Concha Velasco, en la piel de una estremecedora Juana ‘la Loca’

Concha Velasco, en una escena de 'Reina Juana'. | SERGIO PARRA

Las tablas del Gran Teatro están preparadas para recibir a una de las intérpretes de mayor reconocimiento en España. De hecho, llega menos de un mes después de obtener su flamante y segundo Premio Nacional de Teatro. Concha Velasco vuelve a Córdoba como protagonista de la obra Reina Juana, un monólogo escrito por Ernesto Caballero y dirigido por Gerardo Vera -lo que constituye todo un trío de ases de la escena española-. El texto, así como su representación, ofrece un emocionante retrato de Juana la Loca. El principal espacio escénico de la ciudad acoge este sábado, a las 20:30, la única función programada, para la que ya están agotadas las localidades.

En el escenario, Juana I de Castilla, hija de los Reyes Católicos, madre del emperador Carlos I de España y V de Alemania, abuela de Felipe II y viuda de Felipe de Habsburgo, el Hermoso, se confiesa ante el público la noche antes de su muerte, acaecida el 12 de abril de 1555. A pesar de sus títulos y de su linaje, la soberana dice adiós a la vida encerrada en el castillo de Tordesillas. En dicho lugar permaneció cautiva sus últimos 46 años, primero por decisión de su padre, luego de su marido, y, finalmente, de su propio hijo. La reina que pasó a la historia como Juana la Loca justifica su situación, su lejanía de la realidad, su enajenación, por el gran dolor que siente al verse sojuzgada como reina y como mujer por los hombres de su vida, y siempre por razones de Estado.

Concha Velasco confiesa que sigue costándole trabajo hacerse mayor pero aparece en escena con arrugas y la cara lavada para meterse en la piel de Juana. “Tendríamos que llamarla la Indignada, porque ése es en realidad su estado”, afirma la actriz sobre la soberana a la que da vida. “Era una pobre mujer maltratada; es la gran maltratada de nuestra Historia, la recluyeron para robarle la vida, la corona, la inteligencia... Pero ella no renunció nunca a ser reina. Nunca quiso pedir perdón, porque pensaba que era ella quien tenía en todo caso algo que perdonar”, concluye. La artista asegura que éste ha sido uno de los trabajos más duros de su vida. Si bien reconoce que cree ser una buena actriz de comedia, apunta que sus grandes éxitos “han sido los papeles dramáticos”.

El director de la obra, Gerardo Vera, subraya que Juana I de Castilla “es un personaje que, de haberlo conocido Shakespeare, sería sin duda la protagonista de una de sus tragedias”. La de una mujer, explica, que desde muy niña se ve arrastrada de manera vertiginosa por todas las turbulencias políticas y religiosas de su época. Una mujer destrozada emocionalmente por sus grandes contradicciones, por su rebeldía, por su fuerte personalidad y “por un enorme desequilibrio afectivo que cristaliza en ese paseo por el amor y la muerte que es su matrimonio con Felipe de Habsburgo”, añade. Pese a haber inspirado obras de teatro, series televisivas o películas, Vera dice haber echado siempre en falta un tratamiento más profundo y más justo para este extraordinario personaje. Lo encontró, asegura, cuando leyó el texto de Caballero y supo que el proyecto saldría adelante con el talento de Concha Velasco, “una grande de la escena española, la luz que ilumina las partes más oscuras y dolorosas de un personaje que parece hecho a su medida”.

Por su parte, Ernesto Caballero, tras advertir que un texto de ficción no se debe tanto a la fidelidad documental como a las lógicas internas del relato, destaca que, en cualquier caso, su propósito como dramaturgo ha sido “crear un personaje poliédrico, sensible y perspicaz, decidido a sobrevivir al infortunio haciéndose fuerte en los infranqueables dominios de la irrealidad y la imaginación.” “Un sueño felizmente cumplido por obra y gracia de una artista excepcional, Concha Velasco, reina y señora de esa balsámica conmoción que conocemos como teatro”, finaliza el autor del texto.

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