Bienaventurados

Bienaventurados sean los hermanos cofrades que sacan de paseo a sus muñecos para pasmo de viandantes locales y foráneos, porque creen que su cielo olerá a incienso, nardo y panteón.

Bienaventurado sean el obispo y su responsable de finanzas, porque su reino es de esta tierra y lo demuestran convocando a más gente en la calle que dos sindicatos.

Bienaventurado sea también el responsable municipal de movilidad por tener una mano izquierda y otra derecha, y un barco en el centro para navegar en aguas turbulentas.

Bienaventurado también el hostelero que pide y recibe, que pide y recibe y que insiste: pide y recibe.

Bienaventurados sean también los abonados y abonadas del Córdoba

C.F. porque saben dónde está Villarrubia de los Ojos. Ya saben geografía. Hay vida más allá de la parcela.

Bienaventurado sea el pueblo español por no tener gobierno y por tener un bar a cada cuatro pasos para poder hablar del gobierno.

Bienaventurados sean los camélidos que en sus gibas o riñoneras transportan sustancias que nos hacen más fácil soportar las circunstancias. Bienaventurados también los teléfonos móviles y quienes administran sus agendas.

Bienaventurado el que ve el atardecer en la playa porque es mentira: "el sol no se mueve, eres tú", le dijeron. Y se lo cree.

Bienaventurado sea el carnicero de la esquina cuando ve que el barrio se ha vuelto vegano y lleva una bata blanca manchada de sangre.

Bienaventurado sea también el doctor que también lleva la bata manchada y te da un abrazo en la sala de espera.

Bienaventurado sea Serrat por todo, y porque nos recuerda que "de vez en cuando la vida nos besa en la boca (…) saca un conejo de la vieja chistera y uno es feliz como el niño que sale de la escuela".

Bienaventurado sea ese "de vez en cuando".

https://youtu.be/7x4sShxhE38

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Publicado el
7 de septiembre de 2019 - 20:10 h
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