Distracciones meteorológicas

El comienzo de este extraño verano, que ha otoñizado las noches cordobesas con valores impropios para la época, ha querido empezar con cierta virulencia en la formación de ciclones tropicales. Si bien el pasado junio remataba su existencia con la formación del primer huracán en el Atlántico Norte, hoy mismo los diarios de medio mundo abrirán sus crónicas de sucesos con las dramáticas consecuencias tras el paso del tifón Neoguri por el sur japonés. Un extraordinario bicho, que aunque haya ido perdiendo fuelle en su traslación hasta el Japón, por dimensiones, estructura e intensidad de vientos, ha alcanzado con todo mérito la categoría 4 de 5 en la Escala de Saffir-Simpson.

Para los meteo-trastornados de este oscuro rincón del mundo, según nos vamos adentrando en el verano, a parte de la entretenida e improductiva afición del rascamiento de huevos, encontramos que para saciar nuestra sed meteorológica del erial veraniego peninsular, oteamos horizontes algo más lejanos en busca de emociones. De chicos, entre los ochenta y los noventa, ya notábamos que algo no nos funcionaba del todo bien cuando en las modorrosas tardes de julio, las que perdíamos viendo los 5 Tours de Indurain, envidiábamos más los frescos primaverales que parecía haber por los Alpes antes que el sudoroso esfuerzo de los más de 150 que montaña arriba montaña abajo le daban vueltas a Gabacholandia.

Afortunadamente, tras haber sobrevivido más o menos decentemente al efecto 2000, y la invasión de la cosa del internet hasta el fondo mismo de nuestros higadillos, las posibilidades por envidiar los frescos de otros lares se multiplicaba prácticamente hasta el infinito. Hoy día, la tecnología nos permite acercarnos a las tragedias ciclónicas del Pacífico a golpe de click con la mano derecha mientras con la izquierda nos ciscamos la entrepierna.

Lean entre líneas. El verano ha llegado, ha llegado para quedarse. Los aficionados a la meteo, a la espera de las tradicionales coliflores que quieran crecer por el Reino mediando agosto, nos aferramos ya a la meteo trans-fronteriza en vista de la disposición isobárica que tenemos por el Atlántico Norte. El de Azores ya ha decidido ejercer de poderoso muro isobárico, metiéndonos poco a poco la dorsal sahariana sobre el sur peninsular, mandándonos la iso +20º, la que sirve de límite entre el sueño y el insomnio, hasta la vertical de Sierra Morena.

Una costumbre, la del pasar calor, que quiere ya imponerse como tónica general, devolviendo a esta tierra lo que siempre es en verano, un lugar del que escapar. Y mientras, en este paseo por el infierno, tendremos que seguir contentándonos con las alegrías y desgracias meteorológicas del resto del Mundo, siempre y cuando nuestro amado y odiado azoriano no tenga a bien ofrecernos otras distracciones más locales.

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Publicado el
9 de julio de 2014 - 08:00 h
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