BOLETÍN | La oferta
Hay que reconocer que los trucos (o truquis, que dice un famoso asesor) no faltan en la planta noble de Capitulares. Este miércoles, minutos después de dejar claras las intenciones vía protocolo para Caballerizas Reales (que albergue una sede de un museo de Barcelona), el alcalde puso sobre la mesa un caramelito envenenado para los centenares de artistas, comisarios y gestores de la ciudad que se han levantado contra ese proyecto.
Hay veces que los periodistas, algunos periodistas, por no ser siempre los aguafiestas, dejamos escapar algunos titulares. En este periódico dejamos escapar el que sí que han firmado algunos de mis insignes colegas: el alcalde acababa de ofrecer un espacio público a dedo a un grupo de artistas cordobeses a cambio de su silencio.
Porque lo que ocurrió fue más o menos eso. El alcalde quiso poner sobre la mesa una oferta que, entendió, es difícil de rechazar. O eso debe pensar, ya que el portavoz del PP, Miguel Ángel Torrico, en el Pleno posterior lo dio por hecho, como si el antiguo convento ya estuviera adjudicado al grupo de críticos. Claro que eso es dudoso: Bellido había confesado que no sabía ni a quién dirigirse, pues la carta que rechaza la llegada del MEAM a Caballerizas Reales no la encabeza ningún artista concreto o una asociación. Es, sencillamente, una expresión del sentir de un sector. Y tampoco exige o reclama espacio propio, pues la firman artistas de todo tipo de disciplinas y ciudadanos, no un colectivo específico de arte contemporáneo abstracto, como se quiso definir este pasado miércoles.
Lo que sí dice esa carta es que no tiene ningún sentido adjudicar espacios públicos a dedo sin criterios que así lo justifiquen. Y, todavía hoy, no se han dicho qué criterio técnico y específico hace que el MEAM aterrice en Córdoba ni tampoco que lo haga concretamente en Caballerizas y no en Regina. El alcalde o sus asesores debieron saltarse esa parte, y pensaron: a falta de una adjudicación random, toma dos tazas.
Aún es pronto para saber si ha sido una buena idea. Comunicativamente, la oferta de Regina ha acabado robándole el protagonismo al proyecto del Museo Europeo de Arte Moderno (MEAM) de Barcelona para Córdoba. Aunque, todo sea dicho, tampoco es que se pusiera mucha carne en el asador por parte de su máximo responsable. Por no decir, no quiso ni decir públicamente cuáles eran los dos pintores cordobeses figurativos que ya tenían fichados en el MEAM, a pesar de que son de sobra conocidos por la prensa cordobesa.
Aunque igual lo que se pretendía era justo eso: lanzar un globo sonda que desvíe el foco del protocolo de intenciones para trasladar la presión al sector crítico. Esas cosas pasan.
Un refugio (en loop)
Como un reloj roto que da dos veces la hora correcta al día, el algoritmo también acierta a veces. Y hace unos días puso en mi camino un vídeo de Youtube. Un babuino tranquilo dándose un baño que, durante diez minutos, permanece impertérrito mientras de fondo suena el track #19 de Aphex Twin.
En el vídeo se llama Stone in Focus, pero esa canción nunca se tituló así. Era eso, sencillamente la canción 19 de una de las versiones de Selected Ambient Works Vol. II, uno de los discos más importantes de los últimos 50 años. Diez minutos de sonido elástico. Un remanso de paz que firmó uno de los músicos más influyentes de la historia.
Lo que no esperaba es pasar más tiempo del que dispongo leyendo los comentarios que hay en ese vídeo. Como dice uno de los usuarios, la sección de comentarios de este microsite es uno de los sitios más bellos y especiales de internet. Toda una reconciliación con lo que se supone que iba a ser Internet, supongo.
En esa sección escriben desde adictos que han cumplido años de sobriedad, hasta padres recién estrenados, pasando por personas que acaban de perder a familiares, y tipos que escriben desde una cama, con la persona que aman dormida a su lado, mientras la música de Aphex Twin se acompasa con los latidos de su corazón y el bucle de su respiración.
Allí está también el padre que decide escuchar Ambient Works en la sala de espera de un hospital, a unos metros donde está su esposa con su hija recién nacida en el pecho. O el joven de 19 años que, el día de la muerte de su padre, se pregunta cuánto va a cambiar su vida y siente que una parte de su alma acaba de serle amputada.
O el hombre que se despide de su amigo Matthew horas después de que un cáncer se lo llevara. O al que, en el mismo día, lo echaron del trabajo y lo dejó su novia. Y todos encuentran el consuelo en un microsite de YouTube que lleva a un babuino tranquilo y una pieza de diez minutos en la que dos o tres máquinas emiten notas que dialogan entre ellas. Tan simple y a la vez, tan perfecto.
Una vez le dije a una amiga escritora que la música electrónica me conecta con lo humano precisamente por pura paradoja. Ser involuntariamente testigo de este mosaico de historias humanas y confesiones sinceras, breves, directas, hace que uno se reconcilie un poco con este tiempo de mierda que estamos viviendo. También te hace añorar la idea primigenia de internet como ese sitio donde las minorías iban a encontrarse.
Así que me he motivado, he dejado el último comentario de los casi 27.600 que se han escrito en los diez años que lleva subido el vídeo, y he seguido con mi vida.
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