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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Volver a volver. Solo sobrevivir.

Puerta del Museo Arqueológico de Córdoba

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Y ahora llegan esos miserables del Isis ( me niego a llamarlos hijos de puta por respeto a las mujeres que los malparieron ) y siegan la salida por aire de los que huyen del horror talibán. !Como no serán estos del Isis que consideran a los talibanes "malos musulmanes" y “colegas“ de EEUU !. Y, cuidado, que aún quedan por aparecer los de Al Qaeda. Solo imaginar qué no habrán de sufrir a pie los que se enfrentan a la huida a través de desiertos, peligros y guerras y ya me recorre un escalofrío de tristeza y compasión … ¿dejarlo todo y coger de la mano a tus hijos indefensos para emprender una marcha sin destino? ¿se imaginan ser mujer en ese escenario?.

Nacer según donde nos condiciona el resto de la vida. Por eso volver a volver, como en mi película preferida, la que me enseñó que nunca es tarde para amar, ni para volver a tu tierra y hacerlo a esta Córdoba, serena y callada, aunque sea para hervir con las últimas llamas de agosto, es un regalo de la vida.

Todo es mejorable. Es cierto. Pero en un cómputo global poder sobrevivir en esta Córdoba única es una suerte. Es parte de una Andalucía mágica, en el Sur de un país como España, dentro de la vieja y sensata Europa y en un mundo occidental libre, de costumbres cultivadas y con una paz envidiable. !Cómo para no querer volver a volver!. Volver es ahora más que nunca reconfortante. Una suerte de confort material unido a la belleza para el alma. No hay más que haber visto el vuelo aéreo que en la Vuelta Ciclista a España exhibimos al mundo. Ninguna ciudad atesora tanto en tan poco, aunque necesite respirar fuera de vez en cuando.

Cuando ayer volví y tuve que salir a la hora imposible de la siesta para ir a la Plaza de Jerónimo Paez, me sorprendió ver alli sentados a distintos viajeros. Una pareja francesa con un niño pequeño al que metieron en la fuente y empezó a chapotear entusiasmado; dos ingleses mirando un mapa y justo al Iado de donde me senté, tres gallegos. El acento era inconfundible. Al rato, viendo que nada hacían, con ese calor que solo los de Córdoba entendemos, les espeté “¿ pero que hacen tres gallegos a estas horas en un sitio como este ? La respuesta me dejó de repente helada: “Sentir el peso de la historia. Estar sentados sobre uno de los mayores teatros que construyó Roma… bueno y que la lluvia gallega este año ya nos pesaba. Vinimos a ver el sol”. El resto, imaginen.

Volver a volver a este rincón del mundo es una gozada. Volvamos felices y agradecidos porque solo tendremos que sobrevivir a la simpleza de las adversidades cotidianas. La supervivencia es otra cosa. En aquellos otros rincones del mundo es conservar la vida que otros pierden a un milímetro tuyo. Una vida que conservas solo por azar, porque la bomba estalla cinco minutos después. Qué suerte volver a volver. Sin huir de nada.

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Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

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29 de agosto de 2021 - 04:00 h