El difícil principio de un sueño en La Fuensanta

Salida procesional de Nuestro Padre Jesús de la Bondad | ÁLEX GALLEGOS

El reloj marca algún minuto por encima de las ocho. La tarde es desapacible. Corre un aire áspero, hace frío. Una gran nube gris cubre la plaza. Aunque de modo no intenso, llueve. Los paraguas rodean el Pocito. A pesar de todo, suena La saeta. Un aplauso rompe la calma, como lo hiciera otro sólo hace unos instantes. Es el sonido animoso de quienes celebran que una nueva página de la historia cofrade de Córdoba empieza a escribirse. En la calle se encuentra Nuestro Padre Jesús de la Bondad, que por vez primera recorre este sábado, previo al Domingo de Pasión, las calles de su barrio. Es el de La Fuensanta. Es ante el santuario erigido en honor a la copatrona de la ciudad donde todo tiene su inicio. El punto de partida está marcado por la inquietud debido al cielo. Es el difícil principio de un sueño.

La meteorología es cómo es. Su comportamiento, natural como es, no permite la más mínima discusión. Ocurre lo que ha de ocurrir. Bien lo saben en La Fuensanta, donde quizá el deseo venció a la prudencia. Eso sí, ninguna decisión fue tomada a la ligera. Todo lo contrario. A las siete de la tarde de este sábado estaba prevista la salida por vez primera de Nuestro Padre Jesús de la Bondad, un hecho éste que aguardaba muy mucho la Córdoba cofrade. El cielo intimidaba desde el comienzo del día y no dejó de hacerlo hasta minutos antes de la hora fijada. Aun así, decenas de personas se daban cita en la plaza del Santuario. Los costaleros que habían de ser pies del Señor iban al patio anexo del templo, los componentes de la formación musical esperaban noticias. La incertidumbre era máxima, también después de que la junta de gobierno de la pro hermandad de la que es titular la imagen que talló Antonio Bernal decidiera retrasar la decisión de llevar a cabo o no la procesión.

Tras una prórroga de media hora, la corporación seguía a la espera de una mejoría del tiempo. Manejaban en La Fuensanta informes favorables que hablaban de que la lluvia desaparecería tras las ocho de la tarde. Por este motivo aprobó salir a esa hora. Con el paso de los minutos la expectación creció en la plaza, donde la ilusión fue a más en el momento en que la cruz de guía de la pro hermandad cruzó la puerta del santuario. Era un hecho, Nuestro Padre Jesús de la Bondad iba a obsequiar con la dulzura de su rostro, lágrima en la mejilla, en un sábado sombrío. El Señor surgió del Pocito como un soplo fresco y sonó la primera ovación de los cofrades congregados. Unos segundos después la lluvia volvió a hacer acto de presencia. No importó a la agrupación, que se mantuvo firme en su idea de disfrutar de su estación. La primera, después de que en 2018 el agua impidiera el Vía Crucis con su titular.

Sonó La saeta, en efecto, para abrir el primer trayecto por su barrio de Nuestro Padre Jesús de la Bondad. Marchó el Señor sobre el sencillo pero bien ejecutado paso que adquirió su pro hermandad a la cofradía de la Misericordia de la sevillana localidad de Alcalá de Guadaíra. Vestía túnica blanca, la que lució precisamente en su bendición en enero del pasado año, y mostraba las potencias obra de Francisco Luque Díaz que recibió semanas atrás. La Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia ponía los acordes al tiempo que los paraguas, muy lentamente, se cerraban. La cuadrilla que dirigía Juan Horacio de la Rosa completó una chicotá con dos marchas que condujo a la talla hasta el final de la plaza, al rodeo del Pocito. La segunda fue El principio de un sueño. No pudo ser más acertada la elección, ya que esta obra definía a la perfección el especial momento.

Con alivio, tanto los hermanos como los cofrades observaron cómo el cielo clareaba. Nuestro Padre Jesús de la Bondad había vencido a la lluvia. La comitiva buscó la calle Periodista Justo Urrutia tras recorrer la del Pocito para acortar su itinerario. Superado el trance de la incertidumbre, el Señor continuó con paso firme. Elegante y vivo era el movimiento que aportaban los costaleros en una tarde que, entonces sí, se tornaba histórica para la corporación y para la Semana Santa, en sus vísperas, de la ciudad.

Sin embargo, parecía escrita con anticipo la adversidad para la pro hermandad de La Fuensanta. El barrio la acompañó, pero las circunstancias no tanto. Así, un problema con una de las potencias conllevó la decisión de la retirada de las tres poco más de una hora después de iniciado el trayecto por las calles. Con todo, el cortejo completó con normalidad su camino. Lo hizo hasta que, con la noche ya caída, la lluvia volvió a aparecer. En torno a las diez y media una precipitación de agua sorprendió y obligó a acelerar el ritmo. La mojada fue a más, de forma que se optó por recortar de nuevo el recorrido. Tanto fue así que unos minutos sobre las once la imagen que talló Antonio Bernal ya encaraba las puertas del Pocito. Fue un difícil principio de sueño, aunque también emotivo y vibrante.

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