Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Un auténtico sinD10S

Un auténtico sinD10S

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Hace ahora un año murió el Diego y volvió a resucitar Maradona. Y hasta aquí, de momento.

Acepto que Maradona se comió al Diego –o se lo metió por la nariz, quien sabe-.

Un año de la muerte del Diego es mucho, sobre todo para la familia, allegados o el marronero equipo asistente que se lo encontró sin vida.

Sin embargo, un año sin Maradona no es nada en el decurso del tiempo en este planeta. Desde el Vesubio a la Isla de La Palma. Desde Villa Fiorito al desierto árabe.

No descarto que subasten su sudario con el que se arropó por última vez su cuerpo apalizado.

El gol al Estrella Roja. Aquel calentamiento una vez que mi padre me llevó a verlo al Sánchez Pizjuán. El gol al Madrid hundiendo a Juan José en el poste. La camiseta que me trajo Rafa desde Nápoles (el extraño porqué de no haber ido aún a Nápoles). El balón de cuero real que me trajo desde Argentina mi padre con los colores del Boca. La posibilidad, nunca explicada, de tener familia en Argentina, en Mendoza, con viñedos. La camiseta Meyba del Barça (que me queda ahora pequeña, pero no muy pequeña).

La patada de Goicoechea. El marcaje segador de Gentile. La hepatitis.

Los camellos y los buitres.

El Sur ganando al Norte.

El gol a Grecia, la carrera hacia la cámara, la expulsión del Mundial. El cartel a las puertas de una clínica: “Jesús cuidá de vuestro Viejo”.

Las Malvinas. El Estadio Azteca. Los altares. El pop, la religión (¿Qué diferencia hay?).

El corazón a la izquierda. El golpeo también.

Los buitres, los camellos…

I am large, I contain multitudes, cantó Whalt Whithman.

Me gustaría contaros que una vez coincidí con Maradona aquí en Córdoba, en los Baños Árabes. Vino de incógnito –si eso fuera posible para Maradona-. Me dijo: “sabé pibe, estas aguas son rebuenas para mis tobillos machacados y para mi columna que lleva soportando el peso del orbe desde hace mucho tiempo”.

Os lo diría; pero os estaría mintiendo. Y ya no tengo edad para mentir.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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