Un adiós que ya llega

Parece que fue ayer cuando nos despertamos nerviosos por la mañana. Desayunamos muy rápido y nos vestimos a la velocidad del rayo. ¡Había llegado el primer día de 'guarde'! Recuerdo que organicé mis tomas con el chiquitín para que todos, en familia, pudiésemos llevar al enano a su primer día de 'cole'. Él estaba encantado. Tanta comedura de cabeza durante el verano había dado sus frutos.

Nos recomendaron una adaptación progresiva y así lo hicimos. La primera jornada iba a ser corta. Entró a las 9,30 horas y lo recogimos a las 11,00. Me sorprendió la tranquilidad con la que se quedó con su 'seño'. No lloró. No lloré. Lo vi tan relajado y, aparentemente, tan tranquilo, que me fui contenta y serena. Aprovechamos para hacer la compra en ese ratito. Cuando lo recogimos, estaba tristón. La profesora nos dijo que había llorado, como el 80% de los niños, y que había preguntado mucho por nosotros. Se me encogió el alma. Pero no podía hacer nada. Separarse de nosotros y comenzar a tener su propio espacio y un rato de vida independiente era más que necesario.

El disgusto se le pasó pronto. Recuerdo que el resto del día lo pasó estupendamente. Incluso, a la mañana siguiente, cuando despertó, la idea de volver al 'cole' le pareció hasta buena. Sin embargo, esta vez, al dejarlo en brazos de su 'seño' sí que se puso algo triste. Y a mí se me partió el corazón. Al tercer día, ya decía que no quería ir al 'cole'.

Gracias a Dios, fue sólo eso: un corto, aunque intenso, periodo de adaptación.

Al poco tiempo, estaba encantado de ir a clase. Comenzó a reconocer a los otros niños como amigos y compañeros y a hacerse con la rutina impuesta en el centro (una de las cosas que más deseábamos cuando decidimos que fuera a una guardería).

Cuando llegaron las vacaciones de Navidad, se le hicieron hasta largas. Mi hijo sólo quería regresar a su 'cole', ver a sus amigos y contarle todas sus aventuras a su 'seño'. La adaptación fue más que buena. Y sus padres estábamos y estamos encantados.

A mí, personalmente, esta experiencia me ha hecho cambiar el concepto de guardería. Pensaba que estos eran sitios en los que los padres, por obligación o no, aparcaban a sus hijos. Pero no. Nada de eso es cierto. Allí juegan y se divierten, pero también aprenden y los estimulan adecuadamente. Tienen una programación muy estudiada con detalles de todo tipo. Mi hijo ha aprendido en estos meses a pintar, a hacer palotes, a dibujar trazos son sentido, a contar en español e inglés, muchas frases y palabras sueltas en este idioma, etcétera. Pero también ahora sabe lo que es compartir, tener amigos, el respeto por los demás, el sentido de la responsabilidad y la obligación, entre otras cosas. Ya sabe que no es el ombligo del mundo y que todo no gira a su alrededor. Y, aunque en casa siga siendo un rebelde sin causa a la hora de dormir (sobre todo la siesta), esta rutina le ha hecho crecer como persona y diferenciar entre el bien y el mal (entended aquí esto a un nivel infantil, por supuesto).

En definitiva, mi experiencia como mamá de alumno de guardería ha sido muy buena. Y pienso que, si mi hijo pudiese escribir estas líneas conmigo, además de suscribir todo lo que digo, se comería a besos a su 'seño' Bea. Ya me dijeron que era un encanto, además de buena profesora, cuando fui a conocer el centro, pero en este curso, ha vuelto a demostrarlo.

Bea, sé que lees este blog de vez en cuando. Tú misma me lo dices. Aprovecho entonces para darte las gracias por cuidar a mi hombrecito durante todo este curso; por haber conseguido con él cosas que para mi son imposibles; por haber tenido, en ocasiones, infinita paciencia; por informarnos, puntual y diariamente, de todas las novedades y rutinas de nuestro hijo; por tratarlo (y tratarnos) con tanto cariño y por preocuparte como lo has hecho. Habéis conseguido convertir a un bebé en un niño más que preparado para enfrentarse al 'colegio de mayores'. Y lo mejor: se lo ha pasado tan bien con vosotros que no concibe pasar el verano sin pisar su clase y ver a sus amigos.

En fin, que parece que va llegando el final. Aunque esto no es un adiós, si no un hasta luego. El curso que viene volveremos con nuestro pequeñín. No podíamos dejarlo en otras manos. No estará con Bea todavía, sino con Sara, otra magnífica profesora a la que tengo mucho que agradecer, por estar pendiente de nuestro hijo, por recibirnos siempre con una sonrisa y por no dejar escapar ni un solo detalle.

Gracias a todos los que formáis parte de la familia de esta guardería. En vosotros confiamos nuestros bienes mas preciados y es justo que ahora os digamos que ha merecido la pena. Probablemente, nuestro hijo no se acuerde en un futuro de esta etapa pero, nosotros sí. Y le contaremos que es quien es, en parte, por estos meses, cruciales para su desarrollo y preparación a lo que le espera en los siguientes años.

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19 de junio de 2013 - 08:00 h