Filosofía pop

Cito de memoria –y muy posiblemente en toda cita y en toda memoria hay intención-, pero creo recordar, digamos, dos cosmovisiones: de una aprendí que "al principio era el Caos; luego llegó el Logos".

Otra decía básicamente lo contrario: "…Y el Verbo (Logos) se hizo Carne".

El choque entre una y otra es ya en sí algo caótico. Pero no creo que esto sea intrínsicamente malo o negativo. De hecho, también he sido (mal)educado en la idea de que en el Caos no hay error. "¿Y si fuera…?", decía Rafaella Carrá en uno de sus programas televisivos.

Luego llegó la Ciencia Ficción y sus bucles del tiempo y del espacio, una nueva teología de máquinas y superpoderes que matizó de nuevo nuestra cosmovisión. Carl Sagan dijo que éramos "polvo de estrellas" y Jorge Drexler le robó la frase para un verso con acento rioplatense. Y eso era amor.

Hubo un tiempo, creo recordar –y en toda memoria hay intención, repito-, en que España se decidió por el caos. Lo hizo siguiendo un sistema –una convención- que todos aceptaron. Apriorísticamente.

Y, a pesar del habitual apocalipsis detonado por los defensores del Verbo primigenio, la cosa no estuvo mal; porque, tal vez, ese Caos devino irremediablemente en Logos. Pudo ser así. O no.

Eso ocurrió en la semana en que Ziggy Stardust (polvo de estrellas) se fue.

Y no hubo nada.

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17 de enero de 2016 - 02:00 h