Rinconete y Cortadillo

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Esta noche, a las 21:30, en La Sexta, se emite el segundo programa de Malas Compañías sobre Andalucía y elaborado por Producciones del Barrio. Entre el primero y el segundo, se resume en apenas dos horas la respuesta a una pregunta para la que se necesitarían tres tesis y varios trabajos de fin de máster como el que supuestamente no hizo Cristina Cifuentes. La corrupción en Andalucía es diferente. ¿Y el clientelismo? ¿Es corrupción?

El programa de esta noche no deja de ser una especie de Rinconete y Cortadillo del siglo XXI, dos ladronzuelos en el patio de un Monipodio que se buscan la vida e intentan prosperar de una manera bastante inmoral pero, a su manera, hasta entrañables. Lo que hacen está mal. Mucho. Roban. Pero además, tienen don de gentes.

El que fuera durante una década director general de Trabajo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Guerrero, al que la jueza Alaya acusa de darle hasta una subvención al supuesto camello al que su chófer le compraba cocaína, podría sobrevivir perfectamente en la Sevilla del siglo XVI y llegar a cumplir muchos años en el patio de Monipodio. O incluso sucederle.

Guerrero es el máximo representante, la punta del iceberg o quizás el verdadero retrato de lo que ha venido ocurriendo en Andalucía en los últimos años. Como director general de Trabajo en la comunidad autónoma con más paro de España era el hombre que tenía que arreglarlo todo, costase lo que costase. Con acceso a millones de euros procedentes de los fondos europeos que tendrían que convertir a Andalucía en la California de Europa, Guerrero era una especie de Señor Lobo de Pulp Fiction, el hombre al que se llamaba para que resolviese problemas sin que los de arriba se manchasen las manos.

En cuatro meses de trabajo hemos visto de todo. Y nos hemos empapado de un sumario muy complejo en el que saltan las costuras de la cultura política de Andalucía. Guerrero acudía al rescate de trabajadores que se iban a ver con una mano delante y otra detrás por un despido masivo, por una dolorosa reconversión de la escasa industria andaluza. Eran en su mayoría hombres de más de 45 años que no iban a tener futuro a los que se prejubilaba en un sistema opaco que sirvió para que, de paso, muchos se llenaran las manos de millones de euros o se adjudicaran pólizas de prejubilación a gente que no había dado un palo al agua en esas empresas (en las que ni siquiera trabajó).

Lo de la cocaína y las fiestas de Guerrero de las que habló su chófer son una anécdota en forma de titular de prensa que opacó la profundidad de una forma de actuar: arreglar los problemas que podrían hacer perder elecciones costase lo que costase. Por eso hay dos expresidentes de la Junta sentados en el banquillo de los acusados. Es verdad que ninguno se llevó un duro. Pero sí que presidían un sistema en el que muchos se lo llevaban. Algunos de manera descarada. Otros retorciendo la normativa.

El caso de los ERE o el clientelismo político le ha estallado al PSOE, que lleva gobernando Andalucía 40 años. Pero, y sin ánimo de encender el ventilador, ¿es que los partidos que han cogobernado con los socialistas en Andalucía se han comportado de manera distinta? Un amigo me comentaba el otro día que en los años en los que el PSOE cogobernaba con el PA era fácil identificar donde había un ayuntamiento andalucista. Había que irse al Google Maps y buscar los pueblos con grandes polideportivos y piscinas. El PA, que no se nos olvide, controló la Consejería de Turismo y Deporte.

Por eso, a lo mejor, hay que preguntarse de donde venimos. Y si de verdad hemos superado la etapa en la que dependíamos de esos caciques, esos conseguidores que nos daban lo justo para sobrevivir, pero no lo suficiente como para realizarnos. Es decir, que lograban ese extraño equilibrio para que siempre acabásemos dependiendo de ellos. ¿Y eso qué es? ¿Corrupción?

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Publicado el
1 de abril de 2018 - 02:31 h
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