MEMORIA HISTÓRICA

Familiares por media España de los fusilados exhumados en Hinojosa que esperan ser identificados

Fosa común en el cementerio de Hinojosa del Duque

Los trabajos para la exhumación de los restos de las personas que fueron fusiladas y enterradas en una fosa común del cementerio de Hinojosa del Duque (Córdoba) tras la Guerra Civil, una de las que sumaron más personas ejecutadas tras la guerra en la provincia cordobesa, han localizado ya los restos de 51 individuos y exhumado a 45, del total de las 172 víctimas que se conoce documentalmente que llegaron a enterrarse en estas fosas. Más de la mitad de los familiares que buscan en este camposanto los restos de sus seres queridos viven fuera de la provincia de Córdoba, repartidos por media España cuando sus familias huyeron tras la guerra y las generaciones posteriores ya quedaron instaladas en lugares como Cataluña o el País Vasco. Ahora, algunos regresan al pueblo en verano y otros en la distancia, son informados sobre los pasos dados para la exhumación y, sobre todo, sobre el proceso para identificar los restos.

Dos hermanas, sobrinas nietas que buscan el paradero de su tío abuelo, un matrimonio que tiene a los abuelos de cada uno en esas fosas y decenas de lazos familiares se repiten entre quienes acuden a conocer los avances en la localización y exhumación de los restos. Algunos de ellos viven aún en pueblos cercanos a Hinojosa del Duque pero “nos encontramos con que los familiares están muy dispersos geográficamente. Las víctimas eran de municipios distintos y, además, la mitad vienen ahora de fuera de la provincia, repartidos por media España”, cuenta a Cordópolis la historiadora Carmen Jiménez, especialista del equipo que lleva a cabo las exhumaciones.

Ellos mismos han informado a los familiares de las víctimas fusiladas en las fosas del cementerio de Hinojosa sobre cómo se han hecho los trabajos hasta ahora y, además, sobre cómo es el proceso de identificación de los restos. En una reunión celebrada este jueves en el Ayuntamiento de la localidad, las familias han podido conocer de primera mano las tareas hechas, la ubicación de las fosas, la localización de los cuerpos y detalles como las pruebas halladas en los enterramientos, como balas de los fusilados u objetos personales como botones o anillos. “Para ellos es muy emotivo conocer todo eso”.

Ejecutados y amontonados tras la guerra

La tarea que se ha llevado a cabo en el mes de julio ha tratado de recuperar la memoria de este episodio de la historia. O, lo que es lo mismo, recuperar los restos de los fusilados que fueron amontonados en estrechas zanjas y, en ocasiones, quemados, como se comprobó en los sondeos previos realizados en septiembre de 2021 y que constataron las dimensiones cuantitativas de una de las mayores fosas de la provincia de víctimas tras la Guerra Civil.

En concreto, un equipo de la empresa Aranzadi conformado por una historiadora, un arqueólogo, una antropóloga y cuatro auxiliares de arqueología trabajan sobre la fosa que alberga víctimas de entre 1939 hasta julio de 1941, todas fusiladas con condenas militares o muertes en prisión, bien esperando condena o bien cumpliendo condena. De cada una de las víctimas consta documentación de consejos de guerra y de su paso por prisión, que conduce al episodio final de su vida y enterramiento en la fosa.

Una vez agotada una primera fosa, ya se ha trabajado en otros enterramientos donde hay atudes pero igualmente pertenecen a víctimas por muerte violenta de la posguerra. Y ahora se espera que el propio Ayuntamiento y la Diputación Provincial de Córdoba, además de un proyecto presentado a la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), financien la tarea que queda por delante: ampliar el sondeo hacia el sur y en otras dos fosas paralelas ya localizadas.

Entre cerca del medio centenar de familiares que hasta ahora han contactado con el equipo de trabajo y el Ayuntamiento de la localidad, las dudas ahora están en cómo se podrá realizar la identificación de los restos exhumados, con la dispersión geográfica de las familias. Para ello, se ha acordado que el Ayuntamiento enviará un kit para recogida de muestras de ADN a los familiares, con las instrucciones y documentos facilitados por el equipo de especilistas, de manera que puedan enviarse después directamente al Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Granada, con quien la Junta de Andalucía mantiene un convenio para la identificación de las exhumaciones en la comunidad.

Y, asimismo, se les ha ofrecido respuesta a la duda de qué hacer tanto si los restos se identifican como si resultan no identificados. En el primer caso, cada familia podrá disponer de los restos, pero si no hay coincidencia en el ADN, todos “los restos deben ser enterrados dignamente”, para lo cual el Consistorio ya ha ofrecido un espacio donde hacerlo.

“Toda la vida habían escuchado que les mataron y ahora ven que aquí pueden estar sus restos”

Los trabajos y la información sobre las exhumaciones se sigue difundiendo, de manera que se pueda llegar a más familiares en busca de los restos de sus seres queridos que fueron fusilados en Hinojosa del Duque. “Toda la vida habían escuchado en casa que les habían matado. Y ahora, ven que sí, que fue así y que aquí pueden estar sus restos”, explican sobre las reacciones de los familiares al conocer sobre el terreno la localización y exhumación de las fosas.

Todo este trabajo partía de estudios documentales y de un sondeo previo que se llevó a cabo en septiembre de 2021. Entonces, ya se vislumbraba la memoria de lo que ocurrió en 1939 en esta localidad y otros pueblos de alrededor en el norte de la provincia cordobesa, donde no hubo frente de batalla y se produjo el fusilamiento con carácter ejemplarizante de decenas y decenas de personas ligadas a la izquierda y la República.

Todo ello quedó documentado, además, sentencia a sentencia, nombre a nombre, y fue la principal base de estudio para poder localizar entonces la fosa y para la labor de exhumación e identificación que ahora se está llevando a cabo.

Se calcula que en la fosa completa pueden hallarse los restos de hasta 172 personas que fueron ejecutadas y enterradas de 1939 a 1940, además de otros enterramientos de muertes violentas hasta mediados de 1941, según constan en los documentos. De esas dimensiones, solo habría en el norte de la provincia otra fosa algo mayor, la de Pozoblanco, en un municipio con mucha mayor población que Hinojosa del Duque.

Mujeres y hombres con nombres y apellidos

Los nombres y apellidos de los ejecutados y enterrados en el cementerio de Hinojosa del Duque figuran en los fondos del Archivo Militar de Sevilla. Incluso aparecen con algunos datos físicos, que ha ayudado a los expertos a realizar el perfil antropológico de las víctimas. La mayoría eran de Hinojosa del Duque, pero también de otros pueblos cercanos como Belmez, Fuente La Lancha o El Viso. Tras la Guerra Civil, fueron condenados en las plazas de sus pueblos. Así lo cuentan las sentencias de cada uno de ellos. Eran trasladados a la cárcel de Hinojosa y ejecutados al alba por un pelotón de fusilamiento en el cementerio.

Con esa documentación, las diligencias de enterramientos y los testimonios orales que recogieron los expertos, se sabe -por ejemplo-, dos mujeres halladas en la fosa son Carmen Aranda Caballero, ejecutada cuando tenía cinco hijos y se sospecha que embarazada del sexto, y Leonor Expósito Palomo, condenada a muerte a la vez que su madre y una hermana lo fueron a 30 años de cárcel. O se conoce también la historia de uno de los varones hallados, que no fue fusilado: murió en la cárcel, a la edad de 69 años, esperando su ‘juicio’. Y, sin sentencia, también fue amontonado en la fosa común. El Ayuntamiento de Hinojosa del Duque ha difundido en este tiempo la búsqueda de familiares para poder tomar muestras de ADN y, ahora con la exhumación de los restos de la fosa, poder identificar a los represaliados.

Ensañamiento con los cuerpos

Allí mismo, a pocos metros del muro original del camposanto que aún se conserva, cavaron unas zanjas de apenas 30 centímetros de anchura y las personas represaliadas fueron amontonadas, sin atisbo de un mínimo respeto final por el descanso del cuerpo de un fallecido, sino todo lo contrario. Los especialistas han comprobado que unos cuerpos estaban encima de otros, simplemente rellenando la zanja hecha. Y si no cabían, se hacía de todo hasta que cupieran, incluso rompiendo los huesos. Además, muchos cadáveres de represaliados fueron quemados con un líquido acelerante, quedando de ello una huella negra en la tierra.

Estas pruebas y la munición hallada en el sondeo prueban los evidentes signos de la violencia que se utilizó contra estas personas. Se sabe que en esas estrechas zanjas volcaban sacas enteras de personas fusiladas. El sondeo certificó que había más zanjas y su longitud era mayor de lo excavado en esa cata. Ahora todo el trabajo iniciado trata de recuperar la memoria del máximo número posible de estas víctimas ejecutadas tras la Guerra Civil y encarar el camino que lleve a su identificación para poder darles una sepultura digna más de 80 años después.

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