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Esnáider prepara su receta en un escenario de desafíos

Esnáider gesticula durante su primer entrenamiento con el Córdoba. FOTO: MADERO CUBERO

Paco Merino

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El argentino se propone reactivar al Córdoba para afrontar una frenética carrera hacia el 'play off'

Ex melenudo y ahora pelado, como Paco Jémez. Jugador legendario en la historia del Real Zaragoza, como Paco. Tipo visceral, expresivo y de marcado carácter, como Paco. Sin apenas experiencia en el mundo de los banquillos profesionales, como Paco. Con ambición por hacerse un sitio en el gremio de los técnicos, como Paco. Pero es Juan Eduardo Esnáider y seguramente no convenga, en principio y aunque sólo fuese por higiene mental, establecer comparaciones con el entrenador más exitoso que haya tenido el Córdoba en los últimos decenios. Aunque el primero en hacerlo, que todo hay que decirlo, fue el mismísimo presidente, Carlos González, quien en unas declaraciones a Cordópolis horas después de despedir oficialmente a Berges ya expuso las similitudes entre el gladiador del Zumbacón y el alemán -su familia proviene del Volga, con el apellido Schneider- de Mar del Plata. Uno era defensa central y el otro delantero centro. Ahora uno está de moda en el Rayo Vallecano y otro agarra el desafío de llevar al Córdoba al mismo sitio que el curso pasado, en su primera gran experiencia como entrenador. ¿Su receta? Ya se ha podido vislumbrar alguno de los ingredientes en la primera comparecencia pública, su sesión inicial al mando de una plantilla que tendrá que adaptarse a las exigencias del nuevo jefe. Intensidad, presión, correcciones, nervio... Como Paco. Pero esto es otra historia. Esnáider afronta un panorama distinto, complejo y motivador si uno es amante de la gestación de milagros deportivos. Que existen, como bien sabe el técnico argentino y como le recordarán algunos cordobesistas a propósito de las experiencias al límite que el club blanquiverde ha vivido.

¿Qué se encuentra Esnáider? En primer lugar, un equipo bajo sospecha. Capaz de alternar actuaciones notables -goleadas al Almería y Sabadell- con despliegues de indolencia -duros reveses ante el Real Madrid Castilla y el Guadalajara- en el último mes, el Córdoba precisa una reconducción en su actitud. Más allá de los tópicos que hablan del efecto revulsivo por la llegada de un nuevo mando, le corresponde al grupo dar un paso al frente y desplegar lo mejor de sí para protagonizar un final de récord: faltan 27 puntos y perder un par de partidos puede resultar fatal. Las pintadas en los muros de El Arcángel que los operarios del club borraron a primera hora del lunes son reflejo del estado de la afición, que ha expresado su frustración por ver cómo se diluye la ilusión por el play off.

Ahí está otro de los aspectos que tendrá que manejar Esnáider. La imagen que presenta el Córdoba en la clasificación no es tan mala como podría pensarse por algunas de sus más recientes actuaciones. De hecho, tal y como recalcó en su despedida Rafael Berges, el equipo está a sólo un punto del octavo, a dos del séptimo y a siete del sexto. Ahí es precisamente donde quedó clavado la campaña pasada. Con nueve partidos por delante frente a adversarios situados por debajo en la clasificación, el Córdoba debe recibir en El Arcángel a la Ponferradina y a la UD Las Palmas, en dos duelos de trascendencia máxima. Si el Córdoba logra mantener opciones razonables de alcanzar la sexta plaza a falta de tres jornadas se podrá considerar como un éxito. Si consigue meterse dentro del grupo de los escogidos, habrá locura colectiva en la ciudad.

En la ciudad, en la masa social de fieles y en los que pueden sumarse al calor del interés, está otra de las variables de la ecuación que manejará Esnáider. El público blanquiverde tiene propensión a ilusionarse a poco que encuentre un motivo válido al que agarrarse. “El mundo parece un lugar totalmente distinto después de dos victorias seguidas”, dijo el ex internacional escocés Gordon Strachan. Cualquier futbolero suscribe su afirmación. La afición cordobesista ha conseguido ejercer un efecto estimulante de primer nivel en sus jugadores en multitud de ocasiones, ya fuera para sacar adelante una sufrida permanencia o para empresas de mayor calado. Los llamamientos han comenzado y los mensajes de unión se acentuarán en las próximas horas. Los inició, en su versión más puramente cordobesista, el despedido Berges señalando con un nudo en la garganta el escudo que tenía en el panel de la sala de prensa. El partido del domingo frente a la Ponferradina arrojará luz sobre el dilema del Córdoba. Es el más importante de la temporada. Otra vez.

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