Latidos en la voz

Pregón de la Semana Santa de Córdoba de 2017 | TONI BLANCO

Que no es el oro que reluce, ni la plata que resplandece. Que no es el bordado de una túnica, una saya, un manto o un palio. Que no es el incienso, ni el cirio. Que no sólo es eso, que también. Es el esfuerzo y el compromiso. Es el sentimiento. Es la amistad. Es la generosidad. Es, por supuesto, la devoción. Es lo que está muy adentro de uno y a veces parece imposible de explicar. Parece, porque resulta que no lo es. De repente la palabra cobra forma de faro y la luz alcanza cada rincón del interior de quienes desde su asiento escuchan. Es complicado pero posible expresar las emociones, y también las ideas fundamentadas, si cada sílaba es pronunciada con acierto. Como muestra un pregón, el de Francisco Mellado Calderón en el anuncio de la Semana Santa. Brillante a la par que sencillo, tan fluido como sincero, elegante por alejado de florituras y más de estridencias. En su voz están los latidos del cofrade, del que sabe que el final es en realidad el principio; del que observa en ese inicio apenas una parada en un camino siempre por continuar.

Sensibilidad, devoción, crítica y, sobre todo, verdad cofrade confluyeron en un texto cuidadoso y en una disertación elegante. Su designación se comprobó a todo efecto el primer éxito de un Pregón de Pasión por momentos sutil, por momentos vibrante. Pero la noche del sábado comenzó antes con sones netamente cordobeses. La Banda de Música María Santísima de la Esperanza fue la encargada de abrir el acto con cuatro composiciones más que escogidas. Quienes ocuparon alguna butaca del principal espacio escénico de la ciudad, que fueron menos de los mereció el discurso, oyeron Jesús Rescatado, de José Timoteo Franco (1958); La Virgen del Carmen, de Rafael Wals Dantas (2012); la recientemente estrenada Mercedaria, de Alfonso Lozano Ruiz -componente de la formación intérprete-; y, por supuesto, Saeta cordobesa, de Pedro Gámez Laserna (1949). La elección de las partituras tuvo su razón de ser, pues son las Vírgenes del Carmen y de la Merced pasiones principales de Francisco Mellado, que también siente especial sentimiento por el Señor de Córdoba.

Tras el prólogo musical de la Banda de Música María Santísima de la Esperanza, una página nueva descubrió la introducción. Sobre el escenario estaba preparado el atril, casi en el centro exacto, un pequeño y sencillo altar con el escudo mercedario y una gran fotografía enmarcada de Santa María de la Merced -como no podía ser de otra forma- y la sempiterna e indispensable ya Cruz Guiona del Campo de la Verdad. Las tablas pisó con seguridad, la que otorga la experiencia, y con su inalterable don de la palabra Miguel Ángel de Abajo Medina. Pregonero de la Semana Santa de Córdoba en 1998 y Cofrade Ejemplar en 2016, entre otros méritos destacables, y amigo de quien en esta ocasión era encargado de anunciar la Pasión se colocó ante los micrófonos para realizar una presentación tan entretenida como sentida. Y sobre todo directa, sin rodeos innecesarios o juegos florales. “Saludos a las autoridades y especialmente a ti, cofrade, que haces posible esta celebración”, comenzó en lo que era un presagio de lo que había de venir.

Entre las autoridades se encontraban el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández; la alcaldesa de la ciudad, Isabel Ambrosio; la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Rosa Aguilar; el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado; o el presidente de la Agrupación de Cofradías, Francisco Gómez Sanmiguel. De regreso al discurso introductorio de Miguel Ángel de Abajo, en éste existió una primera muestra de orgullo hacia una tradición que “por cristiana lo es también humana”. Una tradición que además de religiosa es cultural, artística, festiva, económica o gastronómica, según el que fuera hermano mayor de la Merced. El maestro de ceremonias felicitó a Francisco Mellado en su presentación, pero advirtió de que la primera enhorabuena tras su designación como pregonero de la Semana Santa, y quizá la más emotiva, fue a cuenta de la Pastoral Penitenciaria y de los propios presos de la cárcel de Alcolea. Suyo es un tríptico que le fue entregado al anunciador de la Pasión y que su amigo enseñó a un auditorio expectante, que también tuvo ocasión de reír con algún que otro comentario simpático de De Abajo. Pero ya lo dejó dicho él, la palabra es luz. Tenue sobre la figura tras el atril, pero resplandeciente en su voz.

“¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”. Comenzó Francisco Mellado donde todo acaba, porque en ese final reside el verdadero inicio. Original fue el trayecto que realizó por la Semana Santa de Córdoba -y en realidad global- el pregonero, que de esta forma quiso recordar -e insistir- en que la celebración no son sólo unos días sino todos los que los preceden. Es el tiempo de trabajo, de constancia, de obra social. Es lo que arranca en septiembre, cuando todavía es verano, en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta. Arrancó su camino por la Pasión de la ciudad entre paredes encaladas y sobre suelo empedrado, ante Santa Marina y junto al Resucitado y a la Virgen de la Alegría. El cierre es la apertura para el cofrade. Y dio sus primeros pasos por las diversas hermandades penitenciales a través de un calendario diferente, el del curso de los días desde la salida de copatrona hasta el último instante de Cuaresma. En su itinerario emocional y devocional, no se dejó atrás a ninguna corporación y sí apuntó detalles sustanciosos de cada una de ellas.

Una marcha se escuchó sin sonar, pues Mellado agradeció el compromiso de quienes forman parte de bandas y agrupaciones, de quienes restan tiempo a su tiempo para estar en “esos conservatorios callejeros”. “Mantienen la música procesional”, indicó. Y llegó octubre, cuando es posible sentir “la brisa del Domingo de Ramos en el Puente Romano”, como cuando por él transita el Amor. En esas fechas, ya al comienzo del siguiente mes, es la Virgen del Amparo la que recorre la ciudad. En una mirada íntima a San Lorenzo, al Cristo del Remedio de Ánimas, el pregonero trajo a la memoria a cofrades difuntos en una emotiva parte de texto que enlazó con noviembre. Ése es el mes de Cristo Rey, que fue atravesado desde el Campo de la Verdad y junto al Señor de los Reyes. Abrazado a su Cruz va siempre, de manera que en cierto modo muestra a los demás la suya propia, para que nadie olvide portarla. De repente, un mensaje para los presos. El carácter mercedario, que enseñó Francisco Mellado a partir de los ojos de Jesús Humilde en la Coronación, titular de la corporación de la que es hermano, la que cada Lunes Santo levanta al barrio del Zumbacón.

Después de su paso por San Antonio de Padua, el paseo continuó por diciembre, mes de Lotería de Navidad pero sobre todo de solidaridad. Una caridad siempre presente pero que entonces lo está más. Una obra social que no destacó sino que elevó a la mayor de las importancias. Porque ése es el auténtico oro de las hermandades, tanto como sus personas. En enero la crítica apareció de forma paulatina pero firme. “Tras la Cabalgata de los Reyes Magos… Perdón, ¿en Córdoba hay Cabalgata de los Reyes Magos?”, cuestionó antes de aseverar que lo existente en la ciudad es “una caricatura que anticipa el Carnaval”. Fue en ese instante cuando el Gran Teatro estalló en una ovación por tres veces repetida. Resultó grande su mención a la Virgen de la Soledad, en la que vio reflejadas a todas esas mujeres sufrientes y valientes que siempre están en pie ante su Cruz.

Y comenzó la Cuaresma, y Córdoba se llenó de intenso aroma cofrade. En un primer viernes de marzo que es río de devoción en Trinitarios ante Jesús Rescatado; en un día cualquiera en cualquier casa de hermandad con el trabajo propio de las fechas; en el Viernes de Dolores, que es signo de fervor popular en Capuchinos a los pies de la Virgen de los Dolores; en una tarde de Vía Crucis… Francisco Mellado introdujo en ese tramo varias ideas importantes: las cofradías necesitan más formación entre sus miembros que enriquecimiento de patrimonio, las pro hermandades merecen el apoyo de unas parroquias a veces reticentes y, principalmente, la Semana Santa no puede tener otro foco principal que el templo mayor. “La Semana Santa de Córdoba por fin tiene sentido”, afirmó antes de confesar un ataque de nostalgia. Nostalgia por aquellos días en los que la Virgen de la Merced acudió a la Mezquita Catedral en la madrugada del Viernes Santo. La que es luz de su vocación cofrade, y de la que habló con mayor detenimiento, volverá a brillar entre Naranjos y ante el Santísimo en sólo unos días. Francisco Mellado no quiso olvidarse de los enfermos y necesitados, también de los que lo son en la niñez. Ellos tienen en el Hospital Reina Sofía la Salud de El Naranjo.

Continuó el pregonero su trayecto hasta alcanzar el Domingo de Ramos, el comienzo de la Semana Santa en la calle, que no en la vida de las hermandades. Y aprovechó en el tramo final del recorrido para defender, sin estridencia, a las corporaciones y a quienes las componen. Lo hizo ante los que, entiende, atacan desde la ignorancia; los que hablan sin saber realmente que significa ser cofrade. En sus palabras, como bien señaló Miguel Ángel de Abajo, estuvo la luz. El suyo fue “un pregón de un cofrade para los cofrades”, tal y como avisó en su entrevista a EL CIRINEO. En definitiva, la Pasión tuvo un anuncio a la medida que correspondía. Latidos, latidos cofrades, en la voz.

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