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“Nos gritaron antiespañoles y entonces uno me acuchilló”

Pintada neonazi en el centro de Córdoba. MADERO CUBERO

Manuel J. Albert

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La víctima de la agresión nenoazi narra el ataque que sufrió él y un compañero por tres radicales de ultraderecha

Prefiere no decir su nombre por razones obvias. Su discurso es sereno y ordenado. Pero su voz denota cansancio. Acaba de terminar una nueva cura del navajazo que recibió la madrugada del jueves al viernes en la calle Alfaros y cuando recuerda la escena es el único momento en el que su voz se altera ligeramente. “Yo iba con un amigo por la calle Alfonso XIII, bajando y buscando un bar, pero todo estaba cerrado. Entonces nos cruzamos con ellos, que estaban en un portal”. Ellos son tres jóvenes neonazis de edades comprendidas entre los 18 y los 25 años de que desde el fin de semana duermen en prisión como presuntos autores de un delito de homicidio, en grado de tentativa. La juez ha añadido el agravante de “racismo” a pesar de que tanto el agredido como su compañero son blancos, al igual que sus presuntos agresores.

“Nos dimos en seguida cuenta de que eran skinheads pero iban en plan casual, sin los parches ni las etiquetas de banderas típicas. Pero claro, eran cabezas rapadas”. Los tres se fijaron en la pareja que iba por la calle. Los dos siguieron andando y torcieron por Alfaros. Allí comenzó la persecución cuando se dieron cuenta de que iban a por ellos. Les acorralaron ya cerca de la Cuesta del Bailío. “Yo sé cómo suelen actuar, atacando todos a la vez. Así que me separé un poco de mi compañero. Nos gritaban y nos insultaban. Nos decían que nos iban a matar. Uno de ellos nos gritó que éramos unos antiespañoles y yo me encaré, diciéndole que a lo mejor el antiespañol era él. En ese momento, uno de ellos me cortó el paso y el otro se acercó. No vi la navaja hasta entonces”.

Acuchillado gravemente en un costado y en el suelo, el ataque prosiguió hasta que de repente apareció un camión bajando por Alfaros. “Eso fue lo que parece que les asustó porque salieron corriendo”, recuerda la víctima. A pesar de sangrar profusamente, el conductor no atendió al herido ni a su compañero. “Nos dijo que llamáramos a un taxi y que nos las apañásemos solos”, recuerda con una risa amarga.

Tratando de taponar la herida con las dos manos completamente ensangrentadas, los dos amigos terminaron en la Fuenseca, donde finalmente apareció la policía y le trasladaron al hospital. “Lo que quiero dejar claro es que no fue una pelea. Nos atacaron y me acuchillaron. Yo puedo ser de izquierdas pero no pertenezco a ningún grupo ni a nada. Nos atacaron porque sí”.

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