Cuando disfrazarse en Carnaval estaba penado por la ley

Carnaval de Córdoba en los años 70 | PEPI IZQUIERDO

En plena Restauración borbónica y apenas dos años antes de que Miguel Primo de Rivera irrumpiera en España e impusiera su dictadura, la sociedad española ya vivía con ciertas limitaciones que provenían, fundamentalmente, de los bandos municipales y de las leyes que se promulgaban. Bajo el yugo del orden civil y de una libertad mal entendida, la fiesta del Carnaval también vio muy restringida su actividad ya que fue en 1921 cuando se prohibió usar máscaras y caretas en la vía pública.

Este hito en la historia del Carnaval se produjo con Francisco Fernández de Mesa Porras, alcalde de Córdoba durante apenas un año: de 1920 a 1921. El 13 de enero de 1921, una Real Orden recogió la prohibición expresa de utilizar “máscaras con careta en las vías públicas” y de crear “grupos o corrillos”. Dada la inminente celebración de la fiesta, Fernández de Mesa difundió un bando municipal en el que pidió a la ciudadanía “el estricto cumplimiento de la prohibición” so pena de ser multada o detenida.

Pero, ¿por qué se llegó a prohibir el uso de disfraces? Según recoge la Real Orden, este hecho se produjo, especialmente, por dos cuestiones. En primer lugar, dadas “las numerosas quejas elevadas en otras ocasiones” referidas especialmente al lugar en el que se celebraba la fiesta. Una situación que interrumpía “la vida normal de las poblaciones por la desorganización del tráfico rodado, del acarreo de mercancías y de la libre circulación de peatones”.

En segundo lugar, las quejas de los ciudadanos provenían “de los desmanes cometidos por las máscaras en la vía pública” por lo que la autoridad competente buscaba “dar a la diversión un carácter más en armonía con la vida moderna y con la forma” en que se celebraba esta misma fiesta “en otras poblaciones del extranjero”. En definitiva, lo que se pretendía a través de esta orden era que “se interrumpiera lo menso posible la vida normal de la población”.

Tal y como explican desde el Archivo Municipal de Córdoba, que se encuentra en un proceso de recuperación de documentos de la época, hubo ciudades en las que se dispusieron de lugares especiales para que, todo aquel que lo desease, pudiera disfrazarse sin miedo a ser multado. Fue el caso de Albacete, donde se habilitaron un paseo y un parque para que la población paseara disfrazada. Eso así, con la particularidad añadida de que sólo podían hacerlo las mujeres ya que los hombres tenían terminantemente prohibido disfrazarse.

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