Una narración escrita con una cámara fotográfica

Fotografía de Valentín Moyano
A través de 70 imágenes, expuestas en el Palacio de la Merced, Valentín Moyano relata de forma especial la Pasión de Cristo, en este caso con escenarios en la provincia de Córdoba

Una pesada cruz de madera se divisa en el Peñón de Peñarroya-Pueblonuevo. Es una parte de un relato que en este caso no necesita de palabras. Antes, tiene lugar la oración en un olivar de Adamuz y la cena última en el restaurante Cuevas Romanas. El denominado Cerro del Castillo de Aguilar de la Frontera se convierte en el camino del Calvario. La Pasión de Cristo se desarrolla esta vez en Córdoba y provincia. Todo es descrito, únicamente, por una cámara fotográfica. Todo es narrado a través de 70 estampas. Lo más sencillo sería acudir a la expresión convertida en tópico de que una imagen vale más que mil palabras. Y sin embargo, no deja de ser cierto en esta ocasión, en que se pone en valor el arte de captar un momento y no pocas emociones con sólo un clic en un botón. Puede parecer fácil, incluso agradable, pero no lo es tanto.

Detrás del trabajo realizado por Valentín Moyano se esconden horas y más horas de intensa labor, también de todos los que formaron parte de un proyecto que tiene su germen en el visionado del film dirigido por Mel Gibson La Pasión de Cristo, allá por 2004. Entonces nació la idea para este fotógrafo y hermano de la Universitaria de Córdoba. Tanto un dato como el otro tienen importancia, pues no quiso restar dureza al contenido de las imágenes y, por tanto, de la historia. No en vano, su intención era “plasmar el dolor, el sufrimiento, el coraje y el sacrificio de Jesús de Nazaret y, muy importante, el sus más próximos”. Lo consigue a través de fotografías protagonizadas por un cuerpo que no esconde sus heridas.

El autor de cada una de las 70 estampas que completan el relato se basó en los estudios de la Síndone o Sábana Santa. De ahí que la imagen del crucificado, en el Peñón de Peñarroya-Pueblonuevo, sea similar a la del Santo Cristo de la Universidad o a la que se puede atender en la película antes citada. Lo más importante, la idea de transmitir a través de fotografías. Porque no sólo se logra hacer a través de la palabra, incluso a veces así existe un vacío, o de una cinta audiovisual. Tampoco se trata de un coser y cantar. Un ejemplo, el día en que se debía escenificar la Crucifixión, en que fueron 14 las horas de trabajo, con apenas 15 minutos de parada para llevar algo al estómago. Ésa fue la jornada más dura del rodaje, que en modo alguno recuerda aquellas fotonovelas de finales de los sesenta y comienzos de los setenta.

La cruz, en estos días expuesta a las puertas del Palacio de la Merced, contaba con unas dimensiones de cuatro metros y medio de alto y dos de ancho. El actor que encarnaba a Jesús sólo portó la transversal, pero Valentín Moyano confiesa que padeció el pensamiento de que pudiera haber un percance. Es lo que existe tras lo que hasta el 30 de abril se podrá ver en la sede de la Diputación Provincial. Con todo, al autor de las fotografías, iniciador de este proyecto, le queda la satisfacción de que “el resultado ha sido bueno”. Además, también hubo momentos más agradables para quienes trabajaron hasta el 26 de marzo en diferentes puntos de la provincia. “Una anécdota muy graciosa nos sucedió en Aguilar. Estábamos rodando en el castillo y pasaron muchos niños; uno se acercó al actor que hacía de Jesús y le dijo ‘acuérdate de mí cuando vayas al cielo’. Fue muy tierno”, cuenta Moyano.

Como añadido a la colección de imágenes está el making of hecho por José Antonio Buzón. El creador de la iniciativa, convertida en exposición que podría incluso ser vista más allá de la provincia de Córdoba, desvela que para ese audiovisual su autor sólo se dedicó a captar lo que sucedía a cada instante. No hubo nada programado a ese respecto. También confiesa Valentín Moyano que los actores fueron, en su mayoría, amateurs en interpretación. Sin embargo, no hicieron falta siquiera lágrimas artificiales, puesto que en las escenas más complicadas “todos terminamos llorando”. Para el proyecto, que se llevó a cabo gracias a colaboraciones de todo tipo, resultó importante el apoyo que dieron los diseñadores Nelson y Carreras, que animaron a continuar adelante.

El resultado, una serie de imágenes que se puede disfrutar junto al atrezzo utilizado y la sensación de que realmente “una foto puede expresar más que muchas palabras”. Moyano cree que la exposición “va a gustar a todo el mundo”, si bien tiene claro que “el que sea creyente lo va a vivir mucho más intenso que el que no lo sea”. El interés, al fin y al cabo, está en realizar el recorrido por una narración escrita con una cámara fotográfica.

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