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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Libro, amigo:

Libros, molinos y las editoras Balcells y Moura

Ana Fernández

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Libro, amigo, llego a ti queriendo dormir un sueño de ficciones sobre tus páginas entintadas. Buscando que me apartes de la catarata infinita de la pantalla del celular. Llego a ti para olvidarme de mí, para despojarme del simbólico ombligo, de sus espejos escamoteadores del horizonte. Llego con hambre, hambre de tus páginas. Con voracidad y ansia. 

Te quiero. Ahora. Estas semanas. Voy devorándote. Línea a línea. Ir despacio en un párrafo, admirarte un adjetivo o tu puntuado ritmo es, de hecho, acariciar la forma y el sentido. ¿Volver a la página enseguida? ¿Citarnos cada vez que tengo, para ti, para nosotros, cinco minutos? Sí. Gula letrada. ¡Pero no te me acabes pronto!

Te elegí. Mas quiero fundirme con otros incontables libros, imposibles de abarcar en una vida. Es un poliamor de bibliotecas, librerías, rastros de viejo y tiendas de segunda mano, podcast y audiolibros, suplementos literarios, ferias y festivales del ramo, editoriales y editorxs (grandes, independientes, legendarixs, alternativas), de clubes de lectura que, benéficamente, nos arrastran fuera de la solitaria digestión de lo leído; de aventuras furtivas con ejemplares dejados en parques y otros espacios públicos, acordados o espontáneos, en hospitales incluso. 

¡Oh, libro, amigo! Te celebramos, nosotrxs lxs lectorxs. Como excelsa categoría conoces mi llorera infantil cuando murió Platero; la certeza de que Don Quijote se eterniza falleciendo; la genialidad bordada en letras de oro de Homero, Safo, Ovidio, Cervantes, Shakespeare, Montaigne, Lorca, Bécquer, Rosalía, Flaubert, Dostoyevski, Tolstói, Dickinson, Woolf, Borges, Mann, Poe, García Márquez, Némirovsky, Morrison, Khan, Jelinek, Vitale, Angelou, Lispector, Ernaux, Seth, Roy, Fosse, Smith, Cadenas, Belli, Lanseros, Sastre, Blandiana…, y la inmortal novela, paso a paso trenzada desde Shikibu y Heliodoro, hasta Kafka, Joyce, Hugo, Dickens, Rulfo, Faulkner, Conrad, Baroja, Unamuno, Clarín, Galdós, Pardo Bazán, Bolaño, Cela, Miller, Vargas Llosa, Camus, Cortázar, Navokov, Rododera, Bulgákov, Zweig, Didion, Albert, Matute, Pombo, Aldecoa, Martín Gaite, Martín Santos, López Pacheco, todo el llamado boom latinoamericano, pasando por Benet, Vila-Matas, Vasconcelos, Garro, Mishima, Perec, Endô, Irving, Schweblin, Carrère, Pamuk, Ali, Guerriero, Solá, Cercas, Marsé, Casavella, Mendoza, Guasch, Wiener, Nettel, Luiselli, Rivera Garza, Gopegui, Giralt Torrente, S. Portero, Mesa, Torres, García Llovet, Villajos, Segovia, Barquinero, Palomeque y quienes hoy crean mundos sobre la página en blanco…

No sé, libro amigo, qué piensas o qué tienes escrito o por escribir sobre si se lee o no se lee lo bastante en este tiempo sin suficientes sosiegos anticipatorios del encuentro contigo; sobre las razones de que no se vende lo que se edita o que finalmente no se lee todo lo que se compró (depende de cómo se hagan los números); sobre lo espinoso de abrirse a títulos de crecimiento, interesantes, en entornos que, a lo mejor, se han convertido en un sucedáneo de ágoras para el aprendizaje, pues huyendo de polémicas, críticas parentales, wokismos de cualquier sentido, se acaba por leer descafeinado, obligado, resumido por IA hasta la inanición literaria.

Me recuerdo en las horas libres del día, leyendo en las siestas, en la playa, en los trenes, descubriendo el audiolibro y el bendito formato para leer en el teléfono inteligente plus, que es el dispositivo en que también cultivas el espíritu, porque eliminas las distracciones y te hundes en un libro, aunque estés en una sala de espera, en una parada del bus, en un rato perdido pero ganado a las letras. 

Fíjate. Memorable aquel cruzar los dedos para que se asentara y tomara velocidad el proyecto de la nueva biblioteca provincial en los Jardines de la Agricultura, hoy felizmente llamada Grupo Cántico. Hace lustros, alguien, un ente casi anónimo, dijo algo sobre que debía prevalecer la rosaleda existente en el lugar donde se levantaría este recurso cultural. Luego se trasplantaron las rosas, que rodean al olivo que hermana con Palestina, y no se acabó el mundo, sino que poseemos un edificio público que es un arca de luz en medio del parque. Avatares que sorteas, que sortean los libros. 

Solo falta que, al fin, después de un presupuesto municipal anunciado en 2025, se restauren los bancos de azulejo artístico homenaje a Cervantes, que son una joya maltratada por el vandalismo, por el tiempo y la desidia institucional a punto de ser irrecuperable (si bien quedan hilos de vida y se aguardan criterios del IAPH). 

Y hablando de otra cosa. ¿Cómo lo ves? La literatura dentro de la literatura: el regusto máximo. El homenaje al libro, esculpido por Ruiz Zafón en La sombra del viento, o la trascendencia de lo que se guardó o se quiso perder en las bibliotecas, esa risa transgresora de El nombre de la rosa, si recalamos en Umberto Eco.  

Ahora se refresca en mí, querido libro, la sensación como de resaca tras el revolcón de una ola que embiste al corazón, a la mentalidad, a la sensibilidad, que inunda al terminar algunos títulos poderosos, mágicamente tejidos, capaces de captar a personas para siempre letraheridas. 

Más virtudes tuyas, amigo: los libros previenen males que luego resulta complicado atajar. Sabes bien que, si se llega tarde, después no basta la retahíla casi inútil de medidas lanzadas a un aire ciudadano enrarecido de violencias en ámbitos educativos, de adicciones, de soledad, de problemas de salud mental, de desafección democrática, de rechazo a la diversidad.

Leer es escribir con quien te escribió. Leer hace escritorxs. Leer ayuda a la paz. Leer desarma a quienes quemaron y queman libros y luego acaban sembrando odios, cadáveres, cenizas, con guerras cronificadas de nueva generación. Libro amado: a ti me aferro.

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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