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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Terrorismo

Multitud de vecinos de Villanueva de Córdoba se concentran para condenar el asesinato machista en Pozoblanco.

Alfonso Alba

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Hace apenas cinco años, cuando el ISIS tenía su propio califato y campaba a sus anchas por las redes sociales, comenzaron a surgir lo que las fuerzas de seguridad llamaron “lobos solitarios”. Eran personas que se habían radicalizado en casa, sin apenas contacto con los líderes terroristas, que se limitaban a consumir propaganda yihadista en redes sociales y que asumían que su objetivo en la vida era matar a cuántas más personas mejor. En ese rápido proceso de radicalización islamista, estos lobos solitarios asumían que lo que hacían estaba bien, que era su deber como soldados de la Yihad y que el resto del mundo estaba equivocado.

Los lobos solitarios iban despertando por Occidente, aterrorizando países. Unos conseguían armas automáticas, otros convencionales, los más usaban lo primero que tenían a su alcance, como grandes cuchillos o hasta herramientas. Muchos mataban y otros eran detenidos antes de que lo consiguieran, cuando la Policía o la Guardia Civil detectaban que se habían radicalizado y que estaban preparando un atentado inminente.

Esta semana hemos conocido a tres lobos solitarios en Córdoba. El primero, el martes, se hizo con una escopeta de aire comprimido para llevarse a una mujer de 31 años y madre de tres hijos por delante. Después se pegó un tiro. El segundo, también en Pozoblanco, se armó con un destornillador para apuñalar 20 veces a otra mujer y hasta a su propia hija, que trataba de defenderla. El tercero ha sido arrestado después de que llevase siete años en busca y captura para cumplir una condena a 17 años de cárcel por una terrible agresión.

Los tres han actuado por su cuenta. Y los tres han considerado que lo que hacían era justo, que esas mujeres les pertenecían y que si decidían ir libres, dejarles de lado, tendrían que recibir un castigo.

A buen seguro, esos tres hombres han recibido una completa propaganda machista para llegar a este violento extremo. Como el ISIS, son miles los que reciben esos vídeos, esos mensajes, pero pocos los lobos solitarios que actúan. Pero que lo hacen. Con el machismo ocurre igual. Son miles los mensajes que esos hombres reciben (recibimos) desde pequeños, en la escuela, en el instituto, en las redes sociales y ahora en la política.

Esta semana hablaba con un amigo de Pozoblanco de conversaciones instaladas ya en las barras de algunos bares rancios. “Así estaría el hombre para hacer algo así” es la justificación más habitual ante estos crímenes. Es como si cuando un yihadista armado con un AK-47 asesina a inocentes a sangre fría tratemos de buscarle una explicación: “Pobre chico, así estaría ya de harto con esta sociedad para hacer algo así”.

La historia nos enseña que cuando se dan dos pasos hacia adelante casi siempre se da otro atrás. Estamos en un momento en el que se han conquistado derechos y se logró una unanimidad contra todos los terrorismos, también el machista. Pero es una pena ver cómo por una mera cuestión de oportunidad política esos minutos de silencio, esas declaraciones institucionales, esas condenas a estos crímenes salvajes, ya no son unánimes.

Cuando Vox huye de esas fotos, cuando insiste machaconamente en que “la violencia no tiene género”, me recuerda a aquellos concejales de Batasuna que en lo peor de los años de plomo del terrorismo etarra se retrataba: “Lamentamos, pero no condenamos”. Ese era su eufemismo, su frase hecha, para justificar a su manera el terrorismo.

¿Se imaginan cómo estaríamos este domingo si el martes un terrorista hubiese matado a una persona con una escopeta en el mismo pueblo donde 48 horas después otro hubiera atacado con un destornillador a otra?

Para meditar.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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