El plan que se guardó en un cajón y que resolvía el futuro del Alcázar y Caballerizas

Ámbito de desarrollo del plan Alcázar Caballerizas.

Desde el año 2011, en algún cajón de la Gerencia Municipal de Urbanismo duerme un ambicioso documento con el que el Ayuntamiento pretendía resolver para siempre la que podría ser su propiedad más valorada: un espacio de más de 60.000 metros cuadrados en el corazón del casco histórico de Córdoba. Dentro de ese espacio, hoy se levantan el Alcázar de los Reyes Cristianos, las Caballerizas Reales, la Huerta de Caballerizas y la avenida del Alcázar hasta la misma orilla del río Guadalquivir. El plan concebía ese gigantesco espacio como un todo. Así lo ha sido a lo largo de la historia de Córdoba. Y sin esa norma en vigor, los usos propuestos para estos dos monumentos siguen en una especie de limbo jurídico.

El Plan Especial Alcázar-Caballerizas se llegó a aprobar inicialmente en el año 2010. Se resolvieron sus alegaciones y se le dio el visto bueno provisional. Para el definitivo solo faltaba un trámite, que pasara por el Pleno. En todos estos años no se ha llegado a dar nunca un paso que habría resuelto para las próximas décadas el futuro del Alcázar y también de las Caballerizas Reales.

La gran alegación, y quizás el gran escollo, del plan fue la de Córdoba Ecuestre. Este colectivo que hoy gestiona las Caballerizas Reales planteaba que allí tenían que dormir caballos. Los vecinos del Alcázar Viejo se negaban. El presidente de Córdoba Ecuestre, Rafael Blanco, era entonces también teniente de alcalde por el PSOE. Pero la Gerencia tumbó las alegaciones y el plan Alcázar Caballerizas no llegó a ver nunca la luz.

El proyecto era, quizás, el más ambicioso de la ciudad tras todo el plan del río. El objetivo era que este gigantesco espacio volviese a ser disfrutado por la ciudadanía y que hubiese dos monumentos principales más, el Alcázar de los Reyes Cristianos y las Caballerizas Reales, que además estuviesen conectados entre sí.

La zona es una de las más importantes de la ciudad y también de las más desconocidas. Solo en la Huerta de Caballerizas hay huellas arqueológicas de toda la historia de la ciudad, aún por explorar. Pero el objetivo era que la zona volviese a tener una imagen muy parecida a la de antes de los años cincuenta del siglo XX. Entonces, este espacio (como muchos en España) sufrió las consecuencias del desarrollismo. Las históricas murallas de la ciudad que daban al Guadalquivir fueron demolidas para construir la Avenida del Alcázar, que entonces era la carretera nacional que unía Madrid con Cádiz.

El cambio en los años cincuenta fue tal que el Alcázar cambió su histórico acceso por completo. A este inmueble que fue palacio califal, primero, Alcázar real, después, sede de la Inquisición, más tarde, y prisión provincial, finalmente, se le cambió el histórico acceso desde la Ribera y se hizo por la plaza del Campo Santo actual. Además, se proponía que los vecinos recuperasen el uso de la Huerta de Caballerizas, un espacio que en su momento estuvo abierto y que quedó definitivamente cerrado.

El Plan Especial preveía ocho actuaciones concretas, valoradas en 53 millones de euros. En este sentido, una de las destacadas es la eliminación de la Avenida del Alcázar, construida a mediados de los años 50 con la correspondiente reconstrucción de las murallas demolidas, la recuperación de las antiguas puertas desaparecidas y la ampliación de los Jardines del Alcázar hasta la orilla misma del Guadalquivir.

A estos jardines se le iban a sumar los de la Huerta de Caballerizas, convirtiéndose en “un gran espacio de expansión y disfrute” para el conjunto de la ciudadanía con el que se crearán nuevas zonas de esparcimiento y paseo entre las murallas y el río, según ha informado el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, como declaró entonces el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, Francisco Tejada.

El plan era también ambicioso en la intervención en el Alcázar, auténtico museo de la historia de la ciudad. El edificio se iba a adaptar para cumplir con los requisitos de accesibilidad, proponiéndose la recuperación de su imagen original. Se reabriría la puerta Sur y se reordenaría la plaza del Campo Santo. En el interior del Alcázar, se llevarían a cabo trabajos en el Patio de Mujeres, con el objetivo de devolverle su aspecto ancestral. También se intervendría arqueológicamente y se pondrá en valor sus restos. Gracias a este trabajo, se “reconstruirá la historia de la ciudad de Córdoba, desde su fundación en la época republicana de Roma, por Claudio Marcelo, hasta su posterior transformación árabe y cristiana”, declaró en su día Tejada. Algunas de esas intervenciones se han llevado a cabo, pero aún no se ha podido concluir la obra para recuperar el acceso desde el sur.

El proyecto además preveía conectar dos de los edificios más singulares de la ciudad, el Alcázar y Caballerizas Reales, a través de un antiguo pasadizo subterráneo que garantizara la accesibilidad. Una vez en Caballerizas, cuna del caballo español, la intervención contemplaba proseguir con las labores de restauración del inmueble, una vez que ya se había rehabilitado el picadero, las cuadras del Pabellón Norte y la zona de los antiguos barracones. El plan ya proponía su transformación en la mayor sala de exposiciones de la ciudad.

El edificio iba a estar adaptado para acoger espectáculos ecuestres de forma permanente. La propuesta pasaba por usar tanto el picadero como el propio patio de Caballerizas para estas actividades, según el plan. En la Huerta de Caballerizas también se iba a habilitar otro espacio que podrá ser usado para espectáculos ecuestres, musicales o culturales. Por último, el plan contemplaba la apertura de una puerta desde el barrio del Alcázar Viejo con la Huerta de Caballerizas a través de la calle Postrera.

Pero todo está guardado en un cajón desde la primavera de 2011.

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