Las cifras del paro nunca son como nos las cuentan

El titular de esta columna es un autozás en toda la boca para el que la escribe y que lleva años publicando mes a mes cuánto baja o cuánto sube el paro en la provincia de Córdoba. Autozás dado, y con eso de los propósitos de año nuevo, quiere ser una especie de acto de construcción de cara al futuro.

No, las cifras del paro nunca son como nos las cuentan por muchas razones. La primera y principal: yerran todos los titulares que escriben aquello (como ha pasado este último mes) de que el paro ha bajado en 100.000 personas en un mes. No es cierto. La bajada, que podría ser incluso mal escarbando un poco en la estadística, no es exacta. Mes a mes, lo que los periódicos contamos es el número de personas inscritas en las oficinas de desempleo. Por eso, el titular correcto debería ser "baja en 100.000 el número de personas inscritas en la lista del paro". La precisión es necesaria por una sencilla razón: estas cifras a veces son una ilusión óptica.

En primer lugar, no todo el mundo que carece de empleo está apuntando en la lista del paro. Muchos han perdido la esperanza de que los llamen alguna vez para algún trabajo y otros, sencillamente, es que han dejado de buscar. Tampoco significa, por tanto, que si en el mes anterior había cuatro millones de inscritos y ahora hay 3,9 millones sean 100.000 las personas que han encontrado trabajo. De esos 100.000, es probable que unos ya no estén inscritos, otros hayan emigrado, otros se hayan jubilado y otros, claro que sí, hayan encontrado un trabajo aunque sea de un par de días a final de mes (y con eso ya dejan de estar inscritos).

Los datos son tan complejos que para Europa esas cifras que publicamos mes a mes no son válidas ni homologables. Por eso, desde hace un par de décadas la Unión Europea obliga a España a calcular las cifras del paro a través de una encuesta idéntica a la del resto de países de la comunidad. Esa encuesta se publica cada trimestre y se llama EPA (Encuesta de Población Activa). Su sistema de elaboración es idéntico a las encuestas de intención de voto. Un señor llama por teléfono a su casa y le pregunta si tiene o no trabajo, su edad, cuándo trabajó por última vez o cuánto lleva haciéndolo, etcétera. Aún así y pese a contar con el visado de Europa, la EPA también se equivoca y (oh, drama) puede ser manipulada y cocinada. Sin embargo, sus resultados siempre son mucho peores que los mensuales del paro registrado. Así, mientras la EPA nos dice que España se acerca a los seis millones de parados, en el paro registrado nunca hemos pasado de cinco millones.

Por todo esto, resulta extraño que todo un Gobierno fíe su futuro a unos datos tan volátiles como los del paro registrado y que toda una oposición centre sus críticas en leer una estadística que siempre ha tenido trampa.

En 2011 ocurrió una cosa similar. El Plan E de Zapatero consiguió que bajara la cifra del paro registrado en cientos de miles de españoles, que volvió a subir cuando se acabaron los fondos. Ya sabemos que el PSOE sufrió un histórico descalabro electoral. Ahora, la zanahoria con la que el Gobierno quiere movilizar a sus votantes es la recuperación que ahora sí se ve al final de ese túnel tenebroso y para ello se agarra exclusivamente a la estadística sin valorar que el descenso se debe, sobre todo, a la población que se ha marchado, a los que han dejado de buscar y a los parados que se han liado la manta a la cabeza y se han convertido en autónomos con ingresos, en la mayoría de las ocasiones, poco menos que miserables.

Si el Gobierno pretende fiar todo su futuro a la estadística de la macroeconomía, sin descender aunque sólo sea un poquito a la realidad de sus ciudadanos, es que se lo está jugando a un doble o nada. Ese atisbo de recuperación es hoy más una ilusión que una realidad que acabará arrasado con cualquier pequeño estornudo de la vieja Europa. Entonces, a los españoles se le habrán acabado los agujeros del cinturón que llevan tantos años apretándose.

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7 de enero de 2014 - 01:56 h