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Cuando el coco es el padre

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Juan Velasco

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El titular que precede a este texto no es mío. Es robado. Es el titular de un texto de hace un año de Susana Machargo en La Voz de Asturias. Tengo otro magnífico: “Cuando los monstruos son los padres”. Es de María Antonia Sánchez-Vallejo en El País en mayo de 2008.

Tengo la impresión de que estos dos textos hoy se censurarían en Córdoba, del mismo modo que el pasado martes se retiró una campaña contra la violencia machista que tenía por eslogan “De mayor no quiero ser como papá”.

Yo andaba de descanso, pero todavía me dura la incredulidad por ver que, en apenas unas horas, ya se había sentenciado de muerte a una estrategia que, según diversos expertos en comunicación y publicidad, cumplía con su objetivo, que no era otro que generar debate sobre los efectos del maltrato y la violencia machista en los más vulnerables, los niños.

Lamentablemente, no ha habido tiempo para el debate. La campaña, con aciertos o errores -como todas- probablemente nació muerta. Y su prematura retirada no ha permitido ni que se reflexione sobre su contenido.

De todo lo que me contaron este miércoles los expertos en comunicación y publicidad sobre esta campaña, lo más triste es la certeza de que hace 5 años nadie se habría escandalizado por ella. Y esto es una victoria incontestable de quienes no suscriben pactos contra la violencia machista y quienes llevan enturbiando el debate en torno a este problema, agitando sus altavoces y gritando sus proclamas mientras las estadísticas siguen sumando víctimas.

Lo sorprendente de su victoria, en este caso, es que ha sido total. No ha habido resistencia alguna. No ha habido reflexión. Creo que, si en vez de escuchar a influencers de guardia, a la iglesia -que no pinta nada en este asunto- y a partidos con intereses políticos, se le hubiera dado una oportunidad a la campaña, quizá estaríamos discutiendo hoy por qué hay menores que repiten patrones de violencia vistos en casa.

Y afortunadamente, la mayoría de los menores expuestos a la violencia no la ejercen. Pero el 77% la sufren directamente en su piel. Y espero que los niños que la reproducen y los que la sufren nunca quieran ser como su papá, que es, en la inmensa mayoría de los casos, el que la ejerce en el entorno familiar.

Y quien quiera debatir del tema tiene bibliografía de sobra. El resto, siempre puede escandalizarse en redes sociales.

Todo esto lo digo como hijo. No soy padre. Pero soy hijo de mi padre. Y mi padre fue hijo de su tiempo. Y, admiro y quiero a ese hombre en muchos aspectos.

Pero es que, además, estoy seguro de que, donde quiera que esté, mi padre estará orgulloso de que su hijo diga que de mayor no ha sido como papá.

El vídeo que encabeza este artículo es de una campaña de 2015 de CARE Norway para concienciar respecto de la violencia que sufren las mujeres

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