Pero yo creo que tiene que haber una conciencia de andalucismo. Somos nueve millones. Nueve millones de consumidores si hablamos en términos económicos, nueve millones de votantes, si hablamos en términos políticos, nueve millones de ciudadanos si hablamos en términos sociales. O sea, creo que es un volumen de población bastante importante. Entonces, si hubiera una conciencia de andalucismo nos iría muchísimo mejor. No hablo de independencia. Hablo de andalucismo. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Es una manera de querer defender nuestro patrimonio, nuestro mercado, nuestra idiosincrasia diversa. Porque no tiene nada que ver una persona de Sevilla con una de Almería, aunque seamos hermanos. Creo que sería importante que empezáramos a tomárnoslo en serio.

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