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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

El círculo del cliente

Foto de Louis Hansel en Unsplash

Ana Fernández

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Personas del siglo XXI no es justo que se sientan como en el Infierno de Dante por ser clientes que exigen; personas cliente que aspiran a una mejora en el precio del servicio, que a lo mejor se ven obligadas a reclamar o que pían un poco por todo, pero siempre por derecho. En general, la clientela no debería ser empujada a ese embudo de tormentos, pues la gente no suele caer en la avaricia de amasar todos los chollos, ni en un frívolo impago, ni en el enfado grosero y gritón por una cosilla de nada, ni en la falsedad, la treta o el enredo, sino que la atrapan con las redes y los fangos del sistema.

Ese círculo de maltrato reservado al cliente existe y puede suceder, como me ha ocurrido a mí, que la víctima se pase un mes lidiando casi a la vez con compañías como las de telefonía, seguros y administración de fincas. En el camino, supongo, he experimentado lo que todo el mundo: que conseguir una oferta ventajosa o que nos hagan caso es una carrera de obstáculos cuya superación es un arte y una prueba al temple y la astucia de cada cual. He descubierto que los asistentes virtuales de IA pueden resolver cuestiones muy bien para lo que aún son; que las empresas buscan aprovecharse de nuestros sentimientos mediante un chantaje emocional que nos pone difícil valorar mal a los recursos humanos, est@s currantes congéneres nuestros trabajando en una pesadilla de call center, y con ello evitan que puntuemos fatal el servicio. Hubo quien me dijo que la buena nota de quienes atienden al público depende de que la persona cliente no llame de nuevo por el mismo motivo de su queja en unos diez días posteriores a nuestra conversación. En consecuencia, para no perjudicarlo y porque igual volvía a no servir de mucho, evité llamar y recurrí al chatbot, que, programado para obedecer esa precisa orden, lo arregló. Hasta he hablado estos días, para un fleco del contrato que no era culpa de Amazon, con una señora muy amable que desde Paraguay me atendió estupendamente.

Sin embargo, la cuestión que me preocupa es que triunfe la persona cliente sobre la persona ciudadana; pues vernos obligados a ser clientes en lucha diaria, es una tarea que desgasta y nos distrae de más elevados menesteres como la participación ciudadana y social, la construcción colectiva de nuestros barrios, ciudades y pueblos. Si las facturas y las compañías de tal o cual servicio nos dejan sin tiempo ni ánimos, cómo vamos a embarcarnos en asociaciones y mil maravillas del bien común.

Abrazar la ciudadanía activista, cooperar frente al consumir, es un modo de no acabar quemados en metafóricos o reales infiernos, ya sean pequeños o pavorosos.

Este 9-J se celebran elecciones europeas. Nuestro voto es el primer paso para apagar infiernos y erigir paraísos. No olvidemos que miles de personas dieron y arriesgan su vida por la democracia.

Nota: Las menciones a marcas y productos no llevan aparejada ninguna contraprestación

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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