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Sobre este blog

Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

Malas buenísimas

Malas buenísimas

Ana Fernández

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De mala en mala y tiro porque me toca. “Clac, clac, clac”, suena el dado.

Todavía literariamente borracha de zambullirme en los corazones fieros, tiernos, maternales de las mujeres trans de Las Malas, de Camila Sosa, me hallo hambrienta de más palabras escritas por otras malas buenísimas como Alana S. Portero y Elena Medel. 

Aterrizo en la casilla 1. La novela de la escritora, dramaturga, poeta, guionista Alana S. Portero La mala costumbre me dejó esa sensación de plenitud estética y corazón esponjado que cuando la descubres no quieres otra cosa que libros que te vuelen la cabeza y te lleguen hondo al pecho; que arrastran, en fin, a la placentera resaca que causa abusar de la literatura.

Por esto, voy contando los días que puedan faltar hasta tener en los brazos el bebé-libro que para mí será la nueva obra de narrativa de Alana S. Portero, Cosamala, una novela “gótica y lorquiana que convierte un crimen real de la guerra civil en una historia de brujas”.

La reseña de la editorial Seix Barral avanza así su contenido: “Andalucía, 1937. La columna Carranza, formada por caballistas, toreros, falangistas, terratenientes y guardias civiles, avanza por la sierra norte de Sevilla subyugando todo a su paso y empachando la tierra de sangre, como la muerte cabalgando por los campos. Un grupo de mujeres, esposas, madres y vecinas de huidos y perseguidos se inician en el lenguaje oscuro como forma de resistencia y forman un aquelarre con el objetivo de devolver la vida a un país infértil con la ayuda de sus muertos y fantasmas”.

Cosamala se nutre de elementos del horror y del folclore para levantar “una mitología femenina propia de venganza, amor y muerte”. Alana S. Portero rinde homenaje “a todas las mujeres asesinadas por entender el territorio como un manantial de sabiduría”. 

Casilla 2. La escritora, novelista, poeta, ensayista y editora Elena Medel disecciona el mal generalizado, global y provinciano, que, en ocasiones (las matizaciones prudentes son algo más mías), constituyen las redes de fraternidad mediocre, enchufista, nepotista, etc. que se tejen en lugares como una universidad y otros. Lo hace a través de su nueva novela, de muy próxima publicación, Todos mis pecados y la mitad de mi dolor (Seix Barral).

Sigo en la partida. La caja de mi particular juego de mesa contiene una colección de cartas ganadoras, muy poderosas, que representan a las mujeres rebeldes, pioneras y hermanas en el feminismo; son por ello pasaportes infalibles a la hora de poder escapar de casillas tituladas “Ideas basura”, “Regresión” o “Represión”, simbolizadas con oscuros pozos y profundas mazmorras. 

Así, a poco que se baraje, aparecen figuras que iluminan una vía de reconfortantes placeres que me vuelven más robusta y feliz gracias a novelas, podcast o ensayos que estimulan la mente y nos recuerdan lo libres que somos para elegir camino, carretera, manta, compañía. Están ahí podcast como Punzadas sonoras, Amiga date cuenta, Ciberlocutorio, el perfil de Alicia Álvarez Vaquero, renovadora de los medios a través de El bloque, televisión musical para YouTube, y de radio Primavera Sound, y autora del ensayo De comida familiar, de mirada crítica a la familia, que, a veces, es raíz de autosabotajes de personales.

Ahora, rebusco entre las tarjetas-carta y afloran Nerea Abreu, autora de Panza de burro y Pajaritos preñados; la antología Las modernistas. Seis poetas latinoamericanas; Mercè Rododera con La muerte y la primavera; Annie Ernaux, con Pura pasión; Ana Müshell en Maldita Alejandra. Una metamorfosis con Alejandra Pizarnik; Silvia Plath y La campana de cristal; Beloved, de Toni Morrison; Bajo la red, de Iris Murdoch, Miranda July, con A cuatro patas; Anaïs Nin, en Delta de Venus; Eva Baltasar en Ocaso y fascinación; Esther García Llovet con Las jefas; Rosario Villajos, su Cortarse el cabello, y más malas malísimas que cantan, que componen, que escriben, que actúan, que dirigen películas, que monologan, que hacen lo que les place sin pedir permiso. 

Ser malas. ¿No era eso el arte y la obligación primera de darnos la vida madre?

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Crecí en los 70 bajo la influencia de la Señorita Pepis, un set de maquillaje para niñas del que arranca un amor interminable por el rojo de labios y el khol enmarcando la mirada. Las tendencias y la moda, la cosmética y el sublime arte del perfume me interesan con una pasión que solamente los adictos sabemos reconocer. Y sí, somos cientos de miles de personas -por cierto, muy distintas en edad y características sociales- para quienes la moda es una motivación, un bálsamo, un acicate, un exquisito pasatiempo. Ahora que Internet y las redes sociales han incendiado el mundo con la revolución fashionista, por qué no echar más leña al fuego desde las páginas de CORDÓPOLIS.

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