La fiesta de la democracia, ¡chupito!

Si cada vez que hoy, en cualquier punto de España, alguien antes, durante o después de depositar su voto dice aquello de "fiesta de la democracia" pueden beberse un chupito. Seguramente acabarán la jornada electoral con una buena cogorza y no se enterarán del resultado, ese que (¡chupito!) cambiará España a partir del lunes.

Si hay un lugar común de todos los que hoy se van a decir con el que estoy de acuerdo es que las de hoy son las elecciones más apasionantes de la democracia. O al menos, de las que yo (nací en 1980) he vivido. Imagino que las de 1977, 1979 y 1982 fueron apasionantes. Y, desde luego, las que se celebraron en la II República. Pero esas las he tenido que estudiar en Historia de la España Moderna.

Más allá de la incógnita, poco (o nada) se ha hablado en esta campaña electoral del escaso margen de maniobra que va a tener el próximo Gobierno. De hecho, poco (o nada) se ha hablado de Bruselas, de Angela Merkel, de cómo vamos a negociar con Europa cuando quiebre la Seguridad Social (sí, soy un catastrofista) y de cómo va a ser, esa sí, la auténtica fiesta de la democracia dictada desde fuera de España.

No quiero hacer demagogia (¿lo he hecho ya?) ni restar importancia a lo que ocurra hoy. Pero quizás me esté haciendo viejo y la euforia que se pueda desatar esta noche en algunas sedes me viene un poco larga. La verdadera fiesta de la democracia sería que pudiésemos elegir libremente nuestro futuro. Pero eso, me temo, no va a ocurrir. Ya habrá otros que elijan por nosotros. Como siempre.

Pero ojo, no se les ocurra no ir a votar.

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20 de diciembre de 2015 - 02:06 h
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