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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

El regalito

El revólver que Turquía regaló al primer ministro húngaro, Peter Magyar.

Juan José Fernández Palomo

11 de julio de 2026 19:43 h

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Es muy difícil regalar algo y “acertar”. Lo sé por experiencia. Sobre todo cuando hacer un regalo se convierte en obligación y llevas tropecientas veces cumpliendo con esa “obligación”, con lo que ya ha perdido toda capacidad de sorpresa, de agradecimiento, de reconocimiento o de gratitud.

Es más; ya estoy seguro de que la verdadera generosidad está más en aceptar un regalo con amplia sonrisa que en regalar algo “a ver qué cara pone el agasajado”.

De hecho, en esas convenciones humanas pesadas y repetitivas como las onomásticas, los cumpleaños, los “amigos invisibles”, los reyes o las fiestas de guardar, el personal objeto del regalo por enésima vez pone la peor cara de sorpresa y alegría de parvulitos de arte dramático cuando lo que realmente le preocupa es que no se hayan olvidado de incluir el “ticket regalo” para la inminente devolución (ya en privado y sin tener que forzar la sonrisa y sin hacer aspaviento alguno).

A Pedro Sánchez le han regalado un revólver. Bueno, no sólo a él. El anfitrión de la última cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, sorprendió a sus invitados con un presente, digamos, poco usual en estos tiempos: un revolver personalizado con el nombre de cada uno de ellos grabado en el cañón más seis balas para rellenar su tambor, todo ello en un precioso estuche.

Es un producto nacional, no sé si típico, porque el arma es una Gümüsay 357 Magnum fabricada por la empresa nacional de armas turca MKE que se parece mucho a un Colt Python estadounidense.

Es muy bonita, con acabado bruñido y debe servir tanto para defensa y protección como para ser coleccionada (no son usos excluyentes). Servirá también para ataque, supongo, que no es más que el reverso de la “defensa”, un simple cambio de dirección en las intenciones. Lo normal.

Pedro Sánchez ha entregado el regalito al Ministerio del Interior “que será el encargado de inutilizarlo para a continuación ser inventariado y almacenarlo”, cuentan desde el gobierno. Creo que luego pasará a formar parte del Patrimonio Nacional, como otros regalos diplomáticos (menos algunas joyas o vehículos o pequeños yates o cosas que se hayan despistado un poco). Si eso es así, esa delicia turca de fuego será un poco de todos y todas, un poco mía.

Porque así lo ha querido Pedro Sánchez, en vez de guardar el regalito en una caja fuerte o de cedérselo a su esposa para que lo lleve en el bolso. Descargado, eso sí; sólo por la sensación de seguridad si se le aparece Vito Quiles u otro petardo parecido.

Sánchez debió pedir el “ticket regalo” a ver si Erdogan le pone la misma cara que a mi cuñá en su cumpleaños.

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