Chamánico Bad Bunny
El intermedio del LX Super Bowl me ha parecido algo chamánico, con millones de participantes. ¡Qué espectáculo has montado, Benito Antonio Martínez Ocasio, alias Bad Bunny, puertorriqueño en pie, sosteniendo tu bandera mientras te mira América y el resto del mundo! ¿Cuál ha sido la receta más allá de la música, del márquetin, de tu traje de ZARA (¡Hurra!) y de indignados comentaristas rancios de teles de USA, para que, posiblemente, una mayoría de un público global se sienta hoy más capaz de moldear un mundo-nido para todas las criaturas?
El tazón hasta arriba de esperanza. Aquí no se arruga nadie. La cabeza alta. La mirada lúcida. Sombreros campesinos. Plantaciones de caña. Raíz. Memoria. Familia. Danza alegre y caliente para el gozo general, salvo para un mentiroso envidioso cuyo nombre empieza por la te. Vivan los estadios así usados: los brazos y las voces vibrando en armonía. Te lo has cantado todo en español. Se entienda o no se entienda -que se entiende-. Da lo mismo. Porque el mensaje, multimodal, tejido con música, imagen, emociones, escenografía, teatralidad, gestos, palabras, banderas, pancartas, lemas…, llega, cala, transforma. Irrita al matón de Trump. Abofetea sin manos a los atacantes, esos patrones del ICE. Y sube la moral a una comunidad global que cree en el amor y defiende sin complejos su credo. Gracias, Bad Bunny, por tanto. Fdo.: Ana.
Efectivamente, si me siento mejor y con runrún de primavera después de que el de Puerto Rico y su gente la liaran en el espectáculo de la final de la NFL (13 minutos en español que fueron vistos 4.000 millones de veces en 24 horas) es porque me hizo y nos hizo participar de algo, a su manera, chamánico.
Esa puesta en escena que desafía a quien oprime. Esa historia visual reveladora de la fuerza de estar “unidos en la lucha” (como en la canción de Joan Báez), del peso demográfico hispano y su riqueza cultural, del ciclón latino de los principios y del coraje más la dignidad firme de no dejarse avasallar, han sido un bálsamo, un tónico energizante, transfundidos en un llamémoslo performance o chamanismo de masas oficiado por un Bad Bunny que está dispuesto a emplear el poder transformador de la cultura popular y de las manifestaciones artísticas. ¿Cómo? A través de un lenguaje nuevo para la comunicación, como experiencia total, en el que los idiomas son y serán parte esencial, pero no única ni actuantes del modo que generalmente manejamos.
Hasta ahora, el autoritarismo de Trump ha estado prácticamente sin adversario frente a su estrategia de diseñar, cargar y lanzar sus escenificaciones, agresiones y escarmientos del miedo: ciudades de EE.UU., como Minneapolis, tomadas por fuerzas antimigratorias, deportaciones y retenciones inhumanas por el ICE, represión violenta de la ciudadanía solidaria (protestar ha costado la vida a Alex Pretti y Renee Good), y, tristemente, moralejas en vivo sobre la rapidez con que la fuerza, el chantaje, la crueldad y el amparo a la impunidad frente a los peores delitos, la intervención unilateral, el asedio, el bloqueo, la amenaza, el insulto, la mentira… doblegan voluntades y resuelven los asuntos a favor del matonismo presidencial.
Pero, he aquí nuestra epifanía, una ola de esperanza se ha levantado hasta el cielo en Minneapolis y, después, donde menos se esperaba: en el espectáculo de Bad Bunny para el Super Bowl. Porque las artes, desde la música popular a la alta cultura, son revelación. Son revolución. Son de la gente. Son universales; y, por tanto, de una América entera y plural, de pueblos, ciudadanía y naciones y personas soberanas. De un mundo-nido para la paz.
Lo de Benito Antonio es una defensa amorosa de la alegría, del presente y de la tradición musicales, el linaje artístico, la memoria, el mestizaje, la diversidad, las lenguas y culturas originarias, el español hablado, escrito y cantado de mil formas. De esta América de la que son hijas la escritora Yolanda Arroyo Pizarro, autora de Las negras, o la admirada intelectual, escritora e hispanista Iris M. Zavala (1936-2020).
La pura, la mera verdad, la neta, en fin, es que un cambio ya se siente. El show coral de Bad Bunny, aquel joven que trabajó como reponedor de supermercado mientras empezaba en la música, es una manifestación que transforma y fortalece a quien se emocione con el sustrato del disco Debí tirar más fotos, con la comunidad puertorriqueña que habita sus videoclips, con el 4 de julio de la canción “¡NUEVAYoL!”, con la valentía serena de quienes defienden sus derechos sin caer en la trampa de los matones de tinte racista y xenófobo que les hacen esconderse y les dicen que ya no sirven y que tienen que irse porque hay demasiados latinoamericanos y otros migrantes en USA. Frente a eso: bodas y más bodas y horizontes familiares en los relatos del artista latino, con su frescura, su humor, su sentimentalidad.
En una distopía, los estadios y las redes sociales, en lugar de ovacionar jugadas y cantantes, podrían rebosar de discursos de odio, entre otras cosas porque la humanidad ya sufrió las consecuencias de un Hitler arengando a las masas ante los graderíos; por eso, hay que permanecer en guardia, alerta, sin ceder un milímetro.
Sin embargo, crece el convencimiento de que la luz es más poderosa que la oscuridad, que el amor vence al odio, que hay partido y todo el espacio que sepamos conquistar. Europa va reaccionando. La UE, su dirección y sus estados, se han dado cuenta de que contemporizar y negociar con Trump para salvarse uno, no sirve; vamos juntos, fuertes o nada.
Algo se ha movido para bien en el mundo. Sabemos que la bandera arcoíris vuelve a ondear en Stonewall (NYC). Insurrección y libertad sin miedo, otra vez, frente a las imposiciones ultraconservadoras. Y se abren nuevos lugares de sanación, de compañía, de fraternidad como el que nos traen Ca7riel y Paco Amoroso, en su colaboración con Sting “Hasta Jesús tuvo un mal día”, bilingüe y perfecta para empezar el sábado. Quizás se dijo en Galilea que el milagro somos nosotrxs.
Dicho esto, a disfrutar del amor, del amol, del amoh, que es 14 de febrero, y quererse se celebra ahora y siempre.
Tenden-ciosa / Ca7riel y Paco Amoroso con Sting / Bad Bunny /
Sobre este blog
Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.
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