“Coja solo lo necesario, no llame a nadie y salga de su casa”

FOTO: ALBERTO ALMANSA
Una familia es desahuciada de su domicilio tras la subasta de su casa por el SantanderA las 10.05 de esta mañana, Lourdes Castro regresaba a su casa, en el Campo de la Verdad tras dejar a sus dos hijos de ocho y 11 años en el cole, y a su marido en un curso de formación. En la puerta de su vivienda le esperaban tres funcionarios del juzgado de Primera Instancia Número 2 de Córdoba acompañados de varios policías. “Me han dicho que recogiera mis cosas, solo lo imprescindible, que no llamase a nadie. Que tenían que desalojarme, echarme de mi casa”.El desalojo se produjo sin aviso previo. Así lo autoriza la juez en su escrito. “Que proceda a realizar la diligencia de entrega de posesión sin previa notificación del señalamiento del día y la hora del alzamiento a la parte demandada”. Con ello, ha conseguido burlar a la movilización ciudadana comandada por la plataforma Stop Desahucios que, el 18 de julio, logró parar un primer intento de ejecución.La causa del desahucio se encuentra en el impago del préstamo de 72.000 euros que la familia pidió en 2005 al banco de Santander para reformar su casa. Solo pudieron hacer frente a los primeros 12.000 euros. Después, llegó la crisis y la depresión económica. Lourdes, de 35 años y con dos meses de embarazo de su tercer hijo, perdió su trabajo como cajera en una gran cadena de supermercados. Y su pareja, José Manuel Mengíbar, de 39, que había trabajado toda su vida alternando empleos de peón albañil, camarero, reponedor o repartidor, lleva años en el paro. “Solo vivimos de los 426 euros que nos da de ayuda el Estado”, se queja.La falta de abono de sus cuotas mensuales permitió al banco subastar la casa a una empresa que, según la plataforma Stop Desahucios, se encuentra domiciliada en Luxemburgo. Según aparece en la diligencia que ordena el procedimiento, el demandante de la ejecución hipotecaria es Santander Consumer Finance, S. A.“Hemos intentado negociar, queríamos que, si se quedaban con la casa nos permitiesen permanecer en ella a cambio de un alquiler social. Nos dijeron que, para eso, deberíamos pagar antes entre 4.000 y 5.000 euros. ¿Pero cómo los vamos a sacar?”, se lamentaba José Manuel en la puerta de su casa.Apenas siete bolsas de plástico con comida y ropa, además de la arena del gato y dos comederos. Eso es lo único que Lourdes ha podido sacar de casa. Cuando su marido ha llegado el cerrajero acababa de cambiar la cerradura de su casa. Ya no pueden entrar. Pero la juez les ha dado un mes de plazo para que saquen el resto de sus pertenencias de allí, bajo control“No tenemos donde ir. Tenemos familia, pero no cabemos los cuatro en una casa”, explicaba esta mañana con la mirada perdida José Manuel. Su mujer mientras era consolada por vecinos y amigos. En la calle. En la puerta de su casa. Donde ya no pueden entrar.
Una familia es desahuciada de su domicilio tras la subasta de su casa por el Santander
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