Desde la provincia de Córdoba al mundo: 25 años de cooperación internacional y solidaridad

Un proyecto de cooperación al desarrollo en India

En los años 90 del siglo XX, la conciencia social y la demanda hacia las administraciones para que se destinaran fondos económicos a la cooperación internacional fue especialmente intensa, con una Plataforma 0,7 como ejemplo de ellos reclamando ese porcentaje del presupuesto de cada administración a políticas de cooperación. En ese marco, en Córdoba, se creó de manera pionera la Oficina de Cooperación Internacional para el Desarrollo (OCID) de la Diputación provincial, que en este 2022 cumple 25 años de trabajo proyectando la solidaridad desde Córdoba al mundo. Un compromiso que se tradujo también que en la Diputación fue la primera administración pública provincial en España que contó con personal técnico fijo en el ámbito de la cooperación internacional.

Desde aquellos años 90 hasta ahora, ha ido creciendo “un nivel de conciencia ciudadana y política acerca de la interacción de los problemas internacionales y la relevancia que estos tienen para la vida local. La presencia de la realidad mundial a través de los medios de comunicación con temas como la inmigración, la guerra, ha generado un estado de opinión pública a favor de la solidaridad internacional, de la redistribución de riquezas, y a favor de una implicación mayor de las entidades locales y supralocales de este compromiso”, explican fuentes de la delegación de Cooperación al Desarrollo de la institución provincial.

El primer paso que dio la Diputación para establecer el objetivo de destinar el 0,7% de su presupuesto a políticas en este ámbito fue su disposición en la Declaración de la política de Cooperación al Desarrollo de 2005 (aprobado por unanimidad en el Pleno) y reinvindicado por las Naciones Unidas, consolidándose tras varios años de progresivas subidas hasta alcanzarlo. “Supuso, sin duda, un laudable esfuerzo de toda la Corporación de entonces y permitió alcanzar un marco presupuestario estable y seguro para la programación de las acciones de cooperación”, aseguran.

¿Cómo se tradujo eso en la práctica? Pues, por ejemplo, el compromiso económico desde el año 1997 fue creciendo anualmente hasta llegar a un máximo en años posteriores de 1.700.000 euros (2009). La Diputación Provincial de Córdoba fue pionera en esta cooperación descentralizada, encaminando su labor -además de financiar proyectos de ONGs-, hacia el impulso de un modelo municipalista de cooperación, tanto de esta institución como de los municipios y mancomunidades de la provincia. La Oficina de Cooperación Internacional perseguía el objetivo de conseguir una cooperación municipalista desarrollando el poder local como fórmula para la democratización de la sociedad. Y, en aquella época, fueron las comunidades indígenas quienes se beneficiaron más de los proyectos de cooperación arropados desde Córdoba.

Destinos geográficos de la cooperación desde Córdoba

De hecho, en 2005, se estableció una convocatoria específica de ayudas -Indigenismo y Poder Local- y los destinos geográficos prioritarios de estos proyectos fueron Guatemala, Bolivia, Perú, Ecuador y otros países centroamericanos. La zona andina y el Cono Sur fue el destino de 2,3 millones de euros entre 1997 y 2007, mientras que países de Centroamérica y el Caribe recibieron 1,9 millones. Países del Este de Europa, del Magreb, África Subsahariana o Asia fueron destinos con menor recepción de proyectos de cooperación.

Ya en 2004, la cooperación desde Córdoba sumó un agente más a las ayudas a las ONG o los proyectos de la Diputación Provincial: se puso en marcha una convocatoria se subvenciones para cooperación internacional dirigida a las mancomunidades de la provincia. “En América latina los procesos de descentralización administrativa eran evidentes y nuestra experiencia en nuestra provincia a través de las asociaciones de municipios, se había convertido en el ejemplo y experiencia a compartir con estos países. Desde ese momento es cuando realmente los ayuntamientos de nuestra provincia comienzan a convertirse en verdaderos agentes de la cooperación, algo hoy día totalmente consolidado”.

A partir de ahí, otros hitos de la solidaridad construida desde la provincia de Córdoba fueron el impulso y creación del Fondo Andaluz de Municipios por la Solidaridad Internacional (Famsi), la unión de los gobiernos locales que nació en Córdoba para cooperar en países de todo el mundo; y también la creación de la Cátedra de Estudios sobre Hambre y Pobreza en colaboración con la Universidad de Córdoba, que enfocaría “como prioridad la seguridad y soberanía alimentaria, poniendo en las agendas internacionales el reconocimiento del derecho a la alimentación de todos los pueblos del mundo”.

La crisis económica y financiera de 2008 afectó de forma contundente a la cooperación al desarrollo, reduciéndose los fondos a partir de 2010, si bien desde Córdoba “se mantuvo estable la financiación a los proyectos y actuaciones (...) y se dirige de forma especial la mirada a buscar mecanismos para poner en valor la necesidad de la educación para el desarrollo, la necesidad de que la ciudadanía de nuestra provincia responda de manera crítica a la situación injusta que viven los países más empobrecidos”.

Pero no será hasta 2016 cuando se encuentre la herramienta adecuada que permita llevar este objetivo a cabo: el Banco de Recursos de Sensibilización y Educación para el Desarrollo. “Los logros de este instrumento articulador con los centros educativos de la provincia, ayuntamientos y ONG han sido formidables, con la ejecuación de más de 300 actividades y la participación de más de 60 municipios, en los últimos cuatro años”, destacan desde la Diputación.

Caída y resurgir tras la crisis económica

Fue en 2012 cuando se aprobaron por unanimidad en el Pleno provincial las primeras Directrices de Cooperación Internacional para el Desarrollo, líneas vertebradoras de la política de cooperación establecida inicialmente en la institución. En esos años, con el estancamiento económico provocado por la crisis que llegó hasta 2015, “se hizo especialmente visible la desvinculación por desmotivación de los ayuntamientos de la provincia, sumidos ante la crisis en su propia supervivencia”.

A partir de ahí, tocó remontar tras la crisis y entre 2008 y 2018, se incrementó la financiación a partir de 2016 y se trabajó de forma específica con una convocatoria dirigida a los propios ayuntamientos para reactivarlos y a partir de 2015, abriendo un nuevo escenario: la Agenda 2030 irrumpe con fuerza con sus 17 objetivos para el desarrollo sostenible (ODS) y 169 metas, “todo un nuevo desafío” que persigue el “no dejar a nadie atrás” en la comunidad internacional. La Delegación de Cooperación Internacional al Desarrollo incorpora esta agenda en su hoja de ruta.

Y en sos años se pusieron en marcha también los Encuentros Provinciales como espacio de intercambio entre los diferentes agentes del territorio provincial buscando la puesta en valor de sus capacidades para poder ser intercambiadas con entidades de otros países creando sinergias y la posibilidad de una cooperación técnica. Una cooperación técnica que siempre había estado en el ADN de la solidaridad provincial, con un programa de cooperantes propio colaborando en proyectos y “generando un efecto mutiplicador y el caldo de cultivo del entramado asociativo” dedicado a la cooperación. Y que ahora tiene un nuevo impulso con las Pasantías iniciadas en 2014, permitiendo la venida de personal técnico de otros países hasta Córdoba, en un intercambio de conocimiento sobre el terreno y fomentando el desarrollo de capacidades a nivel local en sus países.

Pandemia y reconversión

Entre 2008 y 2018, la cooperación internacional llegó con ayuda de la Diputación de Córdoba hasta 44 países a través de 584 proyectos. Son los datos de una política que en los últimos años ha ampliado su ámbito geográfico, aumentando el protagonismo de África además de los destinos tradicionales de América Latina. Pero en 2020 llegó la pandemia de la Covid, crisis que “de nuevo vuelve a golpear con fuerza a la cooperación al desarrollo” aunque la Diputación y los actores protagonistas como asociaciones, ONG y ayuntamientos, “no renunciaron a mantener sus objetivos previstos: se alargaron los tiempos concediendo prórrogas necesarias en la ejecución de proyectos previstos, se gestionaron desde la distancia, con mascarillas, montones de reuniones virtuales, esfuerzos de transferencias de fondos hacia la ayuda sanitaria a falta de la necesaria presencia física, todo el mecanismo una vez más se reinventó”, recuerdan.

Con todo ello, estos 25 años de experiencia han supuesto “todo un proceso que, sin lugar a dudas, ha colocado a Córdoba como una de las provincias con mayor reconomiento a nivel nacional en su dedicación a la cooperación internacional para el desarrollo”. Y, como reto de futuro se sitúa pasar de una cooperación basada en proyectos a un modelo continuista basada en procesos, que permita incorporar a diferentes actores, actuando de forma complementaria para lograr un mayor impacto, fomentar las relaciones entre distintos actores que garanticen una misma finalidad, además de seguir fortaleciendo los instrumentos de cooperación para llegar a una acción más integral“.

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