Día del padre

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Esa imagen es  la primera que veo todas las mañanas últimamente. Iago tiene miedo y a eso de las seis me despierta con sus pisadas leves y apresuradas, viene corriendo a meterse en la cama grande. Iago te abraza y te besa con una ternura primaria que te abruma, una ternura que vivo con nostalgia porque sé que en esta exacta forma durará unos meses o unas semanas. Iago tiene una hermana mayor y sé por ella que cambian más rápido que nuestra capacidad para darnos cuenta, y este tiempo que ahora vivo de su desvalimiento y cariño ya se me aparece como un recuerdo.

Nadie está preparado para la paternidad, somos una suma de chapuzas, reseteos y amaños y cuando nos enfrentamos a la tarea de ayudar a crecer nos saltan las costuras. Estamos acostumbrados a nuestras pequeñas trampas y autoengaños, y con ell@s no hay truco que valga, tienes que estar a la altura siempre, y si no lo estás, reconocerlo y procurar no aprovecharte de la desiguadad, de sus silencios obligados, de su obediencia. Con ell@s aprendes que solo vale la verdad, que hay que enfrentar los problemas, que la vida requiere de comprensión, constancia, inteligencia y generosidad. No somos conscientes de lo complejo que es hacerse una persona hasta que tenemos que ir ayudando día a día, convirtiendo cada pequeña actividad en un acto de construcción, un diseño de una forma de sentir, un gesto o una actitud.

Su tiempo es otro tiempo, y gracias a ell@s sabemos que pasa también por nosotros, que creemos vivir en un momento detenido. Y ese tiempo acelerado es denso, cualquier cosa que ocurre en él es una puerta que se abre o se cierra, cualquier anécdota, un detalle cotidiano que olvidamos rápidamente, es un asidero para la comprensión de las cosas y su entendimiento de su lugar en el mundo. Algunos de esos inadvertidos instantes se les grabarán en la memoria y serán para siempre parte de su personalidad, una pequeña parte que quizás explique sus derivas, sus decisiones. De pronto nos damos cuenta de que en la vida no hay tiempo de relleno, todo es importante, crucial, al fin, lo único que tenemos.  La intensidad es tanta como la fugacidad, y de las muchas lecciones que uno aprende de esta aventura es una de las más importantes, que no existe ni el día del padre, ni de la madre, ni del medio ambiente, sólo existe un día. Hoy

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25 de marzo de 2014 - 05:05 h
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