Capitán, mande firmes

.

Mi infancia también son recuerdos de un patio de una casa cuartel durante un día del Pilar. Como niño, el desfile, los uniformes, las armas y después la fiesta, los juegos, las carreras, el escondite en un lugar como otro cualquiera. Pero hasta este viernes no supe que cuando yo era un niño la mujer no podía ser guardia civil.

La Guardia Civil es uno de los cuerpos policiales más antiguos de Europa. Este viernes, la primera vez que una subdelegada del Gobierno mandaba firmes, se celebraban los 30 años de la incorporación de la mujer al instituto armado. Y además, no ha sido hasta ahora también cuando otra mujer, una teniente, se ha convertido en la primera oficial de la provincia.

La Guardia Civil de principios de los ochenta ya no es lo que era, afortunadamente. Hoy es un cuerpo profesional e independiente (que le pregunten a la Unidad Central Operativa y su multitud de operaciones contra la corrupción en España) que sigue en proceso de transición tantos años después. La llegada tardía de la mujer se está poco a poco solucionando (ya hay comandantes mujeres en otras provincias) pero también otros problemas laborales.

A principios de los ochenta algunos guardias civiles sobrevivían porque tenían vivienda en una casa cuartel. Sus salarios nunca fueron los mejores de un cuerpo policial en este país, quizás porque este instituto armado, de rango militar, adolece de otro problema: no puede tener un sindicato que luche por sus mejoras laborales. Pero poco a poco colectivos como la AUGC está logrando objetivos: esta tiene que ser, por ejemplo, la nómina de la equiparación salarial.

Pero este viernes, en la casa cuartel de la comandancia de La Victoria, aún seguía preguntándome cosas y confiando en la lenta evolución del cuerpo. Durante la ofrenda a la patrona, la Virgen del Pilar, ante la presencia de una enorme cruz, seguía pensando en qué sentiría en un acto así un guardia civil no creyente (que los hay, y muchos, que yo los conozco), un agente judío, negro o budista, que están en su derecho.

Poco a poco, el cuerpo tiene que ir adaptándose a los nuevos tiempos, a la globalización y a salir de ese estado confesional que tuvo España hasta hace 40 años y del que al país le cuesta despegarse. Capitán, mande firmes, gritaba la subdelegada. Atrás, un enorme crucifijo presidía la comandancia. Poco a poco.

Etiquetas
Publicado el
14 de octubre de 2018 - 02:50 h