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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Romance de la buena IA

Libros y profesionales de la IA sobre fondo

Ana Fernández

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La sociedad española se ha lanzado con hambre y curiosidad sobre la inteligencia artificial. Queremos parir progreso, hacer caja y multiplicarnos desde los mandos de la IA, esta herramienta revolucionaria. 

Está aquí y actúa. ¿Cómo esconder la cabeza si ya ha cambiado nuestra realidad? Lee mamografías. Organiza el pasaje y la carga en los aviones. Opera en la RAE bajo el nombre de LEIA (muy de Star Wars, por cierto. ¡Oh, la lengua, la conversación humana, primera y última esperanza!). 

Ahora mismo, la IA, está transformando el mundo. Nuestro presente y sus esferas. La salud. La democracia. La guerra. La paz. La creatividad. El periodismo. El papel del trabajo. Los empleos. El capital. Las bolsas. La carrera espacial. Acaso los bocetos del futuro. 

La inteligencia artificial ha eclosionado, en fin, sobre la piel de toro, la pell del brau, zezen azala, a pel de touro. Se esfumó la visión simplista de reducirla a un rincón del vago para hacer tareas y trabajos estudiantiles en segundos, incluso redactar sermones objeto de riña papal. Cayó el velo que cubría su estratégica importancia: quien no sepa usar la IA según su sabio interés, con pensamiento crítico, competencia profesional, sólida libertad, de acuerdo con un bien común y en armonía con la democracia, quedará al margen y resultará perjudicado. 

Llevan años trabajando en ella. El crecimiento ha sido cualitativamente exponencial. Y la gente, los pueblos, las empresas, todo ser viviente del Estado español piensa en cómo incorporar la IA. También yo, que era y soy tímida para escribir un prompt (quizás por un deje artesanal), he decidido asomarme y dar el salto, atreverme y tal, poniendo el empeño en la defensa de una IA ética, humanista.

Atención al bello adjetivo: se lo escuché al ministro Óscar López en la reciente III jornada sobre IA y tecnología de elDiario.es. Hu-ma-nis-ta, silabeo, respiro profundamente y me siento algo más tranquila; aunque fijar la meta no exonera de trabajar, tenaz y consistentemente, por ella. 

Positivo es que Europa está defendiendo, jurídica e institucionalmente, un modelo de IA que cuide los derechos humanos, las democracias y las soberanías (de la UE, estatales e individuales). En principio, en este lado del mundo, vamos bien. Cuestión adversa y distinta son: las amenazas de los oligarcas tecnológicos y el dominio a escala global de fondos como MGX. Las herramientas disponibles para ejercer un control del tipo Gran Hermano, darse dentelladas entre tecnológicas, influir en procesos electorales (hasta con candidata indigenista generada por IA en Colombia) o hacer virales bulos y contenidos de odio. La urgencia de proteger a colectivos vulnerables (infancia, menores de edad, etc.). Y las aguas interesadamente revueltas que tensan y enturbian una revolución tecnológica sin precedentes. 

A veces nos pintan el paraíso y la cura de las enfermedades. Otras atisbamos dictaduras infernales, nos aturden, engordan burbujas, despliegan armas, ojos y oídos de dominación. En ocasiones nos burlamos de cómo una IA puede alucinar y equivocarse mucho, aunque, bien pensado, da pánico. Pero, generalmente, las distintas y las mejores herramientas (de pago) que son las inteligencias artificiales se nos presentan como una realidad poderosa, definitivamente imprescindible. Ya están aquí y se quedarán. Otra cosa es que queramos, podamos y nos dejen llevar bien las riendas. Otra, que seamos capaces de guiar el carro en aras de la humanidad, y si hay que dar un codazo a malvados aurigas, se hace. 

¿Se estará construyendo otra torre de Babel? ¿No será irracional, como ocurre en EE.UU., concentrar miles de millones de recursos financieros en una revolución tecnológica cuyo inicio conocemos, pero no cómo puede desarrollarse y afectarnos, globalmente y ambientalmente, a lo largo del siglo? 

Surgen, cada día, más preguntas, más tácticas para deslumbrar o atemorizar. ¿Por qué sus creadores nos advierten ahora de grandes peligros y, sin embargo, persisten, más o menos, en el mismo rumbo? Me pregunto si no buscarán culpar a la herramienta de una utilización y unos objetivos que solo cabría atribuir a la voluntad humana, la de gentes autoritarias y sin ética alguna. Gentes que, llegado el caso, podrían decir: millones de personas trabajadoras son irrelevantes, son amortizables, nadie sabe para qué sirven, salvo para exigir agua y comida y armar las revueltas de la resistencia. Y ya tenemos el guion de una serie, escrito a tres manos, dos humanas más el apoyo de la IA.

De veras que preocupa la presión de Trump para utilizar militarmente a la IA Claude. Dario Amodei se ha negado y Anthropic quizás da muestras de alinearse con los principios de Naciones Unidas. Unas y otras fuerzas compiten y empujan en distintas direcciones. 

De cualquier modo, el inmenso poder de una tecnología sin precedentes despierta los fantasmas de las pesadillas futuristas de Kubrick, de Matrix... ¡Ay!, qué horror de ordenador de a bordo, HAL 9000, diciendo: “Lo siento, Dave, no puedo hacer eso (que me ordenas o me pides o me suplicas)”, en 2001: una odisea en el espacio.  

Pero no hay que irse al precipicio apocalíptico. Nuestro romance patrio de la buena IA no es pan comido. Hay que traer la harina, amasar, dar forma a las piezas, repartirlas justa y estratégicamente, comprobar, hoy 28F, que está bien situada AndalucIA. ¿De verdad que en España vamos a ser capaces de adaptar el sistema educativo, su enfoque pedagógico desde 0 a 3 años en adelante y la infraestructura de conectividad del ecosistema público para el aprendizaje de manera que esté a la altura de los retos de la IA, cuando a veces las plataformas de trabajo de innumerables escenarios laborales fallan, se cuelgan, se caen, van lentas, etc. ¿De verdad que vamos a ser capaces de transferir esta herramienta al tejido productivo de pymes mediante asesorías y servicios acreditados, de calidad, a la medida de las necesidades, con laboratorios y formación permanente? ¿De verdad que los nuevos organismos de supervisión como AESIA darán el do de pecho? ¿De verdad que una ola de reflexión, compromiso y praxis éticas y democráticas, en la línea de planteamientos como los de Adela Cortina y Daniel Innerarity, van a moldear la nueva era de la IA? ¿Hay disposición, hay lucidez, hay escucha, hay capacidad para pactar y aportar? ¿Debe regularse la exigencia de transparencia en el uso de la IA para salvaguardar derechos? Porque la información y la inteligencia sabemos que forjan un inmenso poder, y no sería justo que los estados y los poderes económicos estuvieran extrayendo conclusiones y haciendo planes y cálculos sobre personas como nosotrxs sin decirnos en qué trabaja su IA, pagada con nuestros impuestos y nutrida con recursos universales, con qué objetivos y propósitos, y si hay capital o interés ocultos tras ello. 

Quiero pensar que el plural genio patrio sabe que ha de estar presente, alerta, cultivando, investigando, influyendo, innovando, patentando, generando soberanía, desde el lado de la buena IA. Una IA humanista, ética, escudera de las causas esenciales y que debe ser lo que la humanidad quiera que sea. 

A esta nave parece que subimos a tiempo, con la antorcha de Prometeo. 

IA / Anthropic

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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