Asamblea de Ganemos con Podemos al fondo

.

Mariana: Buaaaa, yo no me quiero morir cuando sea mayor…¡

Iago: No llores Mariana, nos quedamos en casa y ya está

Mariana: Noooo, aunque nos quedemos en casa nos morimos igual..¡

El pasado 25 de mayo pasó algo en nuestro país. Bueno realmente todo empezó tres años antes, el 15 de mayo de 2011, pero cuando ya parecía que estábamos donde siempre, 1.245.498 ciudadanos y ciudadanas se comportaron de forma extraña en las elecciones europeas, votaron a algo que casi no existía que se llamaba Podemos. Desde casi la clandestinidad, dos partidos, Equo y Podemos, habían hecho cosas raras, se habían tomado en serio el 15 m, hicieron primarias abiertas y un programa  participado, pero nada hacía pensar  lo que iba a ocurrir. Mientras nuestra clase política se dedicaba a arramblar con los restos del saqueo (Francisco Granados y sus secuaces estaban ya con el cobre de los cables y los marcos de las ventanas) consiguieron abrir una vía de agua en el Titanic, por la cual se ha colado otro relato de lo que nos ha pasado en los últimos 36 años.

Hasta entonces la participación política en este país se movía entre dos alternativas; o estabas en ese espacio bienintencionado de los movimientos sociales, las plataformas de defensa de bienes públicos, ambientales, o por la igualdad;  o estabas en los grandes distribuidores de efectivos por lo público y sus aledaños. Siempre hay un grupo de ciudadanxs para lo primero, se manifiestan, hacen documentos, se reúnen con unos y otros, se mueven en esos márgenes movidos por su compromiso ideológico, sus necesidades expresivas o el azar que los coloca en comunidades vertebradas en torno a proyectos minoritarios, y soportan la simpatía condescendiente de muchos, o el rechazo conservador de otros. Es duro, cansado, aunque se soporta por la íntima convicción de hacer lo que debes hacer, y alguna admiración de los tuyos. La otra opción era introducirse en el magma viscoso de los grandes partidos, un espacio presidido por la famosa sentencia de Dante "perded toda esperanza", un lugar para la refriega, para desaprender todo el civismo y la vocación por la verdad que te hubieran inculcado, terreno de ganadores inmisericordes y perdedores taimados. Sabías cosas, conocías gente y te tocaba o te podía tocar, a cambio soportabas cierto desdén de tus amistadas que minusvaloraban tus éxitos, que nunca creyeron en tus motivaciones y tus ideales, que sabían que ya estabas dentro y que no podías dejar de comportarte así, incluso a tu pesar.

La mayoría de la gente, cuerda, no tenía madera ni para una cosa ni para la otra, y así nuestra democracia se estaba convirtiendo en un erial, un decorado para la expresión marginada de unos cuantos, y el enorme negocio de otros, mientras que la gente se sentía íntimamente mal por su pasividad y su ingenuidad, por no defender sus ideales y por no aprovecharse de las situaciones, por falta de talento, ambición y escrúpulos para una cosa y la otra. Desde el 25 de mayo se ha roto el esquema y los ciudadanos pueden jugar a ganar y defender lo que creen, estar en la calle y en las instituciones, salir del heroísmo expresivo o del cinismo interesado al que nos condenaban, para estar en lo real y en el sueño, y pensar que esto es tan tuyo como de los demás, y no una fratria en la que siempre debes algo a alguien. Los seguidores de los hasta anteayer grandes nos intentan desanimar con el argumento de que al final ocurrirá lo de siempre y las nuevas formaciones se traicionarán a sí mismas, y es quizás eso lo que nos anima, que sabemos que la felicidad es efímera, que solo muy de vez en cuando se vive un momento fundante (recuerdo los estudios del sociólogo Francesco Alberoni sobre la relación de estos momentos y el amor) y hay que vivirlos con intensidad y afán de extenderlos lo más posible, porque no es frecuente esta posibilidad de felicidad compartida, porque está en la plaza esa chica con la que te cruzas todas las mañanas y que siempre pensaste que debía ser interesante, y sobre todo porque después siempre viene la rutinización, el miedo a arriesgar, el conservadurismo.

Este espacio para la felicidad no es de nadie, es de la gente, con especial mérito para la que creyó en ella hace más de tres años y se echó a las plazas ante el coro de tontos con micrófono y periódico que insistían en que no tenían propuestas, que todo no era más que una rabieta; y también de los que después mantuvieron  la voz en mil batallas contras las privatizaciones o los desahucios. En esos lugares, detrás de una pancarta o un altavoz, sigue ocurriendo el cambio todos los días, y en espacios como Ganemos,  Equo o Podemos, que tienen la difícil tarea de convertir este desorden creativo en una alternativa a la totalidad, seductora e inteligente, libre y experta. El próximo jueves es la asamblea general de Podemos Córdoba, y el domingo  la de Ganemos, en la que se comienza a definir la propuesta  que va a hacer a Córdoba, no sabemos si la única propuesta en esta línea, pero a día de hoy la que más esfuerzos ha hecho. Así que el próximo domingo a las 10 de la mañana debíamos estar todxs en el IES Gran Capitán para que no se pierda el impulso vital de la ciudadanía y nos siga recordando al 15m, y no a una de tantas coaliciones perpetradas calculadora en mano. Porque además, si nos quedamos en casa, nos vamos a morir igual.

Nota: en la imagen, asamblea de Ganemos con Podemos al fondo

Etiquetas
Publicado el
4 de noviembre de 2014 - 05:25 h
stats