La moneda de la Transición

En unos días estaremos celebrando el cuarenta aniversario de nuestra sacrosanta Constitución, la guinda de esa tarta a la que llamamos "Transición".

Oficialmente seguro que se hará con la pompa y el boato de este tipo de fastos: cuatro reyes en el congreso, discursos de reconciliación, los "padres de la constitución" que quedan vivos sentados en un lugar principalísimo, veremos el cuadro "El abrazo", de Juan Genovés tropecientas veces, habrá documentales preciosos, escucharemos la voz de Victoria Prego-que-todo-lo-sabe, en 13Tv habrá tertulias sobre el asunto que servirán de excusa para zurrar a separatistas, populistas y demás "artistas", etc.

En fin, lo previsto.

Lo que preveo poco –o nada- es que en estos días se recuerde a las personas que fueron asesinadas por la policía, la guardia civil, los guerrilleros de Cristo Rey o Fuerza Nueva mientras Manuel Fraga (la calle era suya) o Rodolfo Martín Villa eran ministros de gobernación.

No se hablará de los trabajadores muertos de la asamblea de Vitoria, el que murió en los San Fermines del 78, el estudiante canario que recibió un disparo en una manifestación en La Laguna, los torturados hasta la muerte del caso Almería, tres tipos que iban a una primera comunión y unos "listos" confundieron con etarras, y muchos más silenciados en comisarías y juzgados mientras este magnífico país caminaba "admirablemente" hacia la Democracia y se convertía en un ejemplo internacional de concordia y reconciliación.

Y Manuel José Caparrós asesinado en Málaga por la policía en la manifestación del 4-D de 1977 por el Estatuto de Autonomía Andaluza.

No creo que de eso se hable en los discursos oficiales que se van a pronunciar esos días, me temo que no. Y es posible que las teles nos ofrezcan planos del senil siniestro Martín Villa luciendo su medalla del Congreso.

La moneda de la Transición tiene dos caras y no debe caer de canto.

Cuando hoy deposite mi voto en la urna estará conmigo la memoria de Caparrós y la lucha de su familia por que se haga justicia.

Y no debería ser así. Hoy, al votar, solo debería estar en mi cabeza la caña que me voy a tomar después.

Y la esperanza.

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2 de diciembre de 2018 - 02:00 h
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