Todo es mentira

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Todo es mentira, salvo alguna cosa. Hasta el próximo 26 de mayo es probable que al grupo de WhatsApp de tus amigos, de tu familia o del trabajo te lleguen mensajes muy locos: que si Pedro Sánchez ha llamado fachas a los que llevan banderas de España (¿hay un candidato que haya sacado una bandera más grande que la suya en aquella campaña de 2015?), que si Pablo Iglesias ha llamado a lanzar cócteles molotov contra guardias civiles, que si Ciudadanos quiere prohibir el catalán o el PP derogar la ley del aborto (bueno, esto podía ser verdad, creo).

Es imposible hacer una criba, distinguir entre lo que es verdad y lo que es mentira, cuando estos mensajes salen, precisamente, de los cuarteles generales de los partidos políticos. La campaña electoral del Brexit, primero, y la de Donald Trump en Estados Unidos, después, han marcado el camino de la nueva política, que se aprovecha de la rapidez con la que ahora circulan los mensajes y lo difícil que es atajarlos. La campaña de las andaluzas ya mostró algunos indicios de por donde podrían ir los tiros (¿dónde están los miles de inmigrantes colapsando el SAS, que yo los vea?), pero su recuerdo va a ser Heidi al lado de lo que nos espera.

Probablemente, muchos de esos mensajes lleguen sin que los que siempre nos hemos encargado de distribuirlos, los periodistas, nos demos cuenta. La campaña del Brexit es un ejemplo. Millones de británicos recibieron mensajes que se quedaban fuera de los canales oficiales de distribución. Muchos creyeron que las islas iban a ser invadidas por 70 millones de turcos, cuando su país entrase en la Unión Europea, y barbaridades similares.

Ahora, España se juega mucho en las elecciones del 28 de abril, donde todo apunta a que la distancia entre los bloques de izquierda y derecha se estrechan. Y donde además parece que importa poco en muchos partidos decir la verdad. El fin justifica los medios, piensan, ¿no?

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10 de marzo de 2019 - 01:05 h
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