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Emil, viajero y superviviente del último vagón del Iryo: “Todo se rompió en segundos”

Emil Jhonson, herido tras el accidente en Adamuz

Alejandra Luque

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Iba en el vagón ocho, el último del Iryo y uno de los que volcó tras el descarrilamiento del pasado domingo. Segundos después, la cabeza del Alvia que venía de Madrid en dirección Huelva impactaba con este y otros dos vagones del Iryo. Hoy, Emil Jhonson, un ciudadano sueco, puede contar su trágica experiencia. Acaba de ser dado de alta del Hospital Reina Sofía de Córdoba y viaja en una ambulancia hacia la casa de un amigo, en Benalmádena.

Sentado en una silla de ruedas, este superviviente del trágico suceso ocurrido en Adamuz ha aceptado relatar a los medios de comunicación todo lo vivido desde que el tren en el que viajaba comenzara a desacarrilar. Según ha contado, primero percibió un pequeño impacto seguido del gran golpe del tren Alvia. El choque fulminante: “En dos o tres segundos, todo se rompió: las personas, las sillas, todo”, ha dicho este hombre de 46 años, visiblemente emocionado. Aunque inicialmente reinó un silencio absoluto, la calma se rompió rápidamente cuando los pasajeros comenzaron a gritar y la sangre se hizo visible en el vagón.

El convoy en el que viajaba Emil quedó completamente volcado, dejándolo atrapado en el interior. A pesar de que estima que estuvo aprisionado entre 20 y 30 minutos antes de que los bomberos rompieran una ventana para rescatarlo, asegura que ese tiempo le pareció “un día entero”. En la retina de Emil se han quedado muchas imágenes durante este tiempo en el que esperaba ser rescatado: “Ayudé a una mujer que estaba a mi lado inconsciente mientras veía a otro pasajero pidiendo auxilio y cubierto de sangre”. En medio del caos, y aún en el tren, pudo contactar con su madre por teléfono.

Emil Jhonson, herido tras el accidente en Adamuz

Tras su rescate, el traslado al Reina Sofía fue “especialmente difícil”, ha expresado, debido a las lesiones. Ha sufrido fracturas en las costillas y en la parte baja de la espalda que le impiden ponerse de pie por sí mismo. Pese a todo, ha podido recibir el alta hospitalaria, aunque está en estado de shock. “Todo es una locura; el sentimiento se vuelve más loco cada vez que lo pienso”, ha reconocido al reflexionar sobre el número de víctimas mortales y la magnitud de la tragedia. A ello se suma la sensación de soledad que sintió tras el accidente y que sigue recordando. “Estábamos rodeados de gente, pero, de pronto, se perdió el contacto con los demás. No sé quién habrá sobrevivido y quién, no”.

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