Mis animales cercanos 3: la libélula
En la tercera planta del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), dedicada al diseño y la arquitectura, ocupando el hueco de la escalera, está colgado un helicóptero. Lo sé porque lo he visto (digo esto último porque en ciertos círculos tengo la maltraída fama de que me invento las cosas).
El cacharro, realmente curioso, es un diseño del ingeniero aeronáutico Arthur Young y está registrado industrialmente con fecha de 1945 y con el nombre de “Bell-47D1 Helicopter”. Según la ficha del museo, es una obra realizada en aluminio, acero y plástico acrílico con unas medidas de 281.3 x 302 x 1271.9 cm.
Ese trasto merece su canonización en el Museo de Arte Moderno de Nueva York por un motivo tan simple como inédito en su época: su cabina de mando está hecha de una sola pieza de plástico, así el piloto puede mirar a su alrededor desde prácticamente cualquier ángulo. Además, su cola tiene vanos y espacios abiertos entre las rejas de metal y lo hace muy ligero y versátil en vuelo.
Me he acordado de él viendo una libélula aterrizando levemente en el borde de la piscina y elevando el vuelo inmediatamente después impulsada por sus alas horizontales (como las de un helicóptero). Con esas alas, que son cuatro, puede desplazarse también en vertical y puede suspenderse en el aire como un helicóptero de rescate.
¡Y copulan en pleno vuelo! Vaya; unidos macho y hembra por el abdomen en una suerte de danza giratoria y, cuando terminan, se posan por separado junto al agua, al sol, sobre una piedra, para extender las alas y recargar energía.
Es un insecto hermoso (y esto lo digo yo, que soy un cagón para casi todo bicho y para muchas personas) y hay que reconocerlo así: no transmite enfermedades a los humanos, no pica, no afecta a cultivos y mantiene a raya a mosquitos y moscas pequeñas porque es su predador.
Me pregunto por qué al dormir sueño a veces con ruidosos helicópteros cargados de munición cruzando sobre mi cabeza en la trinchera y nunca con las libélulas de silencio que se posaban al borde de la alberca de mis abuelos en el pueblo cuando todos éramos chicos.
No soy el dueño de mis sueños, claro. Maldita sea.
Eso es una putada.
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
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