BOLETÍN | No compramos zapaterías
“Al Ayuntamiento no le interesa mantener la actividad de cine de verano”. Hay que reconocer que la frase ha tardado años en pronunciarse públicamente, pero no que en ella no haya honestidad. Lo ha dicho esta semana Miguel Ángel Torrico. Si la hubiera dicho hace dos años, nos hubiéramos ahorrado bastante tiempo y titulares. Pero lo ha dicho ahora. Y por fin, dejamos de hablar de licencias, de informes jurídicos o de derechos de tanteo, y comenzamos a hablar de una decisión política.
El Gobierno municipal del PP entiende que proyectar películas al aire libre no forma parte de los servicios que una administración debe garantizar ni directa ni indirectamente (subcontratando a profesionales). Es legítimo, aunque también curioso, que ese criterio se aplique solo al cine. Porque el Ayuntamiento sí considera que merece la pena organizar teatro, conciertos o festivales a través del IMAE. También considera que merece la pena invertir cinco millones de euros para comprar un edificio y asegurar así la oferta de espectáculos ecuestres y de arte figurativo. Y nadie en el Gobierno municipal cuestiona que se vaya a abrir un museo dedicado a las cofradías en un edificio histórico porque se entiende que aporta valor a la ciudad.
¿Por qué todo eso sí es cultura de interés público y los cines de verano no? Bueno, Torrico puso un ejemplo que da que pensar. Dijo que el Ayuntamiento tampoco puede comprar una librería o una zapatería. ¿Son los cines de verano un negocio? ¿Son una tradición que forma parte de la identidad de Córdoba? Para el Ayuntamiento, lo segundo no tiene suficiente interés. Eso sí, ha intentado comprarlos. No para que siguieran siendo cines, sino para convertirlos en equipamientos deportivos, sociales o en una isla climática. Es decir, le interesa adquirir tres solares (otra palabra que se debería haber dicho hace tres años). Nada que objetar, salvo que ya tiene una ordenanza que le permite expropiar solares y edificios ruinosos, que los hay por decenas en la ciudad, si eso es lo que desea.
Mientras aquí discutimos si una administración puede implicarse en mantener unos cines históricos, en otras ciudades el debate va justo en sentido contrario. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, propuso cuando era candidato abrir supermercados municipales para abaratar la cesta de la compra. Y es una de las primeras cosas que ha hecho como regidor. No porque el Ayuntamiento quiera competir con las tiendas, sino porque entiende que hay necesidades que el mercado no siempre garantiza.
Al final, la cuestión no es qué puede hacer una administración, sino qué está dispuesta a considerar un servicio público. Llevamos años escuchando que la cultura es un derecho. Si de verdad lo creemos, ese derecho no puede limitarse a los grandes festivales o a los eventos que llenan hoteles. También consiste en cuidar esos lugares y manifestaciones donde una ciudad se encuentra consigo misma. Los cines de verano son uno de ellos. No todo lo valioso se mide por la rentabilidad económica.
De hecho, una ciudad no solo se construye pensando en quien viene a visitarla. También, y sobre todo, en quien vive en ella. Y quizá antes de preguntarnos cuánto cuesta mantener un cine de verano habría que preguntarnos qué ocurre cuando se pierde.
En loop
Esta época del año, que sabe a fin de curso, se hace muy cuesta arriba. Por eso, casi sin quererlo, en vez de buscar música veraniega, acabo año tras año enfrascado en una melancolía postprimaveral. Así es como he entrado dentrísimo de Poem 1, el nuevo disco de Ana Roxanne, una artista a la que conocí de rebote, por el fabuloso disco que sacó con Dj Python.
Poem 1 no tiene nada que ver con aquel. Es un disco muy íntimo y delicado, donde la voz aparece completamente al desnudo, sin esconderse detrás de capas de efectos como en trabajos anteriores. Hay una sensación constante de fragilidad, pero también de claridad emocional, como si cada palabra estuviera cuidadosamente elegida y sostenida en el aire. El piano, los sintetizadores suaves y los arreglos mínimos ayudan a crear un espacio casi suspendido donde todo suena cercano y muy humano, ayudado por una mezcla, de nuevo, encargada a un productor de electrónica (el nórdico Baba Stilz).
Mucha belleza y unos registros que a veces remiten a Pj Harvey y otras a Cleo Sol, sin dejar de exudar una personalidad vocal que solo era una idea por abordar en todos sus trabajos anteriores.
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