Solsticio
Ha llegado el verano astronómico otra vez. La Tierra, que dejó hace mucho tiempo de ser plana (lo juro), sigue girando alrededor del Sol y en estos días, el astro rey estará mucho tiempo presente entre nosotros.
El sol es siempre despiadado e intentar vencerlo es el mayor pecado de los hombres. Ese astro implacable arrasa los pastos, asesina ancianos, niños y palomas, hace crepitar las alas de los osados, provoca ciclones tropicales y desplaza los bancos de peces a su antojo.
Por eso en verano, los mortales simples se extasían observando como se esconde tras el mar. Ver atardeceres desde un chiringuito mientras suena música de mierda es el pasatiempo favorito del panoli estival.
Sin embargo, no saben o no quieren saber que el verdadero milagro, lo que realmente nos hace inmortales, es el milagro del amanecer, cuando el primer rayo ilumina la lámina del mar que hasta ese momento era petroleo puro.
Este verano, un día tendrá dos noches. O “sufrirá” dos noches, cabría decir. Habrá un eclipse. Eso será tomado como una señal y los hombres inventarán un porqué y poco después se olvidarán de él. Así ha sido siempre.
El sol es el balón encendido que golpean los pies desnudos del niño que juega entre los escombros.
Vuelve el verano y aún no hemos apagado la hoguera del anterior.
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
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