La decoración

Cuando uno entra en una oficina judicial se imagina un sitio gris, cargado de máquinas, papel y funcionarios trabajando. No solo es eso. También está la decoración mural: almanaques sindicales enseñando los domingos en rojo obsceno. Carteles de vírgenes dolorosas y cristos lacerados clavados con chinchetas. Dibujos pueriles de los vástagos de los funcionarios. Postales y fotografías recordando vacaciones pasadas, o simplemente, indicando dónde les gustaría estar en este preciso momento. Hay gran variedad: veo veleros, veo playas desiertas de agua azul turquesa en las que asoma la sombra de un cocotero, veo la foto del funcionario en cuestión sujentando la torre de Pisa. Veo la postal de los Presidentes de los Estados Unidos tallada en el monte Rushmore.  Bill Callahan también ve pasar esa postal entre muchas otras en su video de "America!", y lo hace a su ritmo neofolk:

Podríamos tomar ejemplo de los norteamericanos, y esculpir al pie de nuestra montaña la cara de nuestros políticos. Se me ocurre la jeta de algún concejal. En las naves de Colecor pondríamos el centro de interpretación. Las tornas se cambiarían, ahora sería legal. E incluso podríamos multar al pueblo árabe por haber levantado allí Medina Azahara. Ingresos extra para las arcas locales. Arrasaríamos la ruina omeya con bulldozers y caterpillars. Todo el mundo podría plantar su chalé cómo-y-donde-le-plazca. Oteando el horizonte hasta donde pudieran alcanzar nuestros ojos ( el Castillo de Almodóvar, probablemente),  cantaríamos victoriosos los versos del granda(n)ddy Leonard Cohen:

"First,

we take Majaneque,

then

we take Veredón"

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Publicado el
3 de marzo de 2013 - 07:00 h