Arteta y Lombo triunfan en Córdoba por villancicos

Ainhoa Arteta y Manuel Lombo en el Gran Teatro de Córdoba | TONI BLANCO

Si diciembre es de por sí gozoso, más lo fue este viernes para quienes asistieron al triunfal espectáculo de villancicos que Ainhoa Arteta y Manuel Lombo protagonizaron en el Gran Teatro bajo el título ¡Que suenen con alegría!, todo un derroche de arte, elegancia y buen gusto que la soprano de Tolosa (Guipúzcoa) y el cantante de Dos Hermanas (Sevilla) pusieron sobre el escenario del auditorio cordobés. Lo hicieron ante un público cuya conexión y participación con los artistas fueron una realidad que empezó calmada y fue in crescendo a medida que avanzaba el concierto, que concluyó con el respetable cantando y, luego, en pie ovacionando fuertemente.

Todo había empezado poco después de las 20:30 con Manuel Lombo adentrándose en las tablas entonando a capela Este niño chiquito no tiene cuna; su padre es carpintero y le hará una... El teatro estaba lleno pues los cordobeses acogieron con ganas el evento organizado por la Fundación Cajasol, que contó con el guión y la dirección escénica del cordobés Francisco López y la dirección musical de Lucía Moreno, y en el que se pudieron escuchar temas muy conocidos como Jornaditas de Belén o Madre, en la puerta hay un niño.

Un evento en el que hubo momentos para el lirismo y otros para la flamencura, siempre con gran expresividad por parte de los artistas, cada uno con sus formas y estilo, con la magnífica potencia vocal de Arteta y el poderío de la voz de Lombo que, cuando tuvieron que hacerlo, se fundieron a la perfección para cantarle al Niño Jesús y a la Virgen María. En definitiva, a la Navidad.

De esta manera, se vio a una gran Ainhoa Arteta (que iba vestida por la cordobesa Matilde Cano) como dama de la lírica, pero que en ocasiones se adentraba corporalmente en las formas andaluzas en los villancicos que así se lo permitían como Nana de Jerez, Bulería de los Reyes Magos y La Virgen se está peinando (había avisado al respetable antes de ponerse a bailar moviendo los brazos con soltura en este último tema: “Voy a intentar meterme en vuestro terreno”); y a un gran Manuel Lombo que dio todo de sí como acostumbra en sus conciertos en los que ofrece algo más que su personal voz, y ese plus es su actitud y saber estar sobre el escenario, cosas que tampoco le faltaron a ella. Así, las ganas de ambos por hacer de la noche algo bello y para recordar, además de la teatralidad en la escena de algunos temas, calaron en el publico, que no pocas veces participó tocando las palmas.

El respeto entre los artistas era mutuo y Lombo declaró con palabras y con gestos la admiración por su compañera. Y así, el norte y el sur se unieron para dar a luz un hermoso espectáculo cuya recaudación anunció la Fundación Cajasol que iría destinada a un fin social. Y del norte y el sur habló antes de abordar algunos de sus temas en solitario la cantante lírica vasca, quien no dudó en asegurar que “aquí sumamos y multiplicamos, ni se divide ni se resta” después de haber hecho gala de su españolidad al afirmar con contundencia que “ni España sería sin los vascos, ni los vascos serían sin España”. En euskera, precisamente, cantó uno de sus temas en solitario: Hator hator.

Se refirió la estrella del bel canto también a su gusto por los villancicos y por Andalucía y a su cercanía con cosas tan de esta tierra como la copla gracias a lo vivido en casa desde pequeña, según contó al publico, que rió en múltiples ocasiones con sus anécdotas, comentarios y detalles puestos en común entre canción y canción. Además, tanto ella como Lombo declararon sentirse felices por estar actuando en Córdoba, donde se ponían juntos por segunda vez sobre un escenario después de haberlo hecho en Jerez y antes de llegar a Sevilla y a Cádiz con ¡Que suenen con alegría!, espectáculo en el que habían actuado los dos antes por separado y que este año los ha unido.

Complicidad en el escenario

Lombo interpretó, entre otros, algunos temas incluidos en sus discos de villancicos Cante, incienso y mirra y Yo en Navidad como La caravana de los Reyes y Te diré mi amor, Rey mío. También un aflamencado Al Rey de los cielos, al que los pastores llevan “mantillas, pañuelos, fajitas y corsés, porque vienen los fríos de enero y está medio en cueros el Niño Manuel”. Parte de este villancico lo cantó en el proscenio y sin micro el artista sevillano, que desplegó su gracia bailando y cuyos quejíos recibieron los olés del público y una fuerte ovación.

Y extenso fue igualmente el aplauso acompañado de “bravos” para Arteta cuando, a continuación, tiró también de potencia de voz para hacer sonar sin micrófono junto al piano de Lucía Moreno el Ave María de Schubert. Fue uno de los momentos de la noche, aunque hubo muchos destacables a lo largo de los 18 temas que la soprano tolosarra y el ecléctico cantante sevillano llevaban en su programa, en el que se intercalaban piezas animadas con otras más lentas y de estilos diversos, lo que permitió a ambos mostrar su versatilidad. Solemne fue Adeste fideles, en español y en latín, que los dos culminaron cogidos de las manos. Aquí, como en otros momentos de la noche en que se fundieron en emotivos abrazos, fue evidente la complicidad creada entre los artistas.

El espectáculo llegaba a su final con la magistral interpretación de un tema gospel por parte de Arteta, que lucía ahora su tercer vestido (tras un traje en tonos oscuros y otro rojo ahora iba de blanco) para poner el broche de oro volviendo a cantar a dúo con Lombo animando ambos a los asistentes a unirse con las palmas (no tuvieron que insistir). Terminaron el repertorio previsto con Sembrar en Navidad, si bien la soprano pidió a quienes estaban en el teatro que sembraran “todo el año” antes de cantar esta canción con mensaje incluido: “Comparte algo tuyo con quien tenga menos. Palabras, consuelo, calor y amistad”, decía la letra.

Tras casi dos horas de cante, el público se ponía en pie para despedir a los artistas, que estuvieron acompañados por Lucía Moreno, al piano; Santiago Lara, a la guitarra; Diego Villegas, en vientos-madera; Antonio Corrales, como contrabajo, y Eduardo Aguirre de Cárcer y Pedro Navarro en las percusiones. Pero tanto Arteta como Lombo no dudaron en agradecer la calurosa respuesta del respetable con dos villancicos fuera de programa, el último de los cuales, Dime niño, ¿de quién eres?, fue coreado en su estribillo repetidas veces por el auditorio, instado por los cantantes. Podría decirse que el teatro se venía abajo, pero es más certero y fiel con lo que pasó decir que el teatro se vino, una vez más, arriba. Tras esto, los artistas saludaron, el telón bajó y, por los aplausos de los presentes, tuvo que volver a subir de nuevo para Arteta y Lombo y su elenco de acompañantes ante un público que se marchó del Gran Teatro satisfecho y contento, gozando diciembre en vísperas de la Navidad.

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