Ideas para el callejero: Gondomar-Inditex o Tendillas-AC

Hasta hace no muchos años, cada centro comercial de cada ciudad tenía algo diferente. Desde la irrupción de la globalización, a finales de los noventa, todos los centros comerciales de todas las ciudades del mundo se parecen, sus ciudadanos se visten igual, se peinan de la misma manera, se ponen un calzado muy parecido y hasta se alojan en hoteles que reproducen hasta el infinito el modelo de sus habitaciones.

Este jueves cerró sus puertas la Flor de Levante en la plaza de las Tendillas. No como otros inviernos, desde 1935, en los que se retiraba a Alicante tras vender los turrones. No, esta vez es para siempre. Los propietarios de la Casa Colomera la han vendido para construir un hotel de cuatro estrellas. La Flor de Levante ocupaba uno de sus locales que daban a las Tendillas junto a Pañerías Modernas, otro clásico, otro toque diferente que ahora tiene que embalar sus telas y marcharse.

Hace años que un amigo, entre bromas, me propuso cambiarle el nombre a la calle Gondomar y Concepción. "Bulevar Amancio Ortega. O mejor, Inditex". Todos los bajos de todos los locales fueron siendo ocupados, poco a poco, por franquicias de la mayor empresa textil del mundo, que es española y que está en lugares similares de las principales ciudades del planeta. Ahora, con la fiebre del turismo y de la apertura de hoteles a lo loco por la ciudad podríamos hacer lo mismo con las Tendillas.

Hace años, en el verano de 2011, cuando Twitter era un lugar divertido, creamos un hashtag en Córdoba: #tiendasviejunas. Se convirtió en una especie de Trending Topic local. Aún siguen aquellos tuits, divertidísimos, sobre esas tiendas que existieron o que existían y estaban desapareciendo: en las calles Gondomar y Concepción se recordaba a los Almacenes Diego Ruiz y a Los Madrileños, estaba Fidela, Melody o Pataya, por supuesto que Pañerías Modernas, el Palacio de los Caramelos o la Flor de Levante, Kalia, Fuentes Guerra...

Muchos de estos establecimientos siguen apareciendo en guías de turismo, para que los turistas compren en algún lugar típico de Córdoba. Pero la mayoría cerró, ha cerrado o tiene pensado cerrar. Casi siempre son sustituidos por bares, que cierran al poco en los peores casos, o por tiendas de souvenir, que con todos mis respetos hacia sus promotores no tienen el alma y la esencia de las tiendas viejunas.

Cada vez que publicamos que un clásico se va de Córdoba, como acaba de pasar con la Flor de Levante, crece una ola de indignación en redes sociales. En pocas semanas, desaparece. La globalización es así. Va matando nuestra memoria comercial poco a poco, y encima con una sonrisa: qué guay que nos van a poner un hotel de cuatro estrellas en Las Tendillas. Alegría, que es Navidad.

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25 de diciembre de 2016 - 02:03 h
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